TRAGEDIA Y BARBARIE:  EL LADO OSCURO DE LA EUROPA OPULENTA

 

 

descarga (1)En la tragedia los personajes protagónicos se hallan conducidos por una pasión extrema con la que se enfrentan -misteriosa y fatalmente- a un destino tan horrendo como inexorable. El enigma del destino humano es su argumento central, y allí se van esmerilando en el tiempo: el espanto, la clemencia y la purificación

La muerte o la destrucción física, moral, mental y económica de los protagonistas, es el desenlace funesto de la obra. Se sacrifican ante una fuerza invencible que los oprime con violencia y, desdichadamente, se les impone.  El restablecimiento de un orden se alcanza, en este género teatral, a través de experiencias dolorosas hasta llegar al reconocimiento de culpas antes de la muerte de los personajes principales.

Su  rebelión insolente y su orgullo desmesurado, como siniestros errores de los personajes,  han recibido mitológicamente el castigo de los dioses desde  los orígenes del pensamiento occidental. Se juzga y se condena legendariamente el ensañamiento  procaz de los opulentos hacia los vulnerables.

Hoy, cientos de miles de actores de reparto reclutados en Siria, Palestina, Afganistán, Irak, Libia, Yemen y en el África subsahariana, están dando cuerpo a esta apocalíptica escenografía de pavorosas dimensiones: la tragedia del siglo XXI ha dado inicio.

Las guerras en Afganistán desde 1978 hasta 1992 y desde el 2001 a la fecha, son la muestra de horrorosos errores de occidente. El notorio fracaso de la “primavera árabe” – que floreció en Túnez – en diciembre del 2010, ha sido la mecha encendida en un polvorín con final incierto pero espeluznante.

Hoy, varios protagonistas europeos han reintroducido endurecimientos en los controles fronterizos en el marco del Acuerdo de Schengen firmado hace 30 años. Eso incluye: refuerzos policiales en los pasos, establecimiento de centros de refugiados en terceros países para procesar las solicitudes de asilo, multiplicación de medidas burocráticas con la excusa de imponer un mejor orden ante la masividad de las llegadas, propuesta de instalación de cercas de alambres de púas de varios metros de altura entre dos países, endurecimiento de condiciones para obtener visas…Todas balbuceantes e indignas muestras de una incapacidad europea para superar egoísmos nacionales que se exacerban con suspicacias y desconfianzas mutuas hacia el otro diferente.

Nuevas secesiones regionales, reclamos territoriales adormecidos, facciones partidarias que atizan odios ancestrales, demagogias con sustento étnico, económico y religioso son apenas algunos de los desafíos a la declamada integración europea, hoy enfermiza y en aterrador síncope continental.

El probable ingreso incontrolado de “elementos sospechosos” a la escena de la tragedia del continente multiplica los libretos persecutorios de ciertos líderes en ascenso. Aumenta una soterrada percepción de declive, de derribo, de indefensión.

La arrogancia de la cultura europea puede ser verificada en muchas de sus declaraciones internacionales contemporáneas. Sus pretensiones han quedado plasmadas en el Preámbulo de la Constitución de la Unión Europea, firmado hace apenas once años, el 29 de octubre de 2004. Allí textualmente se señala: “…la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa, a partir de la cual se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona humana, la democracia, la igualdad, la libertad y el Estado de Derecho. Europa, ahora reunida tras dolorosas experiencias, se propone avanzar por la senda de la civilización, el progreso y la prosperidad por el bien de todos sus habitantes, sin olvidar a los más débiles y desfavorecidos; de que quiere seguir siendo un continente abierto a la cultura, al saber y al progreso social; de que desea ahondar en el carácter democrático y transparente de su vida pública y obrar en pro de la paz, la justicia y la solidaridad en el mundo…«Unida en la diversidad», Europa les brinda las mejores posibilidades de proseguir, respetando los derechos de todos y conscientes de su responsabilidad para con las generaciones futuras y la Tierra, la gran aventura que hace de ella un espacio privilegiado para la esperanza humana.”

Hoy, cualquier similitud con la realidad que vivimos, es pura coincidencia.

Desplazados y emigrantes forzosos de sus lugares de origen y de residencia tradicional son un recurso reiterado en el material periodístico desde hace meses. Un naufragio catastrófico en la Isla de Lampedusa, en abril de 2014 costó la vida a más de setecientas personas y motivó la puesta en marcha del operativo Mare Nostrum, con la finalidad de rastrear y prevenir probables situaciones de alto riesgo en el Mediterráneo.

Bastó propagar la fotografía de un niño sirio ahogado en las playas turcas para movilizar – muy tardíamente – la sensibilidad del planeta. Simultáneamente miles de crímenes de guerra siguen teniendo como víctimas inmoladas a menores de edad en la Franja de Gaza, en Darfur, en Pakistán, en Nigeria…Ellos huyen del terror de las masacres provocadas directamente – o inducidas sibilinamente – por las intervenciones torpes de las potencias occidentales, por sus políticas financieras imperiales y por el terrorismo internacional, cuyos cuantiosos gastos son sufragados clandestinamente desde varios centros de poder.

 

El actual y complejo conflicto sirio ya ha provocado -oficialmente- más de cuatro millones de desplazados forzosos, esto es un sexto de su población total, según cifras del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados).

La acreditada y célebre solidaridad islámica ha fallado esta vez entre los súbditos de los países más ricos, petroleros y fastuosos, de Kuwait, Emiratos Árabes, Brunei y Qatar, y los pobres, primitivos y tribales que huyen sin destino fijo. Aquellos interpretan que la obligación coránica del zakat queda cumplida con sus generosos cheques hacia los atestados campos de refugiados de Jordania y de Turquía.

La hospitalidad, como derecho y como deber de todos, ha sido extraordinariamente relatada por E. Kant en su breve trabajo escrito en 1795: La Paz Perpetua. Expone a fines del Siglo de las Luces y en medio de revueltas políticas, de pensamientos ilustrados y de ultramontanismos, que:

El derecho de ciudadanía mundial debe limitarse a las condiciones de una universal hospitalidad. Significa el derecho de un extranjero a no recibir un trato hostil por el mero hecho de ser llegado al territorio de otro. Éste puede rechazarlo si la repulsa no ha de ser causa de la ruina del recién llegado; pero mientras el extranjero se mantenga pacífico en su puesto no será posible hostilizarle.”

Hoy, en los hechos concretos, se evidencia una negación rotunda de los valores y de las normas declarados durante los últimos tres siglos por esa “Europa humanista unida en la diversidad”. Los migrantes forzosos están exigiendo una redefinición en las relaciones de los europeos con el “otro diferente” para garantizar la mutua sobrevivencia. Sin embargo otros caminos son posibles. Y esas alternativas pueden hacernos conocer otra hecatombe en el hemisferio. Se escucha el roer interno de las instituciones milenarias.

Cada país, cada organización, cada creencia religiosa, cada disciplina académica, cada persona, se encuentra indistintamente  afectada por esta tragedia que ya ha tomado dimensiones planetarias.

Hoy, ninguno de los actores protagónicos de la dantesca puesta en escena se encuentra exento de culpa por haber llegado a esta situación no prevista ni buscada.

Como ciudadanos sudamericanos, somos herederos genéticos e intelectuales de la Europa de la Ilustración. Por ello es indispensable convencer – y convencernos – de que “nosotros” y los “otros” somos apenas una idéntica e indivisible manifestación de la vida…que continúa.

 

Mario Corbacho. 22 septiembre.

1 pensamiento en “TRAGEDIA Y BARBARIE:  EL LADO OSCURO DE LA EUROPA OPULENTA”

  1. Realmente un muy buen trabajo sobre todo por el enfoque original en que se incorpora esta especie de diáspora contemporánea. Muy bueno.

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