Recuperando la Memoria

Lisandro de la Torre

En tiempos que la sociedad encuentra dificultades en la identificación de hombres y mujeres públicas, con claros atributos personales, logrados a lo largo de su existencia, con apego a valores que caracterizaron sus vidas, parece interesante bucear en algunos cuyos merecimientos no presentan dudas.

Este es el caso de Lisandro de la Torre, un argentino singular, que vivió una época convulsionada por hechos e ideas nuevas, cuyas múltiples facetas lo muestran impetuoso en la concreción de sus objetivos.

Fue el hombre desencontrado        que cultivaba la paradoja de combatir a los radicales, por querer ser más radical que ellos.

En los primeros años de su vida política, buscó afanosamente un ideal, un punto de referencia al cual dirigir sus anhelos, sus esfuerzos, malográndose en pequeñas rencillas de comité.

Radical, liberal y nacionalista, fueron tres motes que le fueron sucesivamente endilgados.  Sin embargo, su antiimperialismo lo llevó a una gloriosa vida parlamentaria, que trascendió las fronteras sin evadir las realidades más dramáticas del país.

Desde su banca de senador y ante el asombro de sus compatriotas, denunció las cadenas que nos ataban al Reino Unido: Convenio de Londres, Ley de Bancos y Moneda, Monopolios de las carnes y Coordinación de transportes.

Nació en Rosario, Santa Fe, en 1868. Hijo de inmigrantes, por sus ojos azules y su cabello rubio, se ganó el mote de “gringuito”.

Educado en un colegio católico, la primera vacilación de su fe se produce en ese marco.

Lector desordenado y persistente, la poesía y el ensayo filosófico muestran sus preferencias.

De esta vocación por la filosofía nació su devoción por Renán y por Espinosa.

Ejerció destacadamente su profesión de abogado, fue un hombre de cultura sólida y un gran polemista.

Fundó el pueblo de Barrancas, en la Provincia de Santa Fe, que le permitió ocupar una banca de diputado. Su accionar imprimió gran impulso progresista a la región sur de dicha provincia,  fundando la Liga del Sur, que luego daría vida al Partido Demócrata Progresista.

Por ese partido aspiró a la presidencia de la República, en oposición al candidato de la Unión Cívica Radical.

Se identificó con los ideales de los revolucionarios del 90, forjando un temple de hombre duro, admirador de don Leandro N. Alem.

Demócrata de ley, apasionado por la verdad, amante de su Patria, su talla moral y cívica se destaca por sobre sus contemporáneos.

Se brindó por el bien público y su vida noble fue ejemplo de ciudadano para las futuras generaciones.

En tanto, otro gran caudillo, don Hipólito Irigoyen, asume la defensa del hombre humilde, él se apoya en la burguesía industrial y rural, con el amplio cúmulo de cultura y talento que le permitieron dirigir “El Argentino” y “La República”.

La revolución del 90 adoleció en su etapa preparatoria de heterogeneidad de los grupos participantes en la que Lisandro de la Torre se sentía inmerso.

Sin embargo, el intelecto y su cultura, lo alejan de la realidad argentina. No advierte que el nivel político de las masas, marca el futuro. En lugar de estimular las virtudes, los elementos positivos del radicalismo, abandona sus filas, deviniendo sin quererlo en antirradical. Toda la frustración de Lisandro de la Torre, como político y del radicalismo como entidad reivindicadora de los derechos populares, se refiere al choque del hombre rosarino con Irigoyen, a la imposibilidad de andar juntos.

Aun cuando se manifestaba ateo, y nunca abandonó sus conflictos con la Iglesia Católica, jamás en su vida parlamentaria, de trece activos años, presentó ni apoyó proyecto alguno contra la Iglesia, contra la Fe, contra los católicos,  sus instituciones y principios.

Fue un defensor de un régimen de instrucción primaria, obligatorio, gratuito y laico a cargo del Estado.

Fue un valiente legislador que denunció al Reino Unido por su disfrute de ventajas inadmisibles:

.monopolio del transporte

.intervención activa en el laudo ferroviario.

.dominio del Banco Central Argentino

.ingerencia en el control de cambios.

.libertad para imponer restricciones ilimitadas, con el fin  de asegurar un nivel de precios remunerativo en el mercado interno del Reino Unido

.facultad de distribución del 85% de licencias de importación, consolidando los trust ingleses y norteamericanos

.control de la organización autónoma de la exportación nacional de carnes argentinas por firmas argentinas con propósitos comerciales

.compromiso del gobierno argentino de no reducción de tarifas ferroviarias

.obtención de rebajas en aranceles

.obtención a favor del comercio inglés de la totalidad del cambio proveniente de compras inglesas

Estas denuncias incluían estos conceptos:

.Los intermediarios se quedan con toda la utilidad

.los precios bajos son las causas de la crisis ganadera

.la capitulación de los frigoríficos argentinos

.el sometimiento de la misión argentina en Londres

.la impasibilidad de la Juntas Nacional de carnes

.la indefensión de los ganaderos argentinos

.la protección del monopolio inglés

.los privilegios del gobierno británico

.la situación inicia de los pequeños ganaderos

Estas denuncias derivaron en investigaciones parlamentarias con medidas de antología (allanamiento de barcos, detención de empresarios, etc.) que quedaron al descubierto las graves irregularidades del Tratado Roca-Runciman.

El alegato de de la Torre hizo temblar al Imperio Inglés y a sus asociados de la oligarquía vacuna.

Valga, como otro ejemplo válido de sus ideas y de su acción, su pensamiento sobre el régimen municipal.  Para él la comuna es la base de la estabilidad  de un país, la garantía más eficaz del orden, la ayuda más poderosa del espíritu práctico de la libertad. Una sociedad sin municipios libres y organizados reposa en el vacío

Nada mejor para conocer su pensamiento y su formación que transcribir parte de una de sus cartas póstumas: “…tuve siempre excelentes intenciones y quise en mi actuación, servir honestamente a la tierra en que nací y el bien de la humanidad. La muerte nada representa para mí si no causara perjuicios. Juzgo mi situación con absoluta tranquilidad, como si se tratara de un tercero y me siento sereno y fuerte. Entre los muchos errores que he cometido, con las mejores intenciones, debo colocar el de haber aceptado la dirección de una fuerza política. Yo no era un hombre político, porque en ningún momento subordinaba los procedimientos a las concesiones y consideraciones que son indispensables para llegar al poder. No tenía ambiciones de mando, por eso sacrifiqué mis convicciones. De ese modo, fui concientemente al aislamiento y a la anulación”

El cinco de enero de 1938, cerca del mediodía, fue encontrado el cuerpo sin vida de quien eligiera la muerte por mano propia, como consecuencia de una vida inspirada en concepciones altamente idealistas que no admitieron la sombra del fracaso.

Jorge Oscar Aguilera

Bibliografía consultada

Díaz, Elvira Aldao     Cartas de Lisandro de la Torre

Larra Raúl,                Obras de Lisandro de la Torre

Ingenieros José           Sociología Argentina