VOTAR, ENTRE LA INFANCIA Y LA ADULTEZ

 

Uno de los primeros interrogantes planteados con respecto al voto en las elecciones libres de los elencos de gobiernos democráticos, es el de su EXTENSIÓN.

¿A quiénes se habilita para participar electoralmente en cada momento histórico?

Sexo, lugar de nacimiento, deficiencias físicas o intelectuales,  nivel de instrucción, patrimonio, relación de dependencia militar o religiosa,  grupo étnico,  situación penal y edad, son algunos de los muchos criterios históricos de restricción, aplicados al sufragio.

La Ley 140, del año 1857, marca un origen de los regímenes electorales. Con nuestra mirada anclada en el siglo XXI, juzgaríamos a esa legislación como:

  • Deficiente
  • Discriminatoria
  • Manipuladora y
  • Violenta

Pero así se rigieron nuestros destinos electorales durante más de 50 años.

En 1912, la llamada  ley Sáenz Peña, la Nº 8.871, fijó el voto obligatorio, secreto, masculino, para nativos y mayores de 18 años.

Treinta y cinco años después, en 1947, se sanciona la ley llamada del Voto Femenino, Nº 13.010, que otorga a las mujeres argentinas los mismos derechos políticos y exige las mismas obligaciones acordadas e impuestas  a los varones argentinos.

La mujer argentina obtiene su status de sujeto político de la República.

 

 

Existe un antecedente feminista enla Provinciade San Juan en 1864. Siendo gobernador Domingo Sarmiento, por ley provincial votan las mujeres en elecciones municipales. En 1927, se incorpora enla Constituciónsanjuanina su derecho a participar en elecciones provinciales.

Ese voto femenino se fue transformando en un objetivo principal de las mujeres y de los hombres argentinos que militaban  políticamente desde fines  del siglo XIX.

La incorporación del padrón femenino nacional fue la consecuencia buscada:

  • de un trabajoso proceso de evolución política,
  • de una toma de responsabilidad en el manejo de lo público y
  • de una ardua tarea de los movimientos y líderes feministas, iniciada enla Europadel siglo XIX.

En relación con los candentes proyectos legislativos de incluir la importante población joven de 16 y 17 años a los padrones electorales, es extemporáneo argumentar racionalmente en su contra dentro un ámbito republicano. Y ello porque la intención declarada de los proyectos es:

  • profundizar las bases de la participación política de la sociedad argentina y
  • ofrecer a miles de jóvenes, la oportunidad de ejercer la plenitud de sus roles ciudadanos.

En nuestro ambiente político – crispado e inmaduro -, los ciudadanos adultos nos dividimos en torno a un o a un NO, con convicciones tan efímeras como cualquier berrinche adolescente.

Expongamos por partes la complejidad del tema:

  • los 16 y 17 años forman parte de una etapa adolescente, con  especiales características psicológicas, económicas y de comportamiento.
  • la adolescencia es una “edad cultural”. Las exigencias, los derechos y las expectativas que cada grupo adulto tiene de esos jóvenes -entre los 13 y los 20 años- depende de un sinnúmero de variables en cada época y lugar.
  • la antropóloga estadounidense Margaret Mead (1901-1978) confirmó en sus estudios sobre adolescencia, sexo y cultura, que hay comunidades donde esa edad cultural no existe: de la infancia se pasa a la adultez, a través de algunos ritos de pasaje. Esa edad que tiene que ver con lo que algunos autores denominan “sexualidad de espera”, es un artificio de nuestra cultura occidental contemporánea. Edad que por diversos motivos, se continúa extendiendo en el tiempo y puede llegar hasta más allá de los 30 años.
  • La captación ideológica de esta franja de edad, exige una modernización en las estrategias electorales. Debemos poner al día los discursos, las opciones, las respuestas a miles de preguntas adolescentes. Escasos partidos políticos lo saben. La mayoría de sus líderes atrasan varias décadas en sus propuestas y en sus argumentaciones. No satisfacen las dudas ni los temores adolescentes.
  • Nuestros jóvenes están viviendo momentos de vulnerabilidad extrema: maternidad no querida, acceso inducido a drogas destructivas, desesperanza laboral…

Ciertas agrupaciones convocantes, llegan hasta ellos brindándoles más espacios de participación, de poder, de cargos, de subsidios. Es una población numerosa y esquiva al compromiso definitivo, a la entrega total a un ideal.

Muchos jóvenes se sienten alejadísimos de la política. Más aún de la política partidaria. Hay una escasa participación artística, deportiva,  ambientalista o voluntarista.

Hemos criado a esos hijos y somos responsables por ello.

Su madurez política, no podrá ser establecida por ningún código.

No hay una cantidad definida de años en la que el cerebro del infante se convierte en el cerebro del adulto. Esa madurez se construye con el esfuerzo cotidiano del estudio y de la militancia solidaria.

Estos jóvenes deben ser motivados para que organicen su participación en todas las corrientes políticas. Su ejercicio electoral supondrá una  transformación social para elegir a quienes los gobiernen y para revocarles el mandato cuando se encuentren estafados en sus esperanzas.

Como adultos y desde todos los ámbitos del pensamiento y de la racionalidad, debemos identificar a los jóvenes como sujetos de derecho y no manipularlos como meros objetos de políticas partidarias.

 

Mario Corbacho

 

 

A continuación, y a propósito de la trascendencia del tema y su actualidad política, adjuntamos un comentario de un calificado miembro del Grupo Ayacucho en el que se formulan algunas reflexiones sobre el trabajo de Mario Corbacho que entendemos enriquece el enfoque y promueve una discusión que amplía la perspectiva y contribuye a la comprensión integral del problema.

 

 

Reflexiones sobre sufragios y votantes.

 

 

Leí en su momento tu importante colaboración sobre el tema de la incorporación de los adolescentes de 16 y 17 años de edad al padrón electoral (con emisión del voto obligatorio u optativo, se verá) y lo releo ahora con interés. Surgen en mí algunas dudas respecto al eje de tu texto que quiero expresar sintéticamente, por cuanto me puede ayudar a clarificar mi propia posición.

Parto de una interpretación del texto que para mi, aunque en el grupo algunos amigos no comparten mi idea, abona favorablemente el voto a partir de los 16 años. Digo entonces, respetuosamente:

 

1.- La referencia a la ley 140 de 1857 me parece extraña al texto. Aún a fines del siglo XIX no sólo las legislaciones sino los procedimientos de votación en los países más avanzados adolecían de severísimos defectos que justificarían deficiencias nuestras, en un país que venía de una guerra civil inconclusa y una dirigencia política hasta entonces negada a la formalización de los instrumentos propios de una democracia constitucional. En esas condiciones era posible una más afinada legislación electoral?.  Quiero decir con esto que me parece un juicio excesivamente duro y alejado del momento histórico en que se producía el hecho, más allá de la aclaración de verlo desde el siglo XXI.

 

2.- Referido al tema del derecho al voto de los adolescentes de 16 y 17 años dice la nota que “es extemporáneo argumentar racionalmente en su contra dentro de un ámbito republicano”. Pienso y digo que el derecho a “argumentar racionalmente”, sea en uno u otro sentido, que ello no importa, es propio de quienes reconocemos y sostenemos los principios republicanos, precisamente para que con el mismo marco de referencia podamos establecer alguna forma de diálogo en un escenario mayor que por principio lo niega. Agrego, y no peyorativamente, -que si el proyecto busca “profundizar las bases de la participación política de la sociedad argentina” y haciendo hincapié en los estudios de Margaret Meade, convendría extender el beneficio (o la carga?) a los jóvenes de 13 años una vez cumplida la edad del ciclo primario de sus estudios. Y esto no es para nada exagerado y mucho menos una chicana.

 

Según el informe PISA -que me disculpo al citar porque estoy seguro de tu conocimiento de él- en nuestro país el 52% de los chicos escolarizados

de 15 años no comprenden los textos que leen; ergo, si no los comprenden a los 15 años que no los comprendan a los 13 no marca diferencia alguna y la base de participación política se amplía aún más. Dejo de lado que alrededor de 1.000.000 de jóvenes de entre 14 y 25 años no estudia ni trabaja y que según informe del Ministro de Educación, Alberto Sileoni, en un censo realizado entre 278.000 estudiantes del último año del secundario, a mayor pobreza en las condiciones de vida del alumno corresponde un menor rendimiento escolar. Es obvio que esta relación inversa no puede soslayarse dado el alto porcentaje de jóvenes argentinos en esas condiciones y, a la vez, potenciales votantes.

 

3.- Precisamente de la condición de adolescentes, de adolecer, de lo incompleto, de lo que hace a una carencia o insuficiencia en la etapa madurativa del adolescente, surge la necesidad de estudiar en profundidad el tema planteado. Si una placa televisa que antecede a todos los informativos de orden general que se emiten dice algo así como “estos contenidos no son aptos para niños, niñas o adolescentes”, me parece obvio que lo que está en cuestión es la capacidad del sujeto para diferenciar, discernir, pensar desde su propia inteligencia y conocimientos aquello que se le ofrece; es decir que la placa oficial es un explícito reconocimiento de una carencia o limitación que se supone entonces general, más allá de las individuales excepciones. Me animo a decir que 50 ó 100 chicos tomando un colegio o agrediendo a médicos en salas de guardia hospitalaria o fumando paco, no muestran madurez sino su extravío en una sociedad incapaz de contenerlos dignamente.

 

Descarto de exprofeso cualquier intención electoralista o ideológica en los proyectos de ley que se presenten, justamente para evitar contribuir a levantar muros de incomprensión cuando lo que debe importarnos es dialogar y, escuchando al otro, encontrar coincidencias que sirvan para consolidar el concepto de nación y al mismo tiempo ayuden a mejorar nuestra calidad de vida, en este caso institucional.

Es en ese sentido que me pregunto, y pregunto, si no sería pertinente comenzar con una mejora cualitativa, seria y sostenida en el tiempo, de los niveles educativos en el país, si no será conveniente fijarnos como objetivo alcanzar en el más breve plazo una notable mejora en el grado de realización concreta de la educación para hacer verdad lo de gratuita y obligatoria….pero también de exigencia y demostración para devolver a la sociedad lo que la sociedad otorga. Y no se me escapan ni el rol de la familia ni el de los docentes.

No condeno el voto de los adolescentes desde los 13 ó 16 años; lo que me importa saber es si les hemos facilitado antes las condiciones para, siendo personas, ejercer conscientemente el derecho a decidir sobre su futuro y el de 40 millones de compatriotas. Claro está que no desconozco el derecho de lo que carecen de instrucción escolar a expresarse políticamente, pero quizá con ingenuidad pienso en nuestra responsabilidad en la elevación del nivel de escolarización de los votantes, precisamente en las condiciones del siglo XXI.

Jorge Marasco

 

2 pensamientos en “VOTAR, ENTRE LA INFANCIA Y LA ADULTEZ”

  1. Jorge, el tema referido al grado y a la oportunidad de la participación política es, quizá, inagotable y sospecho que allí reside su riqueza que nos invita al diálogo respetuoso y a la polémica profunda.
    Ajusto aquí algunos puntos:
    1) La ley 140 es una primera y balbuceante apertura organizada hacia la participación política, en una Argentina con heridas sin cicatrizar de Caseros, con intrigas palaciegas porteñas y con provincias recomponiéndose de los caudillismos personalistas.
    2) Son quizá millones los ciudadanos argentinos habilitados a emitir su voto actualmente, que están semialfabetizados, desnutridos, subsidiados, desocupados, que poseen una formación política nula…y cada dos años se acercan obligatoriamente al cuarto oscuro.
    3) Tu propuesta de mejorar los niveles de comprensión en el tramo escolar, a lo que sumaría yo la optimización de una dieta materno-infantil que asegure el desarrollo cerebral temprano, son INDISPENSABLES para lograr un electorado con cierta conciencia de lo que hace ese domingo en el cuarto oscuro y cómo le reclama al candidato una vez que haya asumido su banca el elegido.
    4) Me resulta extraordinariamente provechoso este diálogo crítico y claro, que espero continúe y crezca a través de esta página, con los aportes de los lectores ocupados en la construcción permanente de la República.
    Mario Corbacho.

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