LOS MITOS EN LA REALIZACIÓN ESPIRITUAL

 

 

 

 

 

El mito se presenta bajo la forma de un relato ficticio: imagina una situación y narra una historia, que, como toda historia, comprende una acción y unos personajes: sean Eros, Prometeo o los héroes; sea un cautivo o el demiurgo, sea el alma viajando por el Hades o alimentándose de verdades. La forma narrativa del mito, fantasiosa, burlesca o dramática, lo aproxima a la fábula, la parábola o la alegoría, pero lo distingue de la simple imagen, de la metáfora, del paradigma o de la analogía que salpican la obra de Platón.

 

El mito recurre a la imaginación antes que al razonamiento, y a veces a la sensibilidad estética o al sentimiento religioso.  Entonces el discurso mítico se revela como el único que puede hablar de ciertas cosas: el mundo sensible en perpetuo devenir en el que nuestra inteligencia tiene tan pocos asideros, las grandes cuestiones esenciales de la metafísica (el alma antes y después de su estancia en el cuerpo, la divinidad o el Bien…), en resumen, aquello que se encuentra a la vez aquí y más allá del discurso posible de la filosofía.

 

El mito no es, en tanto que tal, un método para buscar la verdad sino un medio para exponer lo verosímil. Si excluimos casos extremos de relatos alegóricos, con finalidad esencialmente lúdica o pedagógica; propone, una hipótesis plausible pero no verificable, sugiere algo probable. Algo probable que, por el hecho de serlo, no debe ser subestimado:

Si bien el mito no aspira a la verdad absoluta, aspira en cambio al sentido. No debe ser leído o escuchado por sí mismo: tiene un sentido oculto, es portador de un mensaje, exige por tanto ser superado, traducido, interpretado y descifrado; y si el autor nos da a veces las claves de un modo posible de descifrarlo, el mito suele quedar libremente abierto a múltiples niveles de significación que un sólo comentario no sabría agotar.

 

El mito contiene implícitamente una doble intención pedagógica: en primer lugar, claro está, porque ilumina al interlocutor en dificultades y descansa al espíritu fatigado, o se convierte en el sostén de una demostración que de otra manera resultaría difícil de explicar. El mito no tiene una sola moraleja como las fabulas de Esopo o de La Fontaine es un acicate moral y muchas veces un fermento espiritual.

Por lo demás, el género es indefinible. Los criterios son inciertos, las fronteras son borrosas entre las diversas formas de discurso ideadas. Sus orígenes algunos son conjuntos de pasajes legendarios, más o menos adaptados, otros son completas invenciones; en cuanto a su extensión algunos son sólo unas pocas líneas y otros ocupan libros enteros. Existe un amplio abanico de formas para clasificar los mitos, pero lo más destacable es que el mito: evoca y sugiere: propone a nuestra imaginación en vez de hablar a nuestra inteligencia, no afirma la verdad, ofrece un sentido. Veamos unos ejemplos.

 

 

El Mito de Prometeo

 

El mito de Prometeo se sitúa en la historia de una creación evolutiva, marca el advenimiento de la conciencia, la aparición del hombre. Prometeo hurta a Zeus, símbolo del espíritu, el fuego para traerlo a la tierra. Zeus lo castiga encadenándolo a una roca en el Cáucaso y lanzando sobre él un águila que le devora el hígado, que por las noches vuelve a regenerarse.

Símbolo de los tormentos de una culpabilidad rechazada y no expiada, pero Heracles lo libera de las torturas, rompiendo sus cadenas y matando el águila con una flecha. El centauro Quirón, le lega su inmortalidad y Prometeo puede así acceder al rango de los dioses.

Este proceder tiene detractores y defensores. Hesíodo les atribuye la astucia, la perfidia, los pensamientos falsos en oposición a los dioses. En cambio Esquilo lo alaba por haber usado de su hurto “el fuego brillante del que nacen todas las artes, para ofrecerlo a los mortales…..ese fuego, señor de todas las artes, tesoro sin precio. Si, dice Prometeo, yo he liberado a los hombres de la obsesión de la muerte……e instalado en ellos ciegas esperanzas…….les he regalado el fuego……..de él aprenderán artes sin número. El sentido del mito se aclara por el sentido mismo del nombre Prometeo que significa “el que piensa antes” o “el pensamiento previsor”.

Simboliza la revuelta, no de los sentidos, sino de la mente, la mente que quiere igualarse a la inteligencia divina, o al menos arrebatarle algunos destellos de luz, es la acción creadora en beneficio de la humanidad, es la razón en pugna con la fuerza como la personificación de lo grande y elevado contra lo bajo y lo rastrero. Prometeo movido por su amor a los hombres les regala el tesoro del fuego sagrado, aunque se haya visto obligado a robárselo a Zeus, quien le hace pagar cara su generosa dadiva.

Prometeo nos recuerda la insatisfacción y el despecho que sentimos cuando nos asiste la razón pero somos impotentes para hacerla prevalecer. Es la acción generosa, representa algo más que el castigo que condena a un ladrón que ha robado el fuego: es la misma humanidad condenada a una lucha continua, sin que logre ver saciado nunca el buitre cruel que roe sus entrañas.

El de Prometeo es uno de los mitos griegos que ha gozado de mayor favor en la literatura contemporánea.

Modernamente el complejo de Prometeo agrupa todas las tendencias que nos empujan a saber tanto como nuestros padres, tanto como nuestros maestros o más que ellos.

El Mito de la Caverna de Platón

En este mito, Platón relata la existencia de unos hombres cautivos desde su nacimiento en el interior de una oscura caverna. Prisioneros de las sombras oscuras propias de los habitáculos subterráneos; además, atados de piernas y cuello, de manera que tienen que mirar siempre adelante debido a las cadenas sin poder nunca girar la cabeza. La luz que ilumina el antro emana de un fuego encendido detrás de ellos, elevado y distante.
Imaginemos entre el fuego y los encadenados un camino elevado a lo largo del cual se ha construido un muro, por este camino pasan unos hombres que llevan todo tipo de figuras que los sobrepasan, unas con forma humana y otras con forma de animal; estos caminantes que transportan estatuas a veces hablan y a veces callan.

Los cautivos, con las cabezas inmóviles, no han visto nada más que las sombras proyectadas por el fuego al fondo de la caverna -como una pantalla de cine en la cual transitan sombras chinas- y llegan a creer, faltos de una educación diferente, que aquello que ven no son sombras, sino objetos reales, la misma realidad.

Se afirma que los encadenados no pueden considerar otra cosa verdadera que las sombras de los objetos. Debido a la obnubilación de los sentidos y la ofuscación mental se hallan condenados en tomar por verdaderas todas y cada una de las cosas falsas.

Luego se explica que si uno de estos cautivos fuese liberado y saliese al mundo exterior tendría graves dificultades en adaptarse a la luz deslumbradora del sol; de entrada, por no quedar cegado, buscaría las sombras; más adelante y de manera gradual se acostumbraría a mirar los objetos mismos y, finalmente, descubriría toda la belleza del cosmos. Asombrado, se daría cuenta de que puede contemplar con nitidez las cosas, apreciarlas con toda la riqueza polícroma y en el esplendor de sus-figuras.

No acaba aquí el mito, sino que el prisionero entra de nuevo al interior de la caverna para dar la buena noticia a aquella gente prisionera de la oscuridad y esclavizada, haciéndoles partícipes del gran descubrimiento que acaba de hacer, a la vez que debe procurar convencerles de que viven en un engaño, en la más abrumadora falsedad. Infructuoso intento, aquellos pobres enajenados desde la infancia le toman por un loco y se ríen de él. Incluso, si alguien intentase desatarlos y hacerlos subir por la empinada ascensión hacia la entrada de la caverna, si pudiesen prenderlo con sus propias manos y matarlo, le matarían; así son los prisioneros: ignorantes, incultos y violentos.

Con este texto Platón nos muestra su forma de entender la relación del hombre con la realidad.

Lo hace poniendo al hombre en un escenario cerrado con un sistema ya predefinido Esta cárcel representa la ignorancia, el conformismo y es la metáfora de esa cárcel mental en donde estamos todos, ya que todos damos muchas cosas conocidas como reales a pesar de no haberlas comprobado, observado ni estudiado, y por lo tanto sin haberlas entendido realmente.

En el otro punto Platón presenta al sol, como la sabiduría, el conocimiento de la realidad. Teniendo este contexto, nos plantea el problema donde el hombre que es capaz de escapar de su prisión, podrá conocer el mundo que le rodea desde el punto de vista de la realidad, de la sabiduría. Pero mientras se acerca a la realidad se aleja de su propio mundo como tal ya que ha conocido varias realidades.

Con el mito de la caverna, lo que pretende Platón es hacernos ver tras una metáfora dos mundos, el del conocimiento y el de la ignorancia.

Esta distinción de los dos mundos podemos verla porque en el mito el mundo de la ignorancia está representado por la caverna donde se encuentran los individuos encadenados y lo único que pueden ver delante suyo son sombras, lo que para ellos es la simple realidad. En la otra cara de la moneda se nos presenta el mundo del conocimiento, de las ideas, en el momento en el que uno de los individuos que está encadenado puede escapar y ver todo lo que hay fuera de la caverna.. Con todo esto Platón nos quiere representar el mundo real, donde todos los individuos nos cerramos en la ignorancia y esa ignorancia no nos deja ver lo que tenemos a nuestro alrededor, que es el conocimiento, la sabiduría. Es más cómodo encerrarnos en la ignorancia.

A través del conocimiento nos damos cuenta de que vivimos en un mundo falso, y que con el conocimiento encontraremos el mundo de las ideas.

La verdad es dolorosa, por eso preferimos vivir en el mundo aparente, dentro de la caverna, que es mucho más cómodo.

El proceso de conocimiento es un proceso educativo. Dentro del mundo real, el sol, la luz, la verdad y el bien son las ideas más importantes. La meta de la educación es conocer el mundo de las ideas y además conocer la idea más importante, el bien.

Cuando consigamos el bien, completaremos nuestro proceso educativo.

Enseñanzas del Mito:

La caverna simboliza nuestro mundo sensible en el que las personas viven engañadas confiados de que todo aquello que saben sobre las cosas y de sus vidas es verdad.

Las personas ignorantes que tienen prejuicios, creen todo lo que se dice y no piensan por sí mismos, las cadenas son la imagen de su ignorancia y les cuesta mucho abandonar ese estado. Los prejuicios, rumores y las imágenes distorsionadas de la realidad, son las sombras de los objetos.

La pared contra la que se proyectan las sombras representa los medios mediante los cuales se difunden y afianzan los prejuicios y creencias. En época de Platón, la poesía, el teatro, la retórica de los sofistas;… hoy en día podríamos hablar de la televisión y el cine fundamentalmente.

A lo largo del mito ver, mirar y la visión en general son siempre metáforas de “conocer”, del mismo modo que la luz es metáfora de conocimiento, cuanta más luz, más verdadero es el conocimiento.

Platón habla de que los hombres son obligados a la ignorancia. En el mito incluso tienen las cabezas atadas para no torcer la mirada. Puede ser esta una denuncia de que la situación de mantener a la población en la ignorancia es una decisión política. Los gobernantes mantienen en la ignorancia al pueblo porque así es más fácilmente manipulable mediante retórica barata y discursos sin contenido.

En el texto se aclara que liberar de sus cadenas significa curar de su ignorancia. Con esto se refiere Platón a la Educación

Platón da a entender que la educación debe ser un proceso coercitivo, los prisioneros son obligados a mirar a la luz.  El ignorante no desea abandonar su estado y hay que obligarle. El educarse es un proceso que cuesta, en el que se necesita esfuerzo

Este mito está dentro del libro “LA República”, es decir, es una obra política que nos indica cómo hay que educar a las personas para que puedan gobernar. Los gobernantes, según Platón, deben ser los más sabios, es decir, éstos han conseguido encontrar el mundo de las ideas y el bien.

Podemos sacar en conclusión que el saber es un compendio de realidades, y volviendo a la idea primitiva, el camino de la sabiduría es el camino arduo y pesado que tenemos que recorrer para conseguir  esa realización espiritual con la que iniciamos estas reflexiones.

 

Oscar Pereyra.