UN ALERTA TEMPRANO

 

UN ALERTA TEMPRANO

Como era de esperar, al borde del primer mes de la gestión macrista en el gobierno han abundado interpretaciones en muchos casos teñidas por los intereses políticos y económicos que las sostienen. Nadie podría negar el ánimo inseguro en que ambas fuerzas con peso político esperaron el resultado electoral del 22 de noviembre, período en el cual toda decisión de peso marcaba un rumbo posible para el futuro. Para aquellos que siguen de cerca el acontecer político cotidiano no caben dudas de que en ambos campos, sobre todo en el oficialista, se cometieron serios errores tácticos –quizá deliberados – que condicionaron e influyeron en los resultados de los comicios presidenciales, segunda vuelta de por medio.
No en vano resurgió con fuerza el viejo calificativo de “mariscales de la derrota”, volcado ahora sobre dirigentes de la primera línea del gobierno anterior.

La gestión actual

De ninguna manera puede abrirse un juicio definitivo sobre la gestión del nuevo gobierno pivoteando sobre las medidas que pudo o debió tomar en el brevísimo plazo de 30 días. Esto lo saben y comprenden muy bien quienes hacen política, lo que no es óbice para que desde el primer minuto o desde la primera disposición adoptada por el gobierno se perfile con más o menos razones una actitud opositora que algunos lenguaraces han denominado de “resistencia al cambio”.

Sin embargo, siendo la política un campo naturalmente confrontativo, vale reflexionar sobre y desde la realidad concreta de las propia estructura íntima del gobierno. Huelga decir entonces, que la primera y principal tarea a desarrollar consiste en manifestar o en el caso actual construir una estructura de poder que haga posible gobernar, es decir, ofrecer y sostener los supuestos mismos de la gobernabilidad.

En ese orden de cosas, el esfuerzo del gobierno y sus principales dirigentes por ampliar su propia base de sustentación electoral no sólo es visible sino innegable. Los resultados se verán con el correr de los días y meses próximos, pero dejando de lado un análisis más pormenorizado, es pertinente recordar algunas exigencias y limitaciones que conlleva el ejercicio del poder.

Cierto es que la versión constitucional alberdiana puso a disposición del presidente de la Nación recursos amplios, necesarios y suficientes, para cumplir ordenadamente su función. Pero una lectura atenta de nuestra propia historia plagada de gobiernos que se han alternado en el tiempo entre autoritarios e impotentes, obliga a repensar, a poner sobre el tapete el juego ambivalente y a veces contradictorio entre la titularidad del Poder Ejecutivo y el ejercicio del verdadero poder presidencial.

Como lo señalaba hace más de 40 años un destacado profesor y politólogo argentino, cuando quien ocupa el sillón de Rivadavia tiene un caudal electoral propio de suficiente envergadura y mantiene a las fuerzas armadas y de seguridad bajo su control, puede decirse en principio que dispone – vía Congreso adicto – de las herramientas necesarias para gobernar.

Y en verdad, tan importante es disponer del poder que acompañe al Ejecutivo formal que en ciertos casos ni siquiera es necesario ocupar aquel sillón para ejercer el poder real; en nuestra historia lo muestran los casos emblemáticos de Julio Argentino Roca y Juan Perón, sucedidos en el tiempo por la debilidad de Juárez Celman y Luis Sáenz Peña y los 18 años de ingobernabilidad sostenida a partir del derrocamiento de 1955.

Seguramente advertido de esto el gobierno actual procura a través de acuerdos y alianzas no siempre debidamente comprendidos, evitar que desde fuera del gobierno, desde una ubicación geográfica o ideológica cualquiera, o desde el dominio de la calle –allí donde Laclau y Váttimo coincidían en que se construía la conciencia histórica y se definía la política, se pueda condicionar su actuación dentro de los marcos constitucionales y por ende democráticos a los que dice aspirar.

Democracia y poder

Es claro que la democracia no se agota en el mero acto eleccionario. Pese a la persistencia de las condiciones de una democracia delegativa en nuestro país, en los términos fijados por Guillermo O’Donnell, es justo y necesario aspirar a una mejora sustancial de nuestro devenir como nación.

La democracia por cierto no soporta, no acepta y rechaza la sola posibilidad de un doble comando en el poder, aquel que implica la coexistencia de un poder formal y un poder real enfrentados dramáticamente por la relación amigo-enemigo. No es lo deseable ni lo que queremos para nuestro país. Al contrario, y parafraseando a la conocida politóloga Chantal Mouffè nos afirmamos en la necesidad de una política agonal donde se manifiesten y discutan posiciones en términos de adversarios y no de enemigos.

Es en ese marco que abren una generosa expectativa los primeros pasos del actual gobierno, no obstante errores e incompetencias de funcionamiento producto de una compleja herencia y también de la pobre gestión e ingenuidad de algunos importantes funcionarios y dependencias del Estado.

El gobierno tiene a su favor un tiempo máximo de acción política unilateral que caduca en el próximo mes de marzo. En ese lapso tiene la imperiosa necesidad de lograr acuerdos y apoyos legislativos y sociales que le permitan continuar sin mayores sobresaltos la implementación de sus políticas. Es decir, conciliar sus políticas de cambio con la ampliación de su base de sustentación y la flexible capacidad operativa que ha menester para encarar, en el marco de la democracia representativa, los reclamos y reivindicaciones de sectores de la sociedad que se sientan perjudicados. Sin que esto signifique adscripción partidaria alguna, para muchos de nosotros, quizá para todos, es crucial que finalmente los argentinos encontremos el modo y los procedimientos adecuados para hacer posible la coexistencia virtuosa de una democracia integradora y el desarrollo económico.

El gobierno debe demostrar con hechos que ejerce el poder real, con la mira puesta en los intereses permanentes de la Nación. En rigor, y pese al facilismo demagógico que lo alienta, no hay una patria que nos merecemos. La Patria y el destino de los argentinos será aquel que nosotros mismos seamos capaces de construir.

Jorge Marasco. 12 de enero de 2016

3 pensamientos en “UN ALERTA TEMPRANO”

  1. Encender las turbinas de una economía paralizada, combatir al narcotráfico, todo esto en un altísimo nivel de deterioro de las finanzas y ante burocracias corrompidas parece ser la tarea que se ha propuesto el frente Cambiemos. Sanear el Estado fundido mientras comienza a desarticular el Estado mafioso que la “década ganada” dejó, son dos guerras paralelas que han emprendido, y hay quienes dicen que no se pueden librar dos guerras a un mismo tiempo. Acertado cierre de nota: esperemos que la sociedad y la propia clase política los acompañen. Excelente análisis de Jorge Marasco.

  2. Sensato e inteligente análisis de Jorge Marasco caracterizando una cuestión crucial del país: consolidar el poder es condición necesaria para ejercerlo en plenitud. Un texto que obliga a reflexionar sobre la “tecnología” política que el gobierno debe ejecutar para alcanzarlo y que a veces se aproxima a los bordes de la legalidad. Se trata del costo imprescindible para lograr gobernabilidad sin la cual toda autoridad se desvanece.

  3. Jorge Marasco nos ofrece un lúcido aporte a los 30 días de la asunción presidencial. Sin duda que la construcción del destino nacional fue y sigue siendo una obra personal y comunitaria de coexistencia republicana y de confrontaciones civilizadas. Felicitaciones!!!

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