RELIGIÓN E IMPERIO


“A veces la verdad, gusta ocultarse”. Heráclito

Introducción

El propósito de este trabajo es presentar la cuestión de la relación entre religión y política en los Estados Unidos.  Se trata de una temática especialmente compleja, con raíces históricas originales y de gran impacto en la sociedad, la política y la cultura. Sin embargo a pesar del  efecto que ejerce en decisiones estratégicas que afectan al mundo, carece de  una difusión proporcional a  su importancia.

Desde comienzos de este siglo, la religión acompaña ideológicamente al cambio sustancial de la política exterior norteamericana,  contribuye de manera explícita a la radicalización del  discurso público e interviene en la polarización de aspectos trascendentes de su vida social. El espacio religioso, conformado mayoritariamente por sectores evangélicos y pentecostalistas,  desempeña  una influencia cada vez mayor sobre los gobiernos en Washington y exige una atención preferencial en las campañas electorales.

Pretendemos describir  algunas generalidades sobre un  tema que merece ser estudiado rigurosamente y que por razones obvias, excede las posibilidades de este trabajo.

Planteamos la problemática desde nuestra perspectiva y aspiramos a que sea un estímulo para que las observaciones de nuestros lectores lo enriquezcan con  otros enfoques, nuevas miradas y mejores reflexiones.

Apuntes históricos

A comienzos del S.XVII, más precisamente en noviembre de 1620, a bordo del Mayflower,  un grupo de puritanos ingleses  cruzaron el Atlántico, desembarcaron en la costa este de América del Norte, en un área que llamaron Nueva Inglaterra, y fundaron una colonia cuya administración y organización comunitaria debía seguir estrictamente una rigurosa moral cristiana.

A criterio de estos pioneros, el cristianismo original había sido desvirtuado a raíz de la corrupción de las autoridades políticas y religiosas inglesas.  El término puritanos, que designaba a este grupo de inmigrantes, indicaba de modo literal su pretensión de purificar  la iglesia anglicana y restaurar en la práctica político-social, aquellos valores que  se consideraban afectados por el abandono de la verdadera palabra del cristianismo.

Precisamente los que realizaban aquel viaje memorable, eran puritanos y lo hacían según decían- por la gloria de Dios, y el fomento de la fe cristiana. Miles de colonos  llegaron en los años siguientes a  ese lugar imaginado y fantástico que ya nombraban como nuevo paraíso, y nueva Jerusalén, sintiéndose a sí mismos como protagonistas de una gesta  destinada a los elegidos.

En otras palabras, la colonización de los peregrinos puritanos irrumpía en América realizando la palabra bíblica y consumando el plan de Dios profetizado en las sagradas escrituras. Llegaban finalmente a la tierra prometida y habían sido señalados para fundarla, colonizarla y promoverla en el mundo.

Los motivos de la migración de los peregrinos del Mayflower son objeto de polémica entre los historiadores. Algunos aseguran que fueron perseguidos durante el reinado de Jacobo I, durante el S.XVII, otros afirman que ejercían libremente sus creencias.

En cualquier caso, el propósito de los puritanos al salir de Inglaterra habría sido en esencia, organizar una comunidad  alejada de la corrupción del poder anglicano y papista dominante en Europa. Los movía un profundo sentimiento religioso y esa fuerza los impulsaba a buscar nuevas fronteras y auténticas posibilidades espirituales. Creían en la construcción de una utopía social cuyo gobierno se basara en los preceptos bíblicos en su más estricta versión calvinista.

Es que en las colonias protestantes la ley evangélica se imponía por encima del Estado y un moralismo rígido traducido en una legislación que sancionaba fuertemente a quienes  se desviaran del programa religioso, caracterizaba sus relaciones sociales.

Para algunos analistas, esta tradición inicial y fundadora constituye el inicio de la trama que conforma, aun hoy, el sentido misional de la política global de los Estados Unidos de América.

Las bases religiosas.

Max Weber adjudicaba al protestantismo, especialmente a su versión calvinista, el carácter de impulsor del espíritu emprendedor y del deseo incontenible de obtención de riqueza por parte de la burguesía incipiente  en el siglo XVI. El punto central planteado por Calvino, además del ascetismo y otras virtudes abstractas, lo constituía la firme creencia en la predestinación divina, aquel decreto insondable por el cual Dios, antes de que la existencia ocurriera, había decidido para cada individuo el destino final de su vida eterna. Para decirlo claramente, según Calvino, algunos alcanzarían la salvación y otros serían condenados independientemente de las acciones concretas que realizaran en la vida terrena. Este juicio arbitrario, pre-existente a la realidad del universo físico y humano, habría sido realizado por la exclusiva decisión de la omnipotencia creadora  en un instante anterior al comienzo del tiempo, del espacio y de la creación del mundo. Según el calvinismo, “todas las partes y partículas del universo” tienen un papel preestablecido en el plan de la fundación del cosmos.

Para los elegidos, dice Juan Calvino, nacido en Francia y devenido luego en dictador de Ginebra, existían sin embargo, algunas pistas que le  indicarían al hombre su destino último en el transcurso de su vida en la tierra. Por ejemplo, el signo más notorio de que la salvación eterna estaba asegurada, lo indicaba la riqueza material y el trabajo firme y esforzado  dirigido  a obtener éxito en el mundo de los negocios.

Esta legitimación ética, religiosa e ideológica del puritanismo de raíz calvinista se implantó en la cultura norteamericana como una marca profunda que llegaría hasta nuestros días.

Si analizamos estas creencias en una perspectiva más amplia ubicándolas en una dimensión histórica, encontraremos la percepción que sus descendientes, los norteamericanos, tendrán de sí mismos: hombres iluminados, héroes justicieros y pioneros elegidos por Dios para revolucionar la historia y proclamar desde el nuevo mundo descubierto, la misión universal que les fuera encomendada desde el principio de los tiempos.

 

Teología y destino

Luego de lograda su independencia y durante el S. XIX los Estados Unidos experimentaron una expansión notable. La población que a principios del siglo no sobrepasaba los 5 millones de habitantes, llegó a multiplicarse varias veces en cincuenta años. El territorio se fue extendiendo desde el Atlántico al Pacífico y las condiciones económicas, demográficas y tecnológicas de esa política, se legitimaba través de un discurso basado en un fuerte componente religioso.

Alexis de Tocqueville, escribía: “En Estados Unidos la religión está inserta en todas y cada una de las costumbres nacionales y en todos los sentimientos que evoca la palabra patria.”

Por lo tanto es evidente la relación del hecho religioso con la formulación del concepto de destino manifiesto, utilizado frecuentemente como emblema nacional en la historia norteamericana. Fue usado por primera vez por John  O’ Sullivan  en un texto referido a la anexión de Texas. Allí se explicaba que la superioridad política y económica de los Estados Unidos no solamente le daba el derecho a colonizar la totalidad del territorio, sino que esa supremacía y su éxito notorio, era la clara demostración de que estaban compelidos a hacerlo por mandato divino.

Y si se observara atentamente la historia de los Estados Unidos veríamos a sus actos políticos, más allá de cualquier valoración sobre ellos- como portadores de una potente fuerza moral, cuyos objetivos deberían coincidir con los deseos de todos los pueblos del planeta. Las propias aspiraciones entendidas como verdades universales, constituyen la esencia del destino manifiesto de los norteamericanos.

Los Estados Unidos-desde el punto de vista del pensamiento de sus dirigentes- se explica como una nación indispensable, cuya “excepcionalidad” consiste en la misión sagrada de guiar al mundo hacia un sueño-el propio-, que deberá, a través de su cultura o mediante mandatos geopolíticos, ser compartido por todos.

El patriotismo estadounidense y sus valores sustentados en el  trabajo individual, la austeridad  y su servicio de catequesis mundial se ha visto profundizado y extendido en los últimos años tanto por los acontecimientos políticos, como por la aparición de una corriente integrista, apoyada en el proselitismo y activismo del cristianismo evangélico.

El pastor Billy Graham, a propósito de los atentados del 9/11, pronunció ante la presencia del presidente y ex presidentes de los Estados Unidos una homilía en la catedral de Washington.

“Una de las cosas que necesitamos en este país es una completa renovación espiritual. Necesitamos una renovación espiritual en Norteamérica. Y Dios nos lo ha dicho con Su Palabra”, Explicitaba así con inusual franqueza una interpretación fuertemente religiosa de los atentados terroristas.

Es que los fundamentalistas cristianos toman la Biblia literalmente y la convierten en su guía para  vivir, pensar y entender la historia.  En el libro sagrado, sostienen, no existen metáforas, y cada línea, cada párrafo debe comprenderse exactamente como está escrito. Así, millones de personas de todos los niveles sociales no sólo objetan las teorías científicas aceptadas y rechazan todo liberalismo de las costumbres,  sino que consideran que vivimos actualmente los últimos instantes de la especie humana. Nuestra época, afirman los predicadores, está marcada a fuego por el enfrentamiento entre el bien y el mal, por guerras devastadoras, hambrunas, epidemias y catástrofes, que no solamente le ocurren a los demás, sino a ellos mismos. La interpretación de la Biblia que recoge estas tendencias fue publicada por primera vez en 1909, pertenece a Cyrus Scofield y se utiliza como fuente principal en las corrientes fundamentalistas cristianas de los Estados Unidos.

Una derivación inesperada.

Existen actualmente diversas denominaciones religiosas derivadas del protestantismo clásico. Desde metodistas, presbiterianos y bautistas, hasta mormones, adventistas y por cierto evangelistas y pentecostalistas. Totalizan aproximadamente 50% de los habitantes de Norteamérica, según datos del último  censo del año 2010.

Inscripto y desarrollado en el seno de los grupos mencionados, una versión mesiánica y milenarista del evangelismo protestante ha crecido significativamente en las últimas décadas. Se trata del llamado, sionismo cristiano. Una caracterización breve, diría que es un movimiento integrado al fundamentalismo pentecostal  que respalda la soberanía de Israel sobre todo el territorio histórico y bíblico de Palestina, con la ciudad de Jerusalén como capital y centro sagrado irrenunciable.

Surgido en Europa en el S.XIX e introducido en los Estados Unidos por el pastor John Nelson Darby, el sionismo cristiano considera que solamente cuando el pueblo de Israel se extienda en todo el territorio comprendido entre el río Éufrates y el río Nilo (Eretz Israel, el Gran Israel, tal como lo dice el Génesis), tendrán lugar los acontecimientos anunciados por las profecías bíblicas: el Armagedón (la batalla final), y la segunda venida de Cristo que instaurará definitivamente el Reino de Dios.

La tesis de esta versión cristiana con base en los Estados Unidos, considera al  moderno Estado de Israel, como un hecho meta-histórico y esencialmente religioso, generado no sólo por la voluntad política reparadora hacia el pueblo judío, sino en cumplimiento de las profecías de las escrituras sagradas. Estos acontecimientos preanuncian y están íntimamente vinculados-según proclaman- con la llegada del anticristo,  la segunda venida de Jesucristo y al cabo,  el fin de los tiempos ,el apocalipsis y  la consumación de la historia humana.

El sionismo cristiano además de constituir un movimiento religioso, se ha ramificado hasta lograr un poder político creciente que no solamente integra el ala conservadora del protestantismo, sino otras ramas evangélicas moderadas, incluyendo  grupos presbiterianos, metodistas, y numerosas denominaciones de iglesias en los Estados Unidos.

A pesar de que no hay cifras precisas se estima  que bastante más de 20.000.000 de creyentes milita en esos movimientos, sin mencionar  sus ramificaciones internacionales.

La realidad

La actual situación por la que atraviesan los Estados Unidos es particularmente compleja. La declinación de su hegemonía, las guerras exteriores, la sobre extensión de sus responsabilidades globales, la crisis económica y la polarización creciente de su sistema político, presentan un panorama proclive al aumento de los extremos ideológicos. En este contexto las manifestaciones religiosas juegan un papel decisivo.

Cuando surgen activismos sociales como el Tea Party  y tanto la aparición de dirigentes políticos que militan en el conservadorismo más duro, como las corrientes evangélicas fundamentalistas promoviendo discursos milenaristas, renuevan con fuerza  aquellas tendencias profundas provenientes del carácter histórico originario de los Estados Unidos.

La insistencia y la abundante bibliografía circulante que anuncia, y predica los signos del apocalipsis, el fin de los tiempos y la directa intervención divina en los acontecimientos geopolíticos, explica –entre otras cosas-la alianza incondicional de sectores influyentes del sistema político con las posiciones más inflexibles e intemperantes que pretenden la restauración del Gran Israel profetizado en el Antiguo Testamento.

Su influencia en el diseño y ejecución de la política de los Estados Unidos en Medio Oriente es un tema que comienza a preocupar a los analistas en el mundo.

Ocurre que las alianzas teológicas suelen ser más intensas, implacables y peligrosas que los  intereses geopolíticos o económicos en juego.

Pensando el futuro

La religión y las creencias han sido preeminentes en la historia humana y todo imperio ha justificado sus acciones mediante la recurrencia a la religión o a los dioses dominantes. Pero en una época incierta, en que los valores se desvanecen y la globalización, el conocimiento y el funcionamiento de los mercados cambiaron las condiciones de vida de nuestro tiempo, debería ponerse atención en  las ideologías religiosas que en cambio de contener, moderar y elevar las virtudes espirituales, exaltan  sus tensiones  y apelan a los miedos ancestrales del alma humana.

Los EE.UU  han exhibido a lo largo de su historia, descubrimientos y avances espectaculares en ciencia y tecnología. Tanto su arte, su cine, teatro y literatura influyeron y se expandieron en el mundo. Han sido vanguardia en todas las ramas del conocimiento y han exportado al planeta entero su cultura y su modo de vida como indisolublemente ligados a los valores de la democracia liberal y los derechos del hombre.  Sin embargo y como una paradoja, subsisten en el seno más profundo de sus raíces históricas estratos irreductibles de creencias y certezas, que al margen de toda sensatez, expresan un carácter quimérico, sectario y próximo al fanatismo, propagando una visión profundamente irracional del mundo.

No se trata de una cuestión de religiosidad o ateísmo y ni siquiera la problemática se relaciona con las ideas o la libertad de pensamiento. Estados Unidos de América es hoy la nación más poderosa de la historia tanto por su presencia geopolítica global, su riqueza e innovación creativa, como por el alcance planetario de su influencia civilizatoria.  Por lo tanto su política general y muy especialmente su política exterior no debiera estar condicionada por el extremismo teológico.

Se requiere una máxima racionalidad política para atenuar los efectos de la divulgación masiva de las pasiones revestidas de leyendas. Mitologías  que finalmente, en cambio de beneficiar al hombre, pondrían en peligro la estabilidad del mundo.

Procuramos que la humanidad, más allá de las devociones,  naciones y culturas sea capaz de coexistir con las diferencias asumiendo que la verdad no es un dogma absoluto ni le pertenece exclusivamente a nadie sino-como enseñaron los maestros de la historia- es un camino de todos; una búsqueda compartida que debería hacernos mejores. “Todo lo que mutila la diversidad no ayuda a vivir”, dice un poeta.

Se sabe que  la “paz perpetua” kantiana es una utopía, pero aspiramos a  que la razón y la tolerancia logren imponerse sobre los intentos de oscurecer el juicio de los dirigentes y alterar el curso de la civilización humana.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Harold Bloom: La Religión Americana

Max Weber: La ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo

Alexis de Tocqueville. La Democracia en América

John Sullivan, publicado en Democratic  View en 1845

Stephen Sizer: Sionismo Cristiano. ¿Hoja de Ruta a Armagedón?

Según el último Censo Nacional del 2010, el 50% de los norteamericanos (150.000.000) profesan algún culto relacionado con el protestantismo en diferentes versiones y denominaciones  locales).

José Seco Villalba

24 noviembre

 

 

6 pensamientos en “RELIGIÓN E IMPERIO”

  1. Creo que es un buen punto de partida, analizar el matrimonio de Estado y Religión. Mucho más si ésta no es oficialmente vaticana, aunque hay mucho de la misma en USA. La “civilización” (¿¿¿???) norteamericana tiene en su haber: a) uso de la fuerza atómica en Japón, único país que hasta la fecha ha cometido tal acto de lesa humanidad,b) ruptura total con el islam, retrotrayendo la convivencia con el mismo a 1492, b) guerra ilimitada contra civiles, en violación de los Tratados de Utrecht y similares, y en violación de la Carta de la ONU, c) desprecio absoluto del medio ambiente, d) apoyo al genocidio y sometimiento de los países mediante doctrina de la seguridad nacional, d) ruptura del sistema económico internacional por la voracidad extrema de sus operadores bursátiles y financieros, e) mutilación de culturas humanísticas originarias, tanto de pueblos indígenas como de la cuenca del Tigris y Eufrates, cuna de la humanidad. f) Desprecio de la vida humana: la NRA, la venta indiscriminada de armas en su propio territorio, muestran una concepción NO humana ni tolerante de la convivencia.g) desprecio a los diferentes, a los pobres, a los sumergidos. Quisiera en este balance a vuela pluma, encontrar algún activo: no me sirven los avances tecnológicos ni medicinales, si encubren el ánimo crematístico unicamente, con desdén a los seres humanos.

  2. A la luz de los candidatos republicanos en los EE.UU la nota cobra gran actualidad. La religión será uno de los temas centrales de la campaña electoral

  3. José, excelente recorrido histórico y descripción de una sociedad que aún mantiene vigente la relación política-religión. Tengo familiares y tuve la oportunidad de conocer el país del norte, y sin duda la religión y sus líderes ejercen influencia (no diría decisiva pero si importante) en la sociedad estadounidense, donde hay Estados más permeables que otros.
    Con respecto al diagnóstico presentado en el punto “la realidad”, comparto la mirada, sin embargo la complejidad social no me permite llegar a una conclusión determinista sino mas bien observar la religión como un componente activo en esta propuesta de pensar el futuro.
    Un saludo, Darío.

  4. Leer la acción política de EEUU desde la perspectiva religiosa encarnada en un neomesianismo apocalíptico nos invita a pensar hoy no sólo en su violenta relación con el fundamentalismo islámico sino en su futuro “diálogo” con una tradición en declinación como lo es el catolicismo y su visión conservadora de la vida; pero sobre todo con otras como el budismo, taoismo o confucianismo, que perviven como sustratos religiosos en la China actual, potencia económica que se vislumbra hegemónica en los próximos lustros. Pensar la geopolítica a partir de los condicionantes religioso-culturales es un interesante abordaje que merece suma atención.

    Daniel Rofrano

  5. Creo que solo el supremo,para aquellos que lo reconozcan , podra traer luz y pacificacion.Una exhortacion profunda y exhaustiva.que invita a pensar. Liliana

  6. Claramente un trabajo iluminador. Queda expuesto, pues, que efectivamente no es casual o por meros intereses económicos la posición de EE.UU en Medio Oriente, sino que está arraigado en la más férrea fe, encontrando en esa región del planeta a otra fe también con la creencia de ser la elegida. Será muy difícil lograr la pacificación dado que este sionismo cristiano hoy tiene al Islam fanático como enemigo común con otra posición intolerante en su interpretación de las escrituras. La cultura del trabajo y esfuerzo que positivamente marco el calvinismo en el pujante y poderoso EE.UU llevándolo a ser el coloso que es hoy, también puede ser su talón de Aquiles. Este documento es un alerta y un llamado a la reflexión.
    Daniel

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