LA VIDA REPUBLICANA COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD

 

 

delacroixpVísperas del Bicentenario 1816 – 2016

La vida republicana en la Argentina de hoy, existe para incentivarnos en la recreación democrática, para entrenarnos en los desafíos impuestos por una realidad nacional y regional en permanente cambio; en definitiva, existe para que logremos dar respuesta a las constantes preguntas que nos seguimos formulando desde el principio de los tiempos de nuestra bisecular nacionalidad.

Esa vida republicana logrará impregnar en cada uno de nosotros, solamente si estamos dispuestos a continuar el viaje que hemos comenzado en aquel primer asilo en la hégira democrática, que fue nuestro primer ingreso en un cuarto oscuro electoral. Sublime itinerario que continúa, hoy, siendo un esfuerzo creador y de lucha constante – en el aquí y el ahora – para dar respuestas aceptables a los enigmas cotidianos a resolver.

La vida republicana ha nacido de la exigencia por mayores libertades, cuya privación o restricción ha provocado, – siempre -, el ahogo y el deterioro de la supervivencia humana.
A esa vida la vamos aprendiendo a ejercer como habitantes, como ciudadanos y como dirigentes, y ella depende más de la atmósfera externa de la que provenimos y en la que nos nutrimos, que de las cambiantes normas electorales y de las costumbres partidarias, que son artificialmente producidas en nuestros perecederos sistemas políticos.

Si tuviésemos que redactar una única fórmula, ésta sería: “seamos cuanto podamos ser, colaborando para que los otros sean”.
Por ello, será gratificante que no nos tracemos límites, ni en las formas ni en los contenidos. Las rutas son múltiples. La vida republicana es una. No nos resignemos a ser según un único modelo, sino reflexionemos sobre todos aquellos que seamos capaces de inventar.

Como ciudadanos de una república es repulsivo tolerar farsas demagógicas y pérdidas de tiempo y de energías, fingiendo talentos democráticos que no existen o prometiendo a los ciudadanos la apropiación de lo inalcanzable. Tales mentiras y corrupciones abominables, legitiman los circuitos de la pobreza económica y cultural, que conscientemente buscan rehenes para la próxima elección.
Vamos sembrando durante nuestra vida adulta, con la esperanza –a veces ingenua- de estar en el tiempo de la cosecha. En cada acto electoral damos puntual cumplimiento a esa esperanza que se renueva. Ése es uno de los caminos para descubrir y abordar los complejos y gravísimos obstáculos que nos va imponiendo la existencia.

Somos hombres y mujeres libres e iguales ante las leyes. Ésta fue la única justificación por la que se nos abrieron las puertas de la independencia, cuyo bicentenario celebraremos en breve.
La libertad, que hoy logramos respirar en la mayoría de las instituciones argentinas, debe significar libertad de pensamiento y de expresión, libertad de opinión y de crítica, tanto para los representantes de los oficialismos fugaces como para cada uno de los miembros de las oposiciones. Con ello debe quedar excluida la imposición de todo dogma, de todo credo obligatorio, de todo aplauso partidario y de toda camarilla iluminada.

Deberíamos preguntarnos cada día si es posible desarrollar esta indispensable cuota de pensamiento crítico en un marco de doctrinas impuestas y de ideologías intimidatorias, sea cual fuere su signo.
Deberíamos rejuvenecernos en el diálogo, en la controversia, en el choque de opiniones, en la discusión entre las orientaciones diferentes. Son todas dinámicas que nos sumergen en la profundidad del amplio respeto mutuo y de reconocimiento absoluto por el derecho de todos para exponer su propia y fundamentada opinión personal.

Como hombres y mujeres argentinos seguimos siendo protagonistas de nuestra historia. No han faltado los intentos por querer convertirnos en títeres obsecuentes, manejados sutilmente desde la trastienda por hilos ocultos.
Cuando los ciudadanos fuimos acallados por la intolerancia y siempre que se condenó como hereje a quien pensaba diferente, la dignidad del hombre perdió una batalla y las tinieblas poblaron el horizonte de la Razón.

Por ello para que siga latiendo la vida fértil de nuestra República es indispensable la activa intervención de todos nosotros en ella.
Cada uno debería representar públicamente la pericia y la honradez, frente a la ineptitud y al envilecimiento . . . que han avanzado descaradamente;
Cada uno debería ser la prueba de la agudeza, de la bondad y de la lucidez intelectual, frente a la trivialidad y a la abierta estupidez de la barbarie . . . que nos han invadido sin que hayamos emprendido, todavía, notorias resistencias.

Hoy, en vísperas de tan representativo bicentenario:

• Atrevámonos a seguir asombrándonos, porque en esa voluntad por descubrir lo nuevo, descansa el último secreto de la vida. En eso radica la Libertad, a la que no podemos rehuir ni temer, porque es la base de la dignidad humana.
• Intentemos mantener un espíritu rupturista con la ortodoxia de algunos líderes iluminados y con el dogmatismo de muchos discursos. En eso radica la Igualdad, fundamento histórico del espíritu republicano que repugna de privilegios odiosos y de ventajas personales.
• Cultivemos el compromiso con los que menos saben, con los que menos pueden, con aquellos que no accedieron a las oportunidades que otros han tenido y han podido aprovechar. En eso radica la Fraternidad, como aspiración que limita los derechos del más fuerte y que nos hace superar la sensación de insignificancia y de soledad moral.
En esta vida republicana es responsabilidad de cada unos de sus ciudadanos velar por la dignidad de la persona humana, y entender que, como lo expresó el Dr. Manuel Azaña, Presidente de la 2da. República Española en 1936:
“La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres”.

 

Mario Corbacho. Diciembre 2015

1 pensamiento en “LA VIDA REPUBLICANA COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD”

  1. Un trabajo serio y profundo que dice: comencemos por nosotros mismos. El camino se inicia cuando los valores abstractos se encarnan en el alma humana deviniendo reales y concretos, aceptando las diferencias con el otro, ejerciendo el pensamiento crítico y trabajando por la paz. Oportuna reflexión en tiempos de grietas y de furiosas intensidades.

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