Vislumbrando el Futuro

 

Pocos días atrás estuvo en el país el economista Ricardo Lagos, ex presidente de la República de Chile. Figura destacada no sólo en su país, con los lauros de una gestión presidencial reconocida por la ciudadanía y funcionario actualmente de la Organización de las Naciones Unidas, fue invitado por una Fundación argentina privada a exponer sus ideas sobre el “Presente y Futuro de América Latina”.

 

Apoyado en algunos gráficos, no muy visibles por cierto, realizó una muy interesante aproximación a los temas centrales de nuestro continente, con la particularidad de extender su mirada hasta más allá del cercano año 2020.

Según Lagos, el desarrollo de la globalización – que ha llegado para quedarse – ha generado una suerte de reposicionamiento socio-económico de países y regiones, con marcadas diferencias con los estándares aceptados hasta hace muy pocos años. Así, por ejemplo, la incorporación al mercado mundial de los países integrantes del BRICS, más el desenvolvimiento exponencial de las tecnologías de la información y el conocimiento, ha producido entre otros efectos un cambio radical en los procesos de crecimiento y desarrollo económico que afecta a millones de personas pero que, además, gravita decisivamente en sus condiciones de vida y expresión política.

 

En ese sentido, recientes estudios de organismos internacionales que han tomado en consideración el incremento del producto en diversos países, han concluido en una nueva clasificación de países precisamente sobre la base antes señalada.

Así, según lo citado, surgen países y regiones que se identifican en estas condiciones generales:

 

a) Convergentes, aquellos que en los últimos años han crecido más del doble del promedio de los desarrollados,

b) los Subdesarrollados, creciendo por encima de los desarrollados pero sin llegar a duplicarlos,

c) los Desarrollados, con crecimiento desigual pero con tendencia a disminuir,

d) el resto.

 

La nueva categoría de países convergentes tiene como argumento más sólido el que señala que, de continuar las tendencias actuales del proceso económico, en un plazo no muy lejano -quizá 10 ó 15 años – su producto se aproximará el de los países que hoy llamamos desarrollados. Por supuesto, el tema de la distribución del producto no es en principio parte de esta nota, pero sí las consecuencias de un alza significativa en el ingreso per cápita y de las políticas sociales que habrán de acompañarlo.

 

EXPECTATIVAS PREVISIBLES

 

Glosando a Ricardo Lagos y tomando a título de ejemplo países con nivel de ingresos bajos y fatalmente regresiva distribución del mismo, los problemas a que se abocan esas sociedades son conocidos por nosotros : acuciantes exigencias para mejorar la alimentación de los sectores populares, bajo nivel educativo, precaria estructura sanitaria, crónico déficit de viviendas, deficiente cobertura de justicia y seguridad y, por sobre todo, escasa articulación sindical y política capaz de enfrentar las formas casi feudales del ejercicio gubernamental.

 

A tal nivel de ingreso per cápita – digamos por debajo de los 10.000 dólares – corresponden políticas que habrán de centrarse en la solución de los problemas más inmediatos, enmarcados por la pobreza de amplias capas de la población, insuficiente oferta laboral, bajo nivel salarial, difícil acceso a niveles educativos superiores, etc., razones que en sí mismas avalan los permanentes y hasta violentos reclamos de la población afectada.

 

El panorama cambia cuando, por ejemplo, el ingreso per cápita alcanza o supera los 20.000 dólares, situación que algunos países convergentes – caso de la Argentina según Lagos – parecen estar cercanos a lograr en tanto se mantengan las favorables condiciones actuales del mercado internacional.

 

En esta situación, definida hace más de 40 años aunque en otro contexto por pensadores como Dennis L. Meadows y Zbigniew Brzezinski como la “revolución de las expectativas”, los problemas a que deberán abocarse los gobiernos de esos países, las reclamaciones y exigencias populares mudan radicalmente, como resultado de los cambios operados en la conformación socio-económica y cultural de la sociedad. Ya no serán sólo las reivindicaciones elementales de los sectores más empobrecidos los que habrán de atenderse, sino que el cambio producido por el crecimiento en el nivel de ingresos habrá llevado a muy importantes sectores de la población a convertirse en demandantes y consumidores de niveles de clase media. En consecuencia, crecerán exponencialmente las demandas sobre los temas de educación, salud, seguridad, bienestar económico, políticas de protección ambiental y de participación explícita en las decisiones gubernamentales.

 

Si esto es así, – y dando por supuesta la superación de la etapa actual -, se hará visible la necesidad de adecuar las formas de organización política de la democracia para adaptarlas a las nuevas condiciones. No se trata de pensar en un retorno a la “Atenas de Pericles”, pero sí de la necesidad de hallar superiores formas de expresión de la voluntad popular dentro de los valores de la democracia republicana. Democracia que no puede prescindir del juego de los partidos políticos, a los que debe proteger y estimular como herramientas para la inclusión de los sectores emergentes y gestor de sus demandas, así como de las instituciones y organismos que actúen como un contrapoder ante las eventuales desmesuras de los gobernantes.

 

En ese sentido hace casi 20 años el politólogo José Nun, que fuera Secretario de Cultura de la Nación hasta hace muy poco tiempo, al referirse al contexto en que el pueblo se manifiesta, afirmaba que lo más importante es que un resultado electoral sólo indica quién gana y quién pierde, no quién tiene razón o quién está del lado de la justicia y de la democracia. Hitler llegó al poder a través de las urnas. Los teóricos de la democracia nunca plantearon que el voto tomado aisladamente fuera garantía suficiente del orden democrático. El voto debe ser el último paso de un debate activo entre iguales… Desde mi perspectiva, el voto es la resultante de un proceso de diálogo, de la construcción de una voluntad colectiva en un espacio entre iguales.

 

Partiendo de estas atinadas consideraciones y recordando nuestro trabajo anterior -“Representación política- Un curso de acción”- es válido insistir con reiteración obsesiva en la necesidad de establecer en nuestro país vías de diálogo, las mismas que hagan posible no sólo reflexionar sobre las urgencias coyunturales de la economía y la política, sino también extender una mirada prospectiva hacia un futuro que – salvo una suicida decisión nuestra – habrá de llegar en el curso de pocos años.

 

Es necesario recordar una vez más que los avances científicos y tecnológicos generan cambios en las condiciones materiales de vida y, consecuentemente, obligan a meditar sobre las implicancias que habrán de tener sobre el marco institucional que habrá de contenerlos. En definitiva, abocarnos a decidir sobre qué democracia es necesaria, qué democracia queremos y, eventualmente, qué democracia seremos capaces de construir.

Si optamos como lo hizo Lagos por las formas democráticas y republicanas adaptadas a las nuevas circunstancias, sería bueno comenzar a dibujar, en el diálogo de iguales a que se refería Nun, los caminos, valores y objetivos de la nueva sociedad pensando el futuro.

 

Citando al mismo Lagos en sus Conversaciones en el camino, ” Si miramos lejos podemos llegar lejos. Tenemos derecho a soñar”.

 

Jorge Marasco

 

5 de abril de 2012

 

1 pensamiento en “Vislumbrando el Futuro”

  1. Excelentes reflexiones. Absoluta claridad para expresar tus ideas. Increíble camino para comprender entre lo real y lo ficticio. Elegiste una figura como la de Ricardo Lagos, modelo a imitar. No demores en presentarnos tu próxima nota.

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