SARAJEVO, (Bosnia y Herzegovina). Esperanza y desatino.

Una incertidumbre profunda y avasalladora ha irrumpido en nuestras vidas.

Nada ni nadie perdura en esta precariedad que hoy es soberana en Occidente. Un occidente que por siglos supo marcar – a sangre y fuego – identidades que brillaron por tiempos y espacios.

Estas encarnizadas insatisfacciones consigo mismo, estas apostasías orgullosas declamadas atronadoramente y estos asedios masivos a la privacidad, van corroyendo las ilusiones de construir y habitar una comunidad sustentable y hospitalaria.

Sumidos en esta debacle, no logramos huir de nuestros propios espectros porque no hemos aprendido a aceptarlos ni a domesticarlos. Son monstruosidades que llevamos dentro de cada uno de nosotros y con ellas intentamos inundar los vacíos que nos circundan.

Ese Occidente lleva más de un siglo hilvanando búsquedas infructuosas para hacer converger la ‘libertad’ con la ‘seguridad’, dos bienes escasos, indispensables y codiciados para la dignidad de la persona. Tantos han sido los intentos fallidos para lograr esa confluencia equilibrada, – a la que han abonado millones de vidas -, que muy probablemente tal meta sea humanamente inalcanzable. Ya nada está seguro bajo nuestros pies.

Resulta así extraordinariamente complejo – y hasta incomprensible -, ahondar en los motivos de quienes optan por morir invocando el triunfo de una causa eminente. Es en consideración a fines trascendentes, – con fundamentos ideológicos incardinados en el individuo -, por lo que el suicida se intima a esa inmolación final. Sacrificios que hoy se nos manifiestan irracionales, atroces y repulsivos. Ante esos “suicidios altruistas”, – que fueron descriptos por Emile Durkheim en sus escritos fechados en 1897 -, debemos confesar nuestra actual impotencia para comprenderlos en plenitud. Y ello en parte, porque vivimos inmersos en un mundo intermitente, desvinculado e imprevisible, que hace flamear al olvido y al exceso como estandartes propios.

La extrema actitud de cada mártir testimonia que pueden existir valores superiores a su propia vida y que es en su colectividad donde se albergan las seguridades sobre su lealtad y su sentido de la existencia.

La muerte, buscada y hallada en las guerras constructoras de una patria, se ha visualizado milenariamente como heroica y virtuosa. Esa pérdida – dolorosa e irreparable para su familia y sus amigos – ha sido agradecida, exaltada y mitificada por la comunidad sobreviviente. Así amasamos con sangre y estiércol el bronce de nuestros próceres.

En la conformación de las identidades nacionales, – con tolerables fundamentos históricos, geográficos, religiosos y étnicos -, el derecho a la guerra ha sido expresamente circunscripto en el siglo XX a través de legislaciones de alcance internacional… y bastardeado por múltiples cumplimientos fingidos y por masivos juramentos mendaces. De esa sacrílega caja de Pandora, se han desmadrado los encubiertos derechos al homicidio, al robo, a la devastación, al saqueo, a las violaciones, a las torturas, a las migraciones forzadas, a las limpiezas étnicas…Son apenas parcelas de horror que continuarán decorando museos, archivos, novelas y mitos.

La guerra por la anexión de territorios, por la modificación artificiosa de fronteras y por el desplazamiento de poblaciones, ha resultado ser – históricamente – un manantial de opulencia para los vencedores. Ellos esgrimen sinrazones legítimas para arrebatarle al débil su vida; invocan el derecho a la fuerza como base de autoridad y como respaldo a sus turbias inseguridades alimentadas de sospechas. La connivencia silenciosa entre los poderosos de la Tierra continúa siendo el arquetipo de las relaciones internacionales.

En 1945, habiendo triunfado las fuerzas aliadas en Europa se conformó la República Democrática Federal de Yugoslavia, que al año siguiente modificó su denominación por el de República Federativa Popular de Yugoslavia y en 1963 por el de República Federativa Socialista de Yugoslavia hasta 1991, año en que comenzó a oficializarse su desintegración y las distintas repúblicas fueron abandonando la avenencia y declarando – belicosamente – sus respectivas independencias.

La muerte – en 1980 – del octogenario caudillo croata, Josip Broz, llamado: Mariscal Tito y designado presidente vitalicio desde mayo de 1974,  fue el preludio del desenlace final de una política de convivencia obligada y de contención forzada. Bajo su sólido y autocrático liderazgo de casi cuarenta años, Yugoslavia supo mantener una digna  distancia del asfixiante estalinismo ruso, se permitió un cauto acercamiento interesado a los EEUU y se convirtió en país miembro fundador del Movimiento de Países no Alineados, juntamente con Egipto, Indonesia, India y Ghana. De esta manera Yugoslavia mejoró su situación diplomática en el mundo, estableció intercambios económicos y culturales con decenas de países y continuó diferenciándose de las rigurosas políticas de Moscú.

Es histórica, geográfica, demográfica y políticamente complejo el proceso de conformación y reacomodamiento de las piezas de esta federación multicultural. Puede ser definida a través de las múltiples teselas que dan forma al extraño mosaico yugoslavo. En él convivían con desigual grado de satisfacción: seis repúblicas socialistas (Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia, con sus provincias autónomas de Vojdovina y Kosovo y Metohija), siete religiones, cinco naciones, cuatro culturas, tres lenguas, dos alfabetos y un estado.

A principios de 1992 – y por causas no totalmente dilucidadas a la fecha -, se constatan las primeras víctimas mortales, – civiles serbios y bosnios – en la ciudad de Sarajevo, capital de Bosnia. Un mes después de estos asesinatos, el ejército popular yugoslavo  (JNA) estableció el bloqueo total de la ciudad. Tal asedio permanente impidió el libre desplazamiento de personas, de alimentos, de medicamentos, de combustible y de armas y el corte del suministro de electricidad, gas y agua potable durante cuarenta y cuatro meses. (desde el 6 de abril de 1992 al 14 de diciembre de 1995).

Las Naciones Unidas lograron asegurar una mínima supervivencia de la población civil de la ciudad a través del aeropuerto local. Por debajo de las pistas del mismo, los ciudadanos bosnios cavaron sigilosamente un túnel que fue terminado a mediados de 1993. Tenía 800 metros de largo, 1,5 metro de alto y 1 metro de ancho y fue utilizado por turnos en ambos sentidos. Hasta 3.000 personas llegaron a transitar por él diariamente. A través de esa precaria construcción, denominada “Túnel de la Esperanza”, se facilitó la introducción de 20.000 toneladas de alimentos, de 4 millones de litros de fuel-oil, de medicamentos e instrumental hospitalario, de 80.000.000 de kilowatts-hora de electricidad y de 4.000 toneladas de armamentos y municiones Se eludió – apenas -, el embargo internacional de armas aplicado por las Naciones Unidas a las partes en conflicto, cuyos controles resultaron tan ineficaces como injustos. Fueron denunciadas más de 80 empresas de 15 países por enviar armamento a croatas y bosnios. Actualmente se encuentra en la justicia argentina la denuncia por el despacho de siete embarques clandestinos por un total de 6.500 toneladas de material bélico hacia Croacia entre 1991 y 1995.

Esta Guerra de los Balcanes – que obligó al desplazamiento forzado de casi dos millones de civiles, en su mayoría mujeres, niños y ancianos -, tuvo un alto el fuego en octubre de 1995, después de dos masacres de civiles ocurridas en Markale, el mayor mercado en el centro histórico de Sarajevo, que produjo más de cien civiles muertos y cerca de dos centenares de heridos. Los Acuerdos de Paz de Dayton (Ohio-EEUU) en diciembre de 1995 permitieron el cese total de las hostilidades en el territorio de la actual República de Bosnia y Herzegovina.

Esa atrocidad de consecuencias catastróficas, que se extendió por cuatro años, modificó sustancialmente las relaciones interétnicas en la península balcánica y volvió a exhibir con inaudita jactancia ante el mundo los crímenes de lesa humanidad consumados cincuenta años antes. En julio de 1995, la masacre de Srebrenica, a 130 km. de Sarajevo, formó parte de un alevoso plan de exterminio de la población bosnio-musulmana por parte de las tropas serbo-bosnias, en razón de su identidad étnico-religiosa. Allí fueron asesinados más de 8.000 civiles varones. Dos años antes, el 16 de abril de 1993, la población de la aldea de Ahmici fue aniquilada por tropas croatas, 116 bosnios musulmanes fueron asesinados, incluyendo bebés, mujeres y ancianos.

El Gobierno bosnio declaró oficialmente el fin del sitio a su capital el 29 de febrero de 1996, al abandonar definitivamente las tropas serbias sus posiciones beligerantes en los alrededores suburbanos.

El sitio de Sarajevo había causado más de 100.000 víctimas (muertos, heridos y desaparecidos) tanto civiles como militares, el 85% de ellos bosnios civiles y un elevado número no determinado de violaciones sistemáticas a mujeres y niñas bosnias. Se debe contabilizar también la destrucción total y parcial de centenares de edificios públicos y privados, de templos y museos, de calles y rutas y de materiales culturales irrecuperables, como los manuscritos de la colección del Instituto Oriental de Sarajevo.

Todo este espectáculo dantesco de destrucción, muerte, corrupción, tortura, violación, hambre y degradación se exhibía cotidianamente a tan solo 800 kilómetros de Roma, ciudad que cobija a la Santa Sede, bajo el cetro de un papa polaco y con un servicio diplomático y de informaciones de probada excelencia milenaria. A 1.500 km se encuentra Ginebra, sede europea de más de treinta organismos internacionales, entre ellos, – ¡escandalosamente! -, la Cruz Roja Internacional, la Organización Mundial de la Salud y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

¡Imposible invocar desconocimiento sobre tales aberraciones en una Yugoslavia que se desangraba entre hermanos!…

Con vergüenza, nada nos ha pasmado durante esos cuatro sangrientos años… ¡Ni nuestra propia indiferencia!… Porque para los ’90 habíamos clausurado definitivamente las épocas altruistas de las luchas heroicas y de las cruzadas temerarias. Hasta nuestras tragedias íntimas pretendían exhalar un aliento de negligencia.

Hoy, 2017, la enmarañada organización política de la actual República de Bosnia y Herzegovina, concebida, – como su propia bandera -, en escritorios internacionales, hace que ese sistema inescrutable pueda atizar una nueva chispa de espanto en la muy versátil zona de los Balcanes.

Los jóvenes bosnios, nacidos al filo de esa guerra tan feroz como absurda, vagan por Sarajevo sin demasiada confianza sobre su futuro, – que les es huraño – y a la sombra de un pasado teñido de horror, que se transcribe en cada pared trepanada por obuses y metrallas.

Mario Corbacho.  Agosto 2017

3 pensamientos en “SARAJEVO, (Bosnia y Herzegovina). Esperanza y desatino.”

  1. El trabajo de Mario Corbacho-analizando la catástrofe sucedida en los Balcanes- muestra con intensidad e inteligencia los efectos del desajuste profundo de la globalización. Guerras sin sentido, desigualdades escandalosas, indiferencia de los liderazgos y transformaciones que están cambiando el mundo para siempre. En la Universidad de Harvard, el biólogo y entomólogo estadounidense Edward Wilson, describe con agudeza este punto de inflexión. “El principal problema de nuestro tiempo -dice Wilson- es que tenemos mentes paleolíticas, instituciones medievales, y tecnología de los dioses.” Al menos tomemos conciencia.

  2. Gracias colega Silvia por tus palabras.
    Nuestra profesión nos posibilita ciertas miradas que se ocultan a otros ojos. Muchas veces el horror traspasa la escenografía y se hace rostro humano…muy humano.

  3. Un viaje por el infierno, que como todo recorrido profundo de la condición humana-expresada en guerras, masacres e hipocresías imposibles-exige comprensión, reparación y voluntad de recuperar lo mejor del hombre. Una crónica brillante y sombría que describe con intensidad ciertas características de nuestra época: suceden los acontecimientos más terribles y al poco tiempo continuamos sin registrarlos , existen burocracias y expertos incapaces de evitarlos y el espectáculo del terror absoluto y del terror organizado continúa su marcha sin que nadie lo detenga. Algo debemos hacer y pronto.
    Felicitaciones al Grupo y al autor del trabajo.

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