SOCIEDAD Y VALORES

Sin demasiadas pretensiones en el nivel de receptividad de aquellos que se interesen en este tema, me ha parecido oportuno orientar una mirada personal, hacia la existencia o no de una escala de valores en la sociedad contemporánea, haciendo hincapié en aspectos que sí impactan y sí son objeto de interés en las familias, en las escuelas y en la política.

Una definición sencilla del término “valor” nos permite identificarlo como un conjunto de normas morales o éticas, propias de una sociedad en un momento determinado.
La simpleza de este concepto, también da la idea de la amplitud y contención de acciones del ser humano, en todas y cada una de las manifestaciones, que, a diario, en cada momento, conforman las relaciones entre los individuos.

Es válido para todos los miembros de una comunidad, desde el más encumbrado, por razones patrimoniales, sociales, políticas o religiosas, hasta el más simple de los mortales. De allí, la legitimidad que le otorga la “generalidad”. Se aplican a todos y cada uno de nosotros.

Es cierto que las sociedades a lo largo de los tiempos, han ido modificando o cambiando la propia existencia de estos valores, aumentando su importancia o restandole fuerza.
Sin embargo, resulta arriesgado aventurar que la historia no haya reconocido una fuerza de supervivencia como es la existencia de la Familia, como base y sustento de una comunidad o el concepto del “esfuerzo” como parte del crecimiento, desarrollo y prosperidad de los pueblos.

Los valores, sin temor a equivocarnos, permiten definir los comportamientos de una sociedad, la identifican, le otorgan personería y ello se advierte con mayor rigurosidad en los últimos años en los que los efectos de la globalización, los avances de la tecnología en las comunicaciones, han conectado al mundo de modo tal que ha nacido la era de la “información” y ha impactado de modo tremendo en las generaciones más jóvenes y en el conocimiento de culturas diferentes.

Independientemente de lo que disponga la élite dirigente en el mundo, los individuos han asumido en plenitud la libertad religiosa, política, social que antes dependía de decisiones adoptadas por las Iglesias, por los Gobiernos u otras Organizaciones.

Este acercamiento instantáneo entre los individuos, se ve perturbado por elementos distorsivos como son el terrorismo internacional, por los fundamentalismos y los fanatismos, por el narcotráfico, por la trata de personas, en especial de niños y mujeres, que con el inmenso poder que otorga el capital financiero influyen, de modo directo en el hábitat de niños y jóvenes.

Sucede entonces, que, del mismo modo que nuestros jóvenes adhieren a la libertad, la tolerancia, el respeto por la vida humana, animal y vegetal, omiten el reconocimiento por el trabajo, la educación, la solidaridad, la responsabilidad, el acatamiento a la ley, a los mayores, en función a situaciones de crisis sociales y económicas, que no les permiten ser incluidos en el cuerpo social y sentirse útiles a sus semejantes.

Son entonces caldo de cultivo apropiado para aquellos que utilizan mecanismos de atracción, muy eficaces, como la droga al alcance de los más necesitados, el delito fácil, sin sanciones, la violencia familiar , el abandono escolar, el ocio , el rechazo de todo actividad laboral o formativa.

La desesperanza crece, las falsas utopías se hacen fáciles de ser impuestas, las actitudes de rebelión, propias de la juventud, son dirigidas a causas religiosas, raciales, políticas y de cualquier género, son hipotéticas gestas revolucionarias que justifiquen la actitud individual adoptada ´por cada uno.
La exclusividad en la titularidad de la razón, lleva al fanatismo, que, quizás sea el mayor “motor” de las locuras del ser humano.

El fanatismo, como verdadera enfermedad social, se expresa en cualquier actividad donde existe el relacionamiento social, no reconoce edad, sexo, nivel social, racial, religioso, deportivo, etc.
Quizás, si alcanzamos a entender la trascendental importancia que esta patología adquiere en el comportamiento del ser humano, podríamos evitar situaciones de conflicto muy graves, incluidas guerras entre hermanos.

Lo curioso de este análisis es que ninguna sociedad está a salvo de sus efectos. Las más desarrolladas y las menos favorecidas, cada una, en distintos niveles y efectos, pero todas, sin excepción, han sufrido y sufren el daño de la distorsión, la disminución o la desaparición de una escala de valores.
Una verdadera metamorfosis en los valores ha generado la aceptación pasiva de la mentira, la corrupción, la violencia, el robo. Sentimientos como la vergüenza, el honor, el sentimiento de culpa se han disipado.

La familia también ha sido blanco de estos procesos destructivos, a partir de situaciones de crisis económicas y sociales se ha hecho común el maltrato, la falta de respeto interfamiliar y esencialmente el paulatino relajamiento y olvido del sentido del esfuerzo y del trabajo.
No le ha ido en zaga, en muchas sociedades, la disminución de la calidad de la educación, el abandono temprano de la escuela, la laxitud en el régimen de estudio, la ausencia de capacitación de los docentes, todo ello reforzado por presupuestos insuficientes o inadecuadamente aplicados.
No escapan al proceso de deterioro los medios de comunicación en todas sus expresiones. Diarios, revistas, radios y fundamentalmente la televisión, han colaborado en desarrollar programas cargados de antivalores.

La manipulación de la opinión pública, no es solo patrimonio de la clase política, son culpas de las que no escapan los medios, la voracidad mercantilista promoviendo el consumo masivo direccionado, algunas voces de instituciones religiosas, asociaciones gremiales y empresarias y muchas otras, que, a conciencia, portan su granito de arena para el comportamiento de la sociedad.

Como mensaje de esperanza de estas reflexiones es la existencia de instituciones y personas, en todo el mundo, que levantan su voz, llamando a la cordura y apuestan muy fuerte al cambio, hacia el fortalecimiento de los valores, de los derechos y deberes de todos los seres humanos y lo demuestran con su aporte diario, desinteresado y humano hacia ese fin.

Por ellos, es necesario despertar….

Jorge Oscar Aguilera. 12 abril

5 pensamientos en “SOCIEDAD Y VALORES”

  1. JORGE OSCAR AGUILERA , IMPECABLE Y TAN OPORTUNO! Es evidente la necesidad de una educacion para los autenticos valores humanos que puedan servir a nuestros niños y jovenes como referencia y punto de partida para la confeccion del propio proyecto personal por el que canalice la formacion integral de su personalidad. De ahi que la decision de cada uno tenga importancia no solo para si mismo, sino tambien para la sociedad! Gracias! Y a despertar!

  2. En un momento histórico en el que los valores se disuelven este trabajo contribuye e inspira a cada uno de nosotros a trabajar por su reconstrucción. Sin valores la organización social se desintegra. Excelente aporte.

  3. Jorge: este es un muy inteligente enfoque a tan controvertido tema. La “Ceguera moral” -sobre la que dialoga Z. Bauman en una de sus últimas obras- nos aporta lucidez para interpretar y “despertar” en esta época que nos toca transitar.

  4. Muy buen trabajo, en particular por cuanto aborda el tema de los valores que constituyen el sostén de los comportamientos sociales y consecuentemente , en su práctica, negación o tergiversación de los mismos , dan forma a la sociedad que los contiene.

  5. Muy buena nota, en particular por cuanto abarca el tema de los valores que guían el desarrollo de los individuos en la sociedad y la consecuente conformación socio cultural de ésta. n

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