LA TENTACIÓN DEL HASTÍO

Consideraciones en relación al trabajo de Jorge Marasco:   Vivimos en una era sin héroes.

Las líneas que nos ofrece Jorge Marasco para advertirnos acerca de la cercanía al abismo merecen un especial elogio.
La profundidad de ese análisis en la brevedad de su redacción, es una característica de su estilo claro, conciso y ecuánime.

Me permito ofrecer algunos limitados aportes a esa inteligente perspectiva.
1) El escenario nacional – potenciado por un contexto internacional errático -, nos asoma arriesgadamente al filo de ese barranco del que nos habla Jorge. Esta vez nos empujan hacia el vértigo los cantos de sirena mediáticos. Son esas formas de violencia sutiles, anónimas, que hormiguean por todo el sistema. Así, el enemigo se hace invisible. Está en todas partes, en cada mensaje, en cada manifestación, en cada silencio y en cada ausencia.

2) Como “sujetos del rendimiento”, nos encontramos exhaustos y abrasados (burnout); desarrollamos perversamente una autoagresividad que se agudiza cada día. Como el hámster de la rueda, nos consumimos en un ajetreo extenuante. Hace más de una generación que no alcanzamos a percibir que alguna meta insigne haya sido alcanzada.
Un extraño sentimiento generalizado de abatimiento y postración va agotando nuestra soberanía personal y grupal.
Buscando superar nuestras propias sombras nos enzarzamos en agravios y desacreditaciones que profundizan fracturas centenarias. La incertidumbre nos agobia. Y el código binario “amigo/enemigo”, “ganancia/pérdida” es ciego ante el “bien común” que debería prevalecer en la República .

3) Transitamos hoy por un “infierno de lo idéntico” y ese vacío de propuestas políticas se atiborra de discursos burlescos con escenificaciones grotescas. La política de la exhibición y de la posverdad está huérfana de comunicación. Y mientras tanto, el gobierno y la oposición procrean más individuos desechables y excluidos, aptos apenas para votar en el próximo octubre.

4) El creciente exceso de hipercomunicación e hiperinformación, esos cantos de sirena cotidianos, amenaza nuestro sistema psíquico y se convierte en impulsos destructivos. Una progresiva basura comunicacional pretende ser seductora y atractiva. En realidad, el paulatino aumento de esas inmundicias en la interlocución nos dispersa, embrutece y paraliza.
Nos trasmutamos en fáciles víctimas de una violencia simbólica que perpetúa nuestra postración.

Mario Eduardo Corbacho

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