REFLEXIONES SOBRE LA LIBERTAD Y LA IGUALDAD

EL HOMBRE Y LA LIBERTAD

Armado con su formidable poder de abstracción el hombre no reconoce ni reconocerá jamás límite alguno pa­ra su curiosidad imperiosa, apasionada, ávida de saberlo todo y abarcarlo todo. Basta con decirle: “No irás más allá”, para que, con todo el poder de esa curiosidad irri­tada por el obstáculo, tienda a lanzarse más allá. Bajo ese prisma, LA Biblia se ha mostrado más lúcida que los positivistas y queriendo que el hombre comiera la fruta prohibida; le prohibió comerla.

Esa inmoderación, esa desobediencia, esa rebeldía del espíritu humano contra todo límite impuesto tanto si es en nombre de Dios como en nombre de la ciencia, constituyen su honor, el secreto de su poder y de su libertad. Es bus­cando lo imposible como el hombre ha realizado siempre lo posible, y quienes se han limitado “sabiamente” a lo que les parecía lo posible jamás avanzaron un solo paso.

El hombre es un ser gregario y se concreta humanamente en el seno de la sociedad en que vive.  Resulta de ello que sólo se realiza su libertad individual o bien su personalidad al complementarse con todos los individuos que le rodean, y únicamente gracias al trabajo y al poder colectivo de la sociedad. La sociedad lejos de dis­minuir y limitar, crea por el contrario la libertad de los individuos humanos.

La ley de la solidaridad social es la primera ley humana; la libertad es la segunda ley. Esas dos leyes se entrelazan y, al ser inseparables, constituyen la esencia de la humanidad. Así la libertad no es la negación de la solidaridad por lo contrario, es su desarrollo y, por así decirlo, la humanización.

Sólo soy verdaderamente libre cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres, de manera que cuanto más numerosos son los hombres libres que me rodean y más profunda y más amplia es su libertad, más extensa, más profunda y más amplia viene a ser mi libertad. Sólo puedo decirme auténticamente libre cuando mi libertad o, lo que significa lo mismo, mi dignidad de hombre, mi derecho humano, reflejados por la conciencia igualmente libre de todos, vuelven a mí confirmados  por  el asentimiento de todos. Mi libertad personal así confirmada por la libertad de todos se extiende hasta el infinito.

La libertad de los individuos no es en absoluto un hecho individual, es un hecho, un producto colectivo. Ningún hombre sabría ser libre fuera y sin el concurso de toda la sociedad humana. Los individualistas, pretendían que el hombre podía ser libre, que podía ser hombre, fuera de la sociedad, esa teoría denota un desconocimiento tanto de la naturaleza como de la historia.

Todo lo que es humano en el hombre, y más que nada la libertad, es el producto de un trabajo social, colectivo. Ser libre en el aislamiento absoluto

Podemos definir a la libertad, filosóficamente, como la capacidad que posee el ser humano de poder obrar según su propia voluntad a lo largo de la vida lo que, lo hace además responsable de sus actos. El estado de libertad define la situación, circunstancias o condiciones de quien no es esclavo, ni sujeto, ni impedido al deseo de otros de forma coercitiva. La libertad permite al hombre decidir si quiere hacer algo o no, haciéndolo también responsable de sus actos. Si el hombre no es responsable de sus actos, se entiende la libertad como libertinaje. Así la libertad implica una clara opción por el bien, solo desde esta opción, se estaría actuando en orden a la libertad.

 

La libertad tiene como precepto la autoconciencia y la responsabilidad moral, por lo que es individual en esencia, pues no puede nadie dar su propia libertad a otro, así mismo, esto hace que sea imposible eliminarla o contradecirla y es por ello que todos los actos humanos pueden ser imputables. Puesto que está situada en la interioridad de la persona, lo define. No se puede concebir que se sea realmente humano sin el deseo y el ánimo de ser libre de verdad.

 

Desde un punto de vista interior del ser, se define la libertad, para una persona, como la autonomía interna  o la maestría sobre la condición interna, que nos brinda o nos permite la posibilidad de actuar de acuerdo a los dictados de la razón, sus valores y en conformidad también con los valores universales como el bien y la verdad.

 

 

Ahora bien, todo lo expuesto es una explicación de lo que, según el razonamiento lógico, es la libertad desde la cosa consciente, construida desde la cultura y en concordancia con lo que la sociedad define como “hombre libre”.

 

En síntesis la libertad tiene a la naturaleza por principio, a la justicia por regla y por salvaguardia a la ley. La máxima, “Lo que no quieras para ti, no quieras para otro” establece los límites morales de la libertad.

 

 

Igualdad

No resulta fácil definir la igualdad, puesto que está íntimamente ligada a conceptos filosóficos que dependen, en buena parte, de los valores morales y culturales vigentes en cada lugar o época y, lógicamente, de las particularidades de los individuos que componen un determinado grupo humano.

El principio de Igualdad está fundado sobre el concepto de una Humanidad originaria del “Uno” primordial. Todos los seres vivos somos hijos de la Naturaleza. Esta igualdad, nos obliga al respeto por las diferencias, sean estas de cultura, sexo, raza, religión, etc. Debemos velar por un exquisito respeto a la diferencia –lo que implica ser generosos con los demás– para poder llegar a plasmar este concepto de igualdad

Y muy especialmente, la Igualdad supone la unidad básica de todas las manifestaciones del espíritu, por encima de diferencias externas o aparentes.

El único camino válido para desarrollar el concepto de Igualdad entre los hombres, llevándolo a una práctica justa y efectiva, es sentirnos hijos de una misma madre (la Naturaleza) y de un mismo padre (el Principio Universal de Vida). Una vez asumidas estas premisas, nos podremos sentir hermanos en nuestro interior. Este logro, nos conducirá a la equidad, respetando las diferencias que, por diversas razones, conducen a la rica diversidad del género humano.

Hablamos de libertad  e  igualdad sin  tener, muchas veces, una idea clara de lo que significa la una o la otra. Ambas son una quimera en lo que atañe al aspecto material de las mismas. Sin embargo, se lucha en todos los campos por la igualdad de derechos e igualdad de oportunidades en un sentido material, y por la igualdad bajo las leyes civiles, sin privilegios o arbitrariedades.

Sin embargo, por buscar más igualdad muchos han perdido su libertad relativa y basados en el mito de la igualdad material se han cometido más crímenes que en nombre de la Libertad. Por consiguiente se debe estar alerta para no caer en esas redes, pues tienen contexturas muy sutiles.

Los seres humanos no son ni pueden ser iguales en un sentido material. No somos iguales ni física ni desde ninguna otra magnitud. Somos distintos orgánicamente, en resistencia física, en coraje, en experiencia, en carácter, en determinación, en iniciativa, en capacidad mental, y en percepción espiritual. Es imposible que las oportunidades de la vida sean iguales para todos. Las leyes humanas pueden reducir las desigualdades materiales, pero de ninguna manera pueden hacer iguales a los que no lo son como personas. La igualdad no puede ser legislada por la sociedad.

Como sucede con la libertad es imposible definir la igualdad en términos materiales. La igualdad absoluta es atributo solo del espíritu. Esta realidad se va haciendo evidente en la medida que nos identificamos en conciencia con los demás y trascendemos las fronteras personales.

Todos los seres humanos son uno en espíritu. A esta unidad esencial y a este origen único le damos el nombre de Humanidad, en sentido kantiano. Detrás de los pares de opuestos hay una sola energía. Detrás de todas las aparentes diferencias hay una sola vida y una sola humanidad, sin distinciones o diferencias en su naturaleza esencial, su origen, su objetivo y modo de evolucionar. En estos atributos eternos todos los seres humanos son iguales. Más que en el hombre individual, sería más apropiado pensar en el hombre universal.

Todo el simbolismo en las cosmologías y cosmogonías históricas expresa, a través de la unidad y la armonía de todas sus partes, la Igualdad subyacente en todo lo que existe.

 

Oscar Pereyra.

 

 

 

 

 

 

2 pensamientos en “REFLEXIONES SOBRE LA LIBERTAD Y LA IGUALDAD”

  1. Jorge dice:
    17 de noviembre 12 hs.
    Un magnífico trabajo de Oscar. Aborda una doble temática polémica a lo largo de la historia de la humanidad. Dos conceptos tan transitados por filósofos, pensadores, sociólogos, historiadores, políticos y religiosos son analizados minuciosamente por nuestro amigo. Y se esfuerza y creo que con éxito, en quitarle toda connotación ideológica, por lo que me complace leerlo y releerlo para expresarle mis felicitaciones por este aporte a la humanidad en tiempos de cambios imprevisibles.

  2. Oscar nos propone un paseo agradable y estricto a través de dos conceptos que el pensamuento occidental ha macerado durante siglos. Un especial desafío es saber si en nuestro actual modelo socioeconomico, que se ha instalado planetariamente, seguirán siendo sostenibles la libetad y la igualdad tal como las concebimos desde el siglo XVIII.

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