UNA DÉCADA DE CUENTO

                                                                         alicia-pais-maravillas-2 “Quizás la historia universal es la   historia  de unas cuantas metáforas”.

                                              

                                                                                    Jorge Luis Borges. La esfera de Pascal[1]

María Elena Rodríguez

Acaba de celebrarse una década más en la historia reciente argentina. Curiosamente, los propios actores políticos, sin esperar el juicio de la historia, la califican ya como “década ganada”.

 

Vinculado con lo que aparece como cierta propensión a “pasar al bronce”, la década ha transcurrido bajo el signo de “hacer historia” y del singular fenómeno del relato oficial. Fenómeno inédito en la magnitud adquirida, que excede la simple anécdota.

El hecho de que la estrategia política se centrara más en el ejercicio retórico del discurso presidencial, que en el compromiso de ejecutar lo enunciado, sin duda ha vulnerado la credibilidad en la palabra oficial. Pero hay más.

El sofisticado aparato comunicacional, la teatralidad que rodea a la palabra presidencial, la carga emotiva que promueve, la catarata de anuncios que se esfuman sin materializarse, la peculiar ambigüedad de actuar contrario sensu del discurso, son todos ingredientes que confluyen para crear una atmósfera de irrealidad. Más aún, a provocar una “fuga” del plano de la realidad (la plural y cotidiana) hacia el de la ficción. Se entra así en la instancia problemática donde todo puede ser posible: las cosas acontecidas y las inventadas. Ambas categorías -los hechos y la ficción de los hechos- suponen diferencias sustanciales y aproximaciones distintas. Sin embargo la persistencia de reemplazar los hechos por el relato acaba enturbiando el plano de lo real. Surge allí una zona indecisa, opaca; una nueva dimensión de la realidad en la que se codean con naturalidad lo real y lo irreal, favorecidos por el clima de fantasía.

Puede ser más o menos perceptible, pero cuando se instala en la vida cotidiana lo insólito y lo desmesurado, ganan rápidamente todos los terrenos. Que lo congruente sea una rareza y lo mesurado algo insólito, es entrar en el mundo de la paradoja y el disparate.

Aparece entonces la dimensión de lo inesperado, donde actos y situaciones fuera de toda norma, terminan siendo naturalizados. Del estupor y la confusión iniciales, se llega finalmente al indiferentismo.

Esto que puede ser un proceso difuso, sucede de forma colectiva, porque en mayor o en menor grado, involucra al conjunto de la sociedad.

Practicar la ideología del relato, jugar con elementos abstractos e ideales en política no es inocuo, ni nuevo. Sólo se reactualiza, como puede observarse en el juego político del partido de gobierno. Parece haber adoptado el juego de los “como si”, con notable propensión a las “trampitas” en todo orden de cosas: sea en el desempeño de gestión, en la competencia política y electoral o en acuerdos y compromisos internacionales. Las maneras en que lo lleva  acabo manifiestan cierta puerilidad política. Y en esa puerilidad –hay que subrayarlo- el atropello, el secretismo, el desconocimiento de formas, reglas y límites, son las prácticas instaladas. Si se agregan ciertos excesos caprichosos, gestos fueras de contextos y exabruptos que caracterizan los actos comunicacionales de la Primera Magistratura, se profundiza la impresión de que el país está conducido con rasgos de aventura un tanto juvenil. No es cuestión de edad, sino de discernimiento entre ideologías, ámbito de aplicación y praxis política; y sobretodo, de maduración suficiente para moderar arrebatos y lenguaje, cuando se asumen los asuntos públicos de la nación. Porque hay otro ingrediente preocupante: la “teoría del conflicto”, sostenida como ideología de esta aventura, muestra también un rasgo de irresponsabilidad pueril. Se ignora, se minimiza o se acepta –coqueteando con el peligro- que hay conflictos teóricos y conflictos con sangre. En cualquiera de los casos, con ilusoria heroicidad se bordea la insensatez de un innecesario camino abismal.

Por otra parte, resulta paradójico que esgrimiendo un catecismo revolucionario, las prácticas de gobierno no hayan innovado en aquellas tan retrógradas, como el clientelismo y la corrupción.

Y así, en este estado de cosas, entre paradoja, ficción y desmesura, se suceden en un vértigo diario episodios que desafían toda lógica.

Se podría objetar que tales cosas no son privativas de la argentina, es verdad. Se trata en todo caso, de anotar los modos particulares que adoptan en nuestro país.  Y en ellos se vislumbra el elemento de lo fantástico, bastante próximo a la literatura. Por eso, la sugerencia de Borges parece oportuna. Se puede apelar a la metáfora para ilustrarlos.

 

 

  • Las reglas de juego

“El croquet de la Reina”[2]

 

 

“-¡Todos a sus puestos!- Tronó la Reina de Corazones, y los jugadores se pusieron a correr en todas direcciones tropezando unos con los otros… Alicia pensó que nunca había visto un campo de croquet tan extraño. Estaba lleno de zanjas y salientes, las bolas eran erizos vivos, los palos eran flamencos, los arcos estaban formados por soldados que eran naipes doblándose sobre sí mismos.

      Todos jugaban al mismo tiempo sin esperar turno, discutiendo incesantemente y peleándose por los erizos. Pronto la Reina montó en cólera y gritaba- ¡Que le corten la cabeza a ése ¡Que le corten la cabeza a ésa!- Alicia comenzó a inquietarse. Comprendió que si hasta ahí no había tenido ninguna discusión con la Reina podía ocurrir en cualquier momento…

      “Me parece que no juegan limpio, pensó, y es como si no tuvieran reglas de juego… al menos si las hay, nadie les hace caso… además es tan desconcertante jugar con cosas que están vivas”… Alicia concluyó que la Reina conocía solo un método para resolver todas las dificultades grandes o pequeñas: ¡Que le corten la cabeza!”

 

 

  • Palabra y significado

Humpty Dumpty[3]

 

-No sé qué quiere usted decir con “gloria”- dijo Alicia

      Humpty Dumpty sonrió desdeñosamente.

      -Por supuesto que no lo sabes… hasta que yo te lo diga. Quise decir “eso debe ser un argumento aplastante para ti!

     -Pero ”gloria” no significa “un argumento aplastante”-objetó Alicia cortésmente.

     – Cuando yo uso una palabra- dijo Humpty Dumpty en tono despectivo- esa palabra significa exactamente lo que yo decidí    

      que signifique… ni más ni menos.

    -La cuestión es –dijo Alicia- Si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas.

    – La cuestión es-dijo Humpty Dumpty- saber quién manda aquí! Eso es todo.

 

 

  • Ficción y realidad

“El testimonio de Alicia”[4]

 

…”que el jurado considere su veredicto! Dijo el Rey por vigésima vez.

-No, no! dijo la Reina – La sentencia primero, el veredicto después.

-Absurdo y sin sentido! dijo Alicia levantando la voz.

-Contén tu lengua! dijo la Reina poniéndose púrpura

-No quiero!

-Qué le corten la cabeza!- Nadie se movió

-Quién va a tener miedo de ustedes! dijo Alicia- Si no son otra cosa que un mazo de naipes…

 

Ante sus palabras el mazo entero de cartas se elevó por el aire y cayó disperso… En ese instante Alicia se despertó y comprendió que las aventuras extraordinarias eran un sueño”…

 

Borges decía a propósito de las aventuras de Alicia que “a primera vista pueden parecer arbitrarias y casi irresponsables; luego comprobamos que encierran el secreto rigor del ajedrez y la baraja, que asimismo son aventuras de la imaginación”[5]

 

A pesar de la simplicidad con que fue escrita para el mundo infantil, la obra de Lewis Carroll (seud. de Charles L. Dodgson (1832-1898) profesor de matemáticas y lógica de Oxford) se considera magistral. El éxito inicial de su aparición se tradujo en un notable impacto social y cultural, que conserva hasta el presente.

La metáfora universal acuñada en la complejidad de la obra se despliega en paradojas matemáticas y lingüísticas, juegos de palabra, acertijos y razonamientos para desarrollar la imaginación y la inteligencia.

La genial creación está llena de artilugios, de pliegues secretos que encubren ironías y alusiones, satirizando a la sociedad victoriana y cuestiones políticas de la época. Desde entonces, ese mundo fantástico fascina tanto a los niños como a los académicos; recorre los ámbitos más diversos –políticos, del arte, del espectáculo, de la publicidad- y es objeto tanto de especulaciones psicoanalíticas, como metafísicas y esotéricas.

Mientras en el primer libro Las aventuras de Alicia… la niña se ve precipitada a un lugar prodigioso, un reino de naipes vivientes; en “A través del espejo…” se transporta a la extraña realidad de un juego de ajedrez  viviente. Allí se verá envuelta en una partida con la perspectiva de llegar a ser Reina. En ambos mundos todo esta trastocado y los valores  establecidos, están invertidos: magnitudes, tiempo, lógica, relación causa-efecto y reglas de juego.

Los escenarios, personajes y peripecias, todo pertenece al orden de los hechos sorprendentes, maravillosos, que desafían el entendimiento. L. Carroll –como los antiguos griegos- hace de la sorpresa una puerta abierta al conocimiento.

Otro elemento significativo es el tema del sueño. Las aventuras se resuelven al llegar a un clímax en el que Alicia despierta y comprueba que ha estado soñando. Además aparece la peculiaridad del sueño recíproco. En el curso de una de sus aventuras soñadas, Alicia se entera que el Rey Rojo está soñando con ella y que si el rey se despierta, ella desaparecería porque no existe realmente si no en el sueño.

La estremecedora posibilidad de que cierta realidad dependa del sueño de alguien, de que la existencia misma de uno dependa del sueño de otro, es un antiguo tema que inquietaba a Borges hasta la predilección. Está presente en su obra, tratado de mil maneras. En su cuento “Las ruinas circulares”, se encuentra esta sugerente declaración que debería ser retenida en todo su alcance:

                  “No ser un hombre; ser la proyección del sueño de otro hombre, que humillación incomparable, que vértigo!”

 

 

  • Sueño e ideología

 

El mundo de ficción, la atmosfera de irrealidad, de conflicto y confusión creados en el curso de esta década, dan para imaginar si no tienen que ver con la categoría de sueños proyectados. Podemos aún aventurar la hipótesis que las ideologías sean “de la misma sustancia que los sueños” y de ahí, que de tanto en tanto los pueblos se vean envueltos en locas partidas de croquet o ajedrez, desde el sueño de un “Rey Rojo o una Reina de Corazones”.

En principio no habría problema con los sueños. Los hay muy bellos, como el de Ghandi, M. Luther King o Mandela. La cuestión se plantea cuando alguien – un teórico o un líder políticos- tiene un sueño travestido en ideología que se convierte en pesadillas de otros.

La visión redentora y el discurso prometedor de los líderes populistas con sesgo autoritario, es un ejemplo de cómo los destinos de un país pueden quedar atrapados en un “sueño”. Porque este tipo de líder tiene la pretensión de insuperabilidad. Sueña con ser depositario de la verdad e incluso de la realidad, a la que imagina poder crear, manipular y hasta controlar, aunque la realidad, como dice Edgard Morin “es enorme, invisible, misteriosa”.

El otro problema es que “el pueblo”, “la mayoría” cuya voluntad dice el líder representar, es una categoría abstracta, solo un concepto inscripto en la retórica del poder.  Se usa como argumento central, pero desconociendo la heterogeneidad constitutiva del conjunto social. Y el problema mayor ocurre cuando “la mayoría sueña” el sueño del líder.

Las teorías políticas que sostienen las formas del populismo hegemónico descuida la fuerza de factores sociales dinámicos que pueden resultar incontrolables.

El significativo auge de los neopopulismos latinoamericanos, que parece un “sueño recurrente” y una pertinaz voluntad de reeditar políticas supuestamente ya superadas en el s.XXI.

Aunque no sean comparables ni de grado ni de formas, las trágicas consecuencias sufridas en el s.XX, no debería descuidarse el hecho de que las políticas populistas tienen una compleja relación con la realidad. Prevalece en ellas el intento de subordinar la realidad –que es decir la vida- a la idea.

Hay algo de inhumano o de a-humano en la concepción teórica de controlar y domesticar los espíritus. Tal vez porque las teorías suelen estar pergeñadas muy lejos de las vidas de aquellos a los que están dirigidas. Salvo en el caso de idealistas heroicos, a quienes en sus teorías, les va la cárcel o la vida. Y estos, hacen la sustancial diferencia con otros teóricos influyentes que juegan a instaurar sus ideas a control remoto desde cómodas poltronas. Y por qué no pensar que hay en esto cierto infantilismo egocéntrico al jugar con “cosas que no tienen repuesto”[6]. Que es lo que puede ocurrir cuando se ata a un esquema ideológico el destino de una nación.

El papel de los intelectuales en esos procesos teóricos evoca las advertencias del poeta francés Jacques Prévert:

 

                                                  “No hay que dejar que los intelectuales

                                                    jueguen con fósforos

                                                    ………….……………….

                                                   Porque señores, cuando se los deja solos

                                                   El mundo mental señooores

                                                   trabaja arbitrariamente.

                                                  ………………………………..

           Repitámoslo señooores

                                                 Cuando se lo deja solo

                                                 El mundo mental miente

                                                 Monumentalmente”[7]

 

 

 

 

  • Más acá del sueño

 

Las metáforas del juego de croquet y de Humpty Dumpty son tan explícitas que las analogías o comentarios sobre las políticas y comportamientos del gobierno –conocidos por todos- quedarían en la simple anécdota.

El andamiaje ideológico instalado acusa sin embargo el impacto del resultado electoral último. No proceden comentarios sobre este momento particular, que tiene más interrogantes que certezas. La ciudadanía tiene la palabra.

El clímax angustioso al que se ha llegado por un cúmulo de sucesos desgraciados y disposiciones restrictivas del gobierno,  se tradujo en las urnas como un grito de alerta.

Falta constatar si la sociedad, como Alicia, harta de vaivenes, maltratos y absurdos, llega al “despertamiento” para recuperar los términos de su realidad. Sería el momento de comprobación de la volatilidad de un manojo de ideas esgrimidas por unos “poderosos”; y en esa comprobación podrían volar por el aire como los naipes de la Reina de Corazones.

 

María Elena Rodríguez Lettieri


[1] Jorge Luis Borges. Otras inquisiciones. Buenos Aires: Emecé 1960

[2] Lewis Carroll. Alicia en el país de las maravillas- en Los libros de Alicia. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2012

[3] Op. cit –A través del espejo…

[4] Op.cit. –Alicia en el país de las maravillas…

[5] Jorge Luís Borges- Prólogo a Los Libros de Alicia. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2012

[6] Canción de Joan Manuel Serrat titulada “Algo personal”

[7] Jacques Prévert- Paroles/Palabras. B. Aires, Fabril Editora, 1960  Los libros del Mirasol