APUNTES SOBRE LA REALIDAD NACIONAL

 

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Breves

Transitamos un año especialmente intenso. No sólo se ha iniciado el proceso electoral que culminará en octubre cuando se elegirá al nuevo Presidente, sino que esta vez se pone en juego algo más que un cambio de gobierno.

Vivimos un momento histórico luego de más de una década en la que se han producido conmociones sustanciales en la vida argentina. Observamos una sociedad dividida y una confrontación interna basada en opiniones, discursos contradictorios y evaluaciones irreconciliables sobre el período que culmina.

Más allá de los desajustes macroeconómicos, los nuevos conflictos sociales y los desafíos generados por las trasformaciones del mundo, existen profundas diferencias en la dirigencia sobre cómo diagnosticar y situarse políticamente frente a los problemas. Cómo mirar, reflexionar y organizar un programa común que permita la mínima cohesión para gobernar el país y comprender el nuevo tiempo que enfrentamos.

El Grupo Ayacucho, propuso desde el comienzo, trabajar fuertemente sobre el valor de la pluralidad, procurando alcanzar la unidad en la diversidad y la plena libertad para pensar. Nos planteamos el compromiso de rechazar todo tipo de fundamentalismo y de dogmática, comenzando desde nosotros mismos, y extendiéndolo como principio central hacia el conjunto.
En este contexto no podíamos eludir la realidad ni dejar de pronunciarnos sobre el particular momento de la vida nacional.

Desde esta perspectiva es que comenzamos a publicar una serie de trabajos sobre la situación del país presentando un texto general sobre la actualidad y editando distintas reflexiones que contribuirán a enriquecer el punto de vista colectivo.

El tiempo que nos toca es demasiado complejo como para aferrarnos a lugares comunes, personalismos y consensos ocasionales.

Este esfuerzo se basa en la convicción de todos sus integrantes de que todavía es posible escuchar al otro, coexistir con las diferencias, aprender de los disensos, y simultáneamente, conservar la propia identidad como su síntesis superadora.

Primeras Reflexiones

-Una de las características que llaman la atención del actual gobierno es su capacidad de resistir y recuperarse de las adversidades políticas que sobrelleva y que padecemos los argentinos. Cuando creemos que se aproxima el final de ciclo y que el poder comenzará a disolverse, repentinamente vuelve con fuerza su liderazgo, recupera la iniciativa, ocupa el centro de la escena y emerge otra vez la figura presidencial como protagonista excluyente de la política.

-Es que la única y poderosa ideología del peronismo es el poder y en eso coincide lamentablemente la oposición. Sólo el poder se discute en la Argentina. Los programas que estimularían a la sociedad a pensar y a tomar decisiones equilibradas, no existen.
Los partidos políticos ingresaron desde la crisis del 2001 en un abismo que difícilmente pueda ser remontado. Se registra que en cambio de elaborar propuestas sensatas, principios morales básicos y políticas de estado que convocarían a un amplio conjunto de voluntades, se reiteran los personalismos que buscan liderar “espacios”- un eufemismo que reemplaza a las organizaciones políticas estructuradas- compitiendo entre sí para integrarse en alianzas y coaliciones circunstanciales.

-El oficialismo continúa sin embargo a toda marcha. Lejos de sufrir el desgaste natural, luego de 12 años ininterrumpidos de ejercicio, despliega plenamente sus facultades a pesar de todo. Gestiona, insiste en su discurso, propone candidaturas, desconcierta a los adversarios y enfrenta la realidad sin ninguna clase de complejos.

-Una de las preguntas más interesantes que se consultan entre los analistas y estudiosos de la política es la “resiliencia” de la figura presidencial y de su denominado “proyecto”. Como se sabe el concepto de resiliencia ha sido extrapolado de la Física a las Ciencias Sociales e indica la capacidad de resistir o adaptarse de manera flexible a las presiones. Según los últimos estudios de las principales consultoras de opinión pública, la Presidenta porta entre el 40 y el 45% de imagen positiva entre los argentinos, y su proyecto podría alcanzar no menos del 30% de los votos electorales, lo cual es francamente inexplicable si uno mira su performance y sus resultados de los últimos años.

-Es muy probable que la subsistencia de su liderazgo se deba en principio, a la victoria simbólica del relato. Una narrativa que contiene parte de la memoria histórica de los últimos 70 años y que incluye entre otras cosas, el peronismo, la izquierda nacional, la cultura popular, el revisionismo histórico, la autonomía económica, el antiimperialismo, y el carisma de los caudillos que abundaron en nuestras tradiciones. Esa construcción ha producido en la dirigencia, los intelectuales y en las capas medias urbanas una grieta, como suele afirmarse. Este hecho lo reflejan profusamente los medios, los comunicadores, los políticos e inclusive la percepción internacional sobre la Argentina.

-Sin embargo no es lo único. El gobierno-kirchnerista-peronista-para utilizar una categoría que lo nomine-, ha institucionalizado los subsidios económicos, aumentado los planes sociales y manipulado discrecionalmente el gasto público. Su énfasis discursivo y su energía política se ha dirigido hacia los sectores vulnerables del país, de tal manera, que ha convertido a esa masa en un conjunto homogéneo y clientelar que le responde incondicionalmente. ¿Cómo se explicaría sino que su núcleo duro alcance todavía, un importante número de adhesiones en el electorado argentino?

-Esta tecnología política ha resultado efectiva. En los casi ocho años de gobierno de la Presidenta más cuatro iniciales de Néstor Kirchner, se ha consolidado no sólo una mitología respecto del bienestar y mejoramiento de las condiciones sociales, sino que su creencia implantada por su propaganda se ha transformado en dogma de fe, y en una verdad que no puede ser confrontada.

-Este análisis no ignora que haya habido progresos en diversos campos. Doce años es un tiempo suficiente para que no todo lo que se ha hecho sea negado o destinado a su destrucción. El hostigamiento de ciertos sectores recalcitrantes en rechazar in totum algunos logros del kirchnerismo no ha hecho más que fortalecerlo. Y el ataque personalizado a la estética, a las formas y a los estilos subjetivos carece de efectos prácticos en términos políticos reales.

-De lo que se trata es de la superación del proceso kirchnerista por un proceso nuevo que pueda integrar aquello que sea evaluado positivamente. Elaborar un programa común que subsuma los egos a los principios y las ambiciones a los proyectos. ¿Hay que reconstruir la confianza en la palabra pública para que los mensajes alcancen verosimilitud en la sociedad? Sin duda alguna. ¿Hacer funcionar las instituciones republicanas en plenitud atenuando el presidencialismo autoritario y verticalista que caracteriza a nuestro país? ¿Proponer un programa gradualista que corrija las profundas distorsiones macroeconómicas existentes? ¿Modificar el descalabro energético, la arbitrariedad estatal, la intervención voluntarista? ¿Encarar de una vez por todas el mal nacional de la corrupción? Son preguntas retóricas que pueden indicar la dirección de la política próxima.

-Insistiendo en alianzas imposibles, compitiendo por el puro poder entre líderes cuyo volumen político no alcanza todavía a perfilarse, es un error grave. Subestimar al oficialismo es también un acto de pura soberbia. El gobierno conserva su poder y su capacidad de daño. Además, se aseguró para la próxima campaña electoral el protagonismo de la presidenta como eje fundamental de su discurso electoral, a pesar de que uno de los problemas que enfrenta su liderazgo es la inexistencia de una sucesión capaz de expresar plenamente la continuidad de su proyecto.

-La oposición por su parte necesita ponerse de pie, y construir otro relato que pueda enamorar de alguna manera a la sociedad independiente. Según los últimos estudios serios, hay más de un 60% de los electores que quisieran un cambio, que están cansados de las reprimendas televisivas, de la imposición de flagrantes mentiras públicas, del fundamentalismo lingüístico presidencial y de la proclamación de su verdad como absoluta. Pero tampoco ese amplio sector del país está dispuesto a jugar su precaria o razonable estabilidad económica a una aventura. Los políticos que se oponen-con toda razón-a los desvaríos oficialistas, deben ser capaces de contener esa complejidad en un programa serio de gobierno y luego, sólo después, encarar alianzas electorales. La palabra “alianza” tiene en la Argentina una connotación dramática.

-En síntesis: un panorama demasiado volátil como para pronosticar en este momento un desenlace. Pero un par de cosas parecen irrefutables: existe un gobierno con vocación de poder, con fuerte liderazgo y cuantiosos recursos disponibles. Y una oposición que si ambiciona realmente la victoria y pretende superar una época, promoviendo una nueva cultura política y una mejor calidad institucional, deberá ajustar su discurso con las expectativas de la sociedad, haciendo un fino equilibrio entre sus deseos y las realidades existentes, evitando extremos y colocándose en el lugar perdido de la sensatez, la prudencia y la búsqueda de la integración social del país.

Si no se lograra, tanto las elecciones como la pretensión de cambio, podrían verse frustradas, dilapidando, a causa del famoso egocentrismo argentino, o por la inclinación a los extremos, una nueva oportunidad histórica. Pero a diferencia de otras veces, esta vez la grieta se profundizará, aumentará peligrosamente la desesperanza y será inevitable la devaluación de la política y la cada vez menor valoración de la democracia.

4 pensamientos en “APUNTES SOBRE LA REALIDAD NACIONAL”

  1. Felicitaciones al Grupo Ayacucho por el trabajo crítico e inteligente sobre la realidad argentina. En relación al comentario del Sr. Mujica, se proponen algunas sugerencias: una lectura más atenta del texto, ejercitar la la virtud de la sutileza, y mantener, si fuera posible, la perspectiva imprescindible para lograr una mirada objetiva de la realidad. Tales esfuerzos contribuirían a mejorar el nivel de los debates políticos del país, notoriamente pobres. Cavallismo, medios hegemónicos y variados neoliberales deberían participar y seguramente el kirchnerismo no debiera estar ausente.Sería una manera de elevar el nivel de la discusión e imaginar un mejor futuro. Estoy seguro de que el Grupo valorará mi modesta propuesta.
    Un saludo.

  2. Estimado, leer este texto y cualquier comentario de La Nación o Clarín es lo mismo; Hay una serie de lugares comunes en las oraciones y frases, que demuestra que a los sectores de centro o centro derecha no tiene propuestas superadores a lo que presenta el Gobierno. Y por esto la gente no acompaña. La oposición habla de ajustes, y todavía no sé escuchó hablar de cómo piensan bajar la desocupación del 6,9% al 3,5%. Difícil que una mayoría acompañe a los personeros del endeudamiento crónico (los sturzzeneger, los cavallo, los melconian, incluso los mismos que destruyeron la escuela pública y la ciencia nacional), entonces nadie quiere votar o cambiar por el infierno.
    Estimado, analizar el peronismos-kirchnerismo se requiere tener datos concretos, analizarlos social y políticamente y tener perspectiva del país más allá de la General Paz. Hacer un análisis con las frases hechas construidas por opinólogos que anticipan fin de ciclo desde hace doce años, lo único que resulta es un texto pobre.
    Un abrazo grande; Enrique Octavio Mujica

    1. Realmente agradezco el artículo, porque es el mejor y más acertado análisis que he leído sobre el tema.
      Lamentablemente, no creo que sea fácil corregir las razones que mantienen este estado de manejos y llevará
      mucho tiempo, esfuerzo y dificultades lograr el cambio, mientras tengamos los mismos políticos, tanto sean
      oficialistas como opositores.

    2. Realmente coincido en un todo,que los destructores de la ciencia y la cultura en aras de un capitalismo salvaje como cavallo (con minusculas) sigan caminando libremente por la calle es inadmisible

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