LA RETRETA DE LOS BABY-BOOMERS

 

                                                          

Por Mario Eduardo Corbacho

                                                                  

  1. I)Corre camarada, lo viejo está detrás de ti”. Graffiti en el Hall Gran Anfiteatro. Sorbona. 1968

 

En 1933 José Ortega y Gasset expuso en un curso de la cátedra Valdecilla de la Universidad Central, (actual Universidad Complutense de Madrid), doce lecciones magistrales. En la tercera de ellas puntualizó la “idea de la generación”, que reanudará desde distintas perspectivas en las dos siguientes lecciones del curso.

El filósofo español hace más de ochenta años se interrogaba acerca de la angustia de ese homo sapiens que “…en uno y otro continente no sabe qué hacer”. Una lúcida predicción sobre las décadas del horror europeo que siguieron a sus reflexiones y cuyas consecuencias nos continúan intimidando como seres sustancialmente históricos.

Nuestra fatal adscripción a un tiempo limitado e irreparable, a un grupo de edad, a un consecuente estilo de interpretación del poder, de la vida y de la muerte, nos hace miembros plenos de una generación. Pese a ello llevamos incrustados dentro de nosotros los errores, las incertidumbres, las complacencias y las justificaciones intangibles de las generaciones anteriores.

Así el pasado va mutándose en presente y el futuro se nos aparece siempre plural, polimorfo y escurridizo.  Es en este presente hostil, – donde gesticulamos como náufragos en un arrecife de confusiones – que constatamos nuestras propias limitaciones e insuficiencias.

Reconocidos autores de las ciencias sociales y de las humanidades han postulado diversas formas y contenidos al concepto de generación como una metáfora de la construcción social del tiempo. Entre otros muchos, A. Comte, K. Mannheim, W. Dilthey, A. Gramsci y Z. Bauman han planteado a la generación como una de las categorías más influyentes en los debates ideológicos y políticos del Occidente contemporáneo.

Una muy accesible – aunque sin duda cuestionable – clasificación de las generaciones que sobreviven en esta segunda década del siglo XXI, sugiere siete (7) niveles que, por orden cronológico, son los siguientes:

  • Generación Interbellum: para los nacidos entre 1900 y 1914.
  • Generación Grandiosa: para los nacidos entre 1915 y 1925
  • Generación Silenciosa: para los nacidos entre 1926 y 1945.
  • Generación Babyboom: para los nacidos entre 1946 y 1960
  • Generación X: para los nacidos entre 1961 y 1981
  • Generación Y o Millennials: para los nacidos entre 1982 y 1999
  • Generación Z: para los nacidos a partir del año 2000.

El crecimiento demográfico a nivel planetario es constante y descontrolado. Ello sigue provocando un exceso de concentraciones humanas urbanas, gravísimas tensiones sociales, invasiones territoriales, migraciones forzadas, guerras y desigualdades progresivas.

Asistimos perplejos a una – hasta ahora – cautelosa, inédita y crucial revolución demográfica: el número de personas que en todo Occidente supera los 65 años va en creciente aumento.

Estadísticamente se prevé que para 2050 se habrá duplicado el actual porcentaje de personas mayores de 65 años y en la actualidad existen países europeos con una población cercana al 20% de babyboomers.

La Organización Mundial de la Salud indica que un país se encuentra en fase de envejecimiento cuando su población mayor de 65 años supera el 7 %. El promedio de la Unión Europea es del 19%; (Italia= 23%, Portugal y Finlandia=21%; Suecia, Bulgaria y Grecia=20%; Dinamarca, Croacia, Austria, Eslovenia y España= 19%). Un dato demográficamente alarmante: el 27 % de la población del Japón es mayor de 65 años y por séptimo año consecutivo su saldo vegetativo es negativo, o sea, ese país no crece demográficamente. En la Argentina, según cifras del INDEC, el 10,5% de la población supera esa edad y las proyecciones para 2050 llegan al 19%.

Esta es una de las muchas consecuencias colaterales de los procesos de industrialización y urbanización: tasas de natalidad bajas y en disminución histórica y esperanzas de vida crecientes.

Es la denominada “bomba de tiempo demográfica” que se manifiesta en la proporción entre el número de hijos dependientes y de personas jubiladas de la actividad laboral, por un lado, y el número de personas en edad productiva incorporados al mercado laboral, por el otro.

Este progresivo – e incontenible- envejecimiento poblacional coacciona a la opinión pública ininterrumpidamente para aumentar los presupuestos previsionales, sanitarios, de seguridad social, de ocio y de recreación, que deberán estar garantizados por la población activa laboralmente, que cada vez emerge menos numerosa en la pirámide invertida.

Las primeras consecuencias socio-políticas se están registrando públicamente a través de las manifestaciones de millares de ciudadanos jubilados y próximos a retirarse de la vida laboral, que reclaman sus derechos económicos y de la seguridad social, con abucheos y pancartas callejeras. Esto se detecta hoy en una Europa vacilante y desconcertada a la que diariamente invaden migrantes forzados de regiones menos favorecidas del planeta. Un continente que bracea sumergido entre las controversias secesionistas de sus propios nativos y la fertilidad de movimientos xenófobos, populistas, eurófobos, nacionalistas y religiosos.

El permanente desarrollo tecnológico, la obsolescencia veloz de las técnicas y los múltiples descubrimientos científicos, han estimulado la puesta en marcha de políticas de retiros laborales por vejez e invalidez y el establecimiento de sistemas públicos, privados y mixtos de jubilaciones, que desde finales del siglo XIX  con O. von Bismarck, se han impuesto con dispar fortuna en Europa y en las Américas.

Por el contrario, en las sociedades de economías rurales, de subsistencia y con graves falencias sanitarias y educativas, es indispensable que toda la población que se encuentre en condiciones físicas de trabajar, lo haga desde la primera infancia hasta entrada la vejez.

Los movimientos sociales de lucha contra de la discriminación en razón de la edad, (como también en razón de la diversidad sexual o racial y en contra de las tropelías de gobiernos despóticos y depredadores), van logrando reconocimientos explícitos en las zonas urbanas de varios países industrializados.

Estas corrientes – que persiguen cambios en las actitudes de la ciudadanía y en la orientación de las políticas públicas -, son una de las características de los babyboomers, cuyos rasgos primitivos estuvieron signados por el optimismo, el idealismo y el talante contestatario, manteniendo con la autoridad una difusa relación de odio-amor. Durante los 60 y los 70 festejaron la idea de suprimir realidades y erigir un planeta acorde con su imaginación que accedería al poder, radicalizando su autonomía con respecto a las costumbres y a los valores hegemónicos de la sociedad en que se estaban educando.

Las ampulosas declaraciones – que en forma cíclica y redundante – emiten los organismos internacionales laicos y religiosos dedicados burocráticamente a la defensa de los pobres, de la infancia, de los derechos laborales, de los ancianos, de los migrantes y de las personas con discapacidades, son apenas oquedades, que quedan redactadas en tibias argumentaciones a incógnitas tan vitales como desafiantes y provocativas:

  • ¿qué hacer con tanta gente que está comenzando a sobrevivir, más allá de los promedios históricos?
  • ¿cómo distribuir la escasez de productos y servicios entre una población activamente productora y otra excluyentemente consumidora?
  • ¿quién y por qué decidirá el destino prioritario de los colosales presupuestos en alimentación, vivienda, salud y seguridad?

Quizá en lo íntimo de nuestro ser no queremos formularnos tan perturbadoras preguntas.

Pero éstos y muchos otros interrogantes nos interpelan, al cumplirse el centenario de la terminación de la Gran Guerra que cobró más de 10 millones de víctimas y el cincuentenario de la cadena de protestas conocida posteriormente como el Mayo francés y la publicación de la encíclica papal Humanae Vitae, referida al control de la natalidad y la vida sexual humana.

Estos dos últimos hechos puntuales de repercusión mundial, han marcado ciertos trayectos a la generación del baby boom que se encuentra hoy en perspicaz retirada.

 

  1. “La tragedia de la vejez no consiste en ser viejo, sino en haber sido joven”. Oscar Wilde. (18541900)

 

Los jóvenes de los ´60/´70 abrazaron distintos estilos contestatarios como formas de rechazo a la homogeneidad ofrecida por lo que ellos denominaban “el sistema”.

Su participación en actividades contundentes y radicales, su búsqueda de estados alterados de conciencia a través de alucinógenos, estimulantes y depresores, su opción por la simplicidad voluntaria de la vida cotidiana, sus prácticas sexuales heterodoxas y su aversión al consumismo, formaban parte del corpus de su catecismo cordial y rudimentario. De una doctrina herética y disconforme que había nacido en los Estados Unidos de Norteamérica como un movimiento pacifista y antiautoritario se fue derivando una prolífica heterogeneidad de corrientes juveniles de masas.

El poeta Allen Ginsberg (1926-1997), la música folk en el Greenwich Village de Nueva York y en Berkeley (California), las obras de teatro callejero en San Francisco (California), el consumo corriente y ritual de drogas y la apología de las prácticas hedonistas, antimilitaristas y antisegregacionistas, tonificaron las reacciones sociales, políticas y legislativas de los sectores conservadores y tradicionalistas de cada país en los que estos modos y formatos de “sociedad juvenil alternativa” se iban asentando.

Todos los países de nuestra región fueron tristemente fructíferos en golpes de estado y gobiernos militares que accedieron al poder por vías no electorales. Durante el período comprendido entre 1953 (Colombia y Venezuela) y 1990 (Chile) la decena de naciones sudamericanas y las seis de Centroamérica , toleraron la irrupción militar en sus procesos políticos, con desigual fortuna y permanencia. Durante ese mismo período los baby-boomers palpitaron su infancia, su adolescencia y su juventud.

La Argentina sufrió, con el golpe militar de junio de 1966 el congelamiento autoritario de la actividad política partidaria y el triste espectáculo de “la noche de los bastones largos”, un eclipse académico del que jamás se recuperó la vida universitaria. Una gestión oficial represiva y de censuras cargadas de moralinas ridículas, – amparadas en la concepción que las modas exaltaban la sensualidad y el cuerpo – prohibieron la puesta en escena en el Teatro Colón de Buenos Aires de la ópera Bomarzo, de M. Mujica Láinez y A. Ginastera; similar suerte corrieron los escotes y los baños naif de Isabel Sarli, las melenas de los estudiantes varones y las minifaldas de las jóvenes urbanas…Pero el pragmatismo de un mundo en  impetuosa mutación, fue arrollador e impiadoso con el oscurantismo de los conciliábulos enquistados en el poder militar de la autodenominada Revolución Argentina.

 

Muchas de las corrientes juveniles cosmopolitas de la época convergieron con movimientos reivindicatorios coetáneos (derechos civiles, igualdad racial, liberación sexual, antibelicismo, humor subversivo, prensa contracultural…).

La peregrinación mundial de los babyboomers fue atraída por decenas de ciudades en Europa y Asia (Londres, Amsterdam, Ibiza, Estambul, Teherán, Lahore, Lhasa, Bombay…). Existe todavía en Katmandú (Nepal) una pequeña calle céntrica denominada FreakStreet, que recuerda a los miles de jóvenes norteamericanos y europeos que transitaron por esa milenaria, singular, hospitalaria y altamente permisiva capital.

Dos manifestaciones musicales extraordinarias marcan el apogeo del movimiento juvenil de los babyboomers: el Verano del amor en el parque Golden Gate de San Francisco (1967), fue un festival hippie influido por figuras musicales como The Mamas and The Papas, The Beatles, The Doors, Jimi Hendrix, Pink Floyd y Janis Joplin. Allí se reunieron a más de 200.000 jóvenes provenientes de varias partes del mundo occidental y de Australia. Y del 15 al 18 de agosto de 1969 el Festival Woodstook, (Estado de Nueva York), que convocó a medio millón de asistentes. En la actualidad (y desde 1986) se organiza anualmente durante el mes de agosto en Black Rock, Nevada el Festival Burning Man. Aunque posee algunas características de la subcultura juvenil de los ´60/´70, (inclusión, autoexpresión, desmercantilización, participación, respeto por el ambiente natural) se lo puede observar profundamente afectado por la axiología de la sociedad capitalista.

La búsqueda de respuestas existenciales derivó a muchos miembros de esta generación hacia el sincretismo religioso y hacia prácticas cultuales alternativas e iconoclastas. (new age, neo paganismo, chamanismo, prácticas orientalistas, meditación zen). Simultáneamente en la Iglesia Católica Apostólica Romana comenzaban a trepidar las conclusiones del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) y desde la sede pontificia se imponía una moral sexual refractaria a toda actividad genital no conducente a la procreación. (1968). En la actualidad, paradójicamente, los escándalos lascivos de los que están siendo acusados reconocidos miembros de la jerarquía eclesial, esparcen la repulsión sobre varios aspectos de esa comunidad religiosa estadísticamente mayoritaria en nuestras latitudes.

Esta generación que está hoy en franca retirada del mundo laboral, apostató en su juventud de los nacionalismos cerriles, de las regulaciones estatales asfixiantes y paternalistas, de la burocratización y el consumismo crecientes, del militarismo opresivo y de la ilegitimidad, la injusticia y la corrupción encubiertas en la instalación de las empresas multinacionales.

Estos millones de babyboomers no conformaron una organización estable ni homogénea de carácter ideológico o partidario. Solamente se podrían formular algunos ejes mínimos que sustentaron a esta generación: ciertas inclinaciones hacia el respeto por el medio ambiente (que derivaron más tarde en los movimientos ecologistas), la facilitación de experiencias de autogestión, el reconocimiento del hedonismo y su defensa del derecho al placer y la verificación de un contexto holístico más igualitario y menos autoritario. Esa esperanza de construir una sociedad fraterna y armónica fracasó drásticamente por el rechazo rotundo a compartir.

No es posible eludir la insinuación que también ciertas subculturas iracundas y hasta violentas, tuvieron como protagonistas a representantes de esta generación: punk, skinhead, góticos, dark … que postularon cosmovisiones escépticas, melancólicas, nihilistas, insultantes y/o belicosas con el mundo circundante.

Al llegar a su mayoría de la edad, – los miembros adultos de la generación que van ingresando a la burocráticamente definida tercera edad, – fueron siendo absorbidos por la cultura hegemónica de cada región de residencia.

Como lo expone Cioran : “Lo que corresponde a quien se ha rebelado demasiado es no tener ya energía más que para la decepción” (El aciago demiurgo. 1969). Si bien se han integrado con distinto grado de plasticidad a las corrientes dominantes de pensamiento social, político y económico de los ’80, ’90 y siglo XXI, su espíritu inconformista, rupturista y libertario puede ser rastreado hoy en las expresiones artísticas de autores sexagenarios y más.

El influjo de esta generación en las artes de fines del siglo XX es innegable. Sus huellas indelebles en el cine, la literatura y las múltiples manifestaciones plásticas ya forman parte del acervo cultural de nuestro planeta. En varios de los nuevos movimientos estéticos denominados: “neo expresionismo” (Alemania), el arte povera” y la “trasnvanguadia”, (Italia), la “nueva imagen” (EEUU), la “figuración libre popular” (Francia) o “el arte de envolver” (de Christo y Jeanne Claude) se pueden observar expresiones de repudio hacia los valores plásticos tradicionales y una búsqueda persistente de lo inédito y hasta lo insólito. En algunos casos se propone una redefinición del pasado desde la perspectiva presente, acentuando la mirada subjetiva que expresa sentimientos y emociones con espontaneidad y crudeza.

Los baby-boomers fueron espectadores privilegiados del registro cinematográfico de la década de los ´70, muy generoso en perspectivas tan sutiles como cáusticas acerca de la realidad de la época.

Así es como temas referidos a la violencia institucional y grupal, a la hipocresía, a la sexualidad, a la corrupción, al poder o a la religiosidad, fueron expuestos con desenfado y sinceridad punzantes.

Ejemplos de ello son: La naranja mecánica (1971); Cabaret (1972); El último tango en París (1972); El discreto encanto de la burguesía (1972);  la saga de El Padrino (1972,1974 y 1990); El golpe (1973; Papillon (1973);  Amarcord (1973); Sérpico (1973); El espíritu de la colmena (1973); La conversación (1974);  Perros de paja (1975); Taxi driver (1976); Cría cuervos (1976); Novecento (1976); Todos los hombres del presidente (1976);  La Guerra de las galaxias (1977);  El cazador (1978); Apocalipsys now (1979), La vida de Brian (1979 y El expreso de medianoche (1979) entre otras muchas obras que merecerían especial mención.

 

  • “La conciencia de una virtuosa vida pasada y el recuerdo de las muchas obras que se han hecho, son cosas que producen intensa alegría”. Marco Tulio Cicerón. (106-43 AC) (De senectute).

 

La primera cohorte de los baby-boomers (1946-1956) ha iniciado su crepúsculo laboral. El inusitado proceso que ha comenzado a drenar las arcas de la seguridad social en Occidente exige considerar – perentoriamente – las formas de financiación del retiro de las próximas generaciones. Los miembros de esta generación envejecen de maneras diferentes a las de sus predecesores. Ellos han debido estar muy atentos a las crecientes necesidades de la prolongada ancianidad de sus padres y, en simultáneo, atender los requerimientos de la infancia y de la extensa y demandante adolescencia de sus hijos.

Varios hitos fueron marcando su crecimiento: los avatares de la Guerra Fría (1945-1985); la prolongada Guerra de Vietnam (1959-1975); el hombre en el espacio extraterrestre (1961); los movimientos guerrilleros en Latinoamérica (desde 1959) y el concomitante auge del militarismo regional; las revoluciones estéticas e ideológicas de las décadas del 60 y del 70…

Y hoy, en este atardecer generacional, las críticas a las prácticas enviciadas del capitalismo contemporáneo y las referencias discursivas al “imperialismo”, a la “burguesía”, a “las clases poseedoras”, a “los desposeídos”, al “Pueblo”, se presentan añorantes de la épica de la Comuna de París (1871), de la Toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques (1917) o del Pequeño libro rojo (1964). Sin embargo, el origen pluricausal de los sucesos que están aconteciendo, – por su forma, contenido y proyecciones – dificulta radicalmente aplicar interpretaciones que fueron –tal vez- legítimas y efectivas hace medio siglo.

La sobrevaloración de la vitalidad y de la exposición pública de los cuerpos frescos, la apología de la velocidad y el homenaje caprichoso a la obsolescencia de objetos, costumbres y relaciones tienden a invisibilizar a las personas que envejecen extraviadas en un infierno de sujetos aislados.

Hace cincuenta años, el sapiens joven no estaba seguro sobre qué pensar y cómo actuar acerca de sus circunstancias. En ese acercamiento tenue y sigiloso hacia una contingencia impredecible, irrevocable y anónima, el babyboomer optó, extenuó su fantasía, dilapidó sus tentativas y derribó murallas. La gran diferencia es que al actual sapiens joven lo han arrumbado sin convicciones, sin vehemencias…sin mundo contra el que valga la pena bramar. Aturdido con estímulos, impulsos e informaciones banales y ajenas, se lo somete a un anonimato humillante.

El escritor italiano de la resistencia Primo Levi (1917-1987), al final de la década del ‘40 advirtió sagazmente: “Debemos ser cautos en delegar a otros nuestro juicio y nuestra voluntad”. Es una advertencia autorizada y efusiva para todas las generaciones en todo tiempo y lugar.

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1 pensamiento en “LA RETRETA DE LOS BABY-BOOMERS”

  1. Tengo para mi que el trabajo de Mario Corbacho en su secuencia histórico-cultural significa un aporte valioso no sólo al reconocimiento de un tiempo histórico que algunos sobrevivientes recordamos con nostalgia sino también, y no es mérito menor, el hacernos partícipes de una problemática demográfica y asistencial cuyo trasfondo socio-cultural no suele estar en las preocupaciones de las dirigencias nacionales, . En síntesis, una demostración más de las calidades literarias, pero sobre todo humanísticas, de nuestro fraterno amigo marplatense.

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