La Plaza del 23 de octubre con mis amigos y la Presidenta

Por Carlos Berini

El sábado 22 me llamó Leopoldo Marechal a mi teléfono de línea, como es su costumbre entre las 11,30 y antes de las 12 del mediodía.

-“Hola, como estás. Ahora que Elbiamor no me escucha … ¿te parece que mañana nos encontremos en la Plaza a festejar? Cualquier cosa, vos me llamás después del cierre del comicio y me decís que Coscia quiere hablar conmigo. ¿Entendiste bien?”– me apuntó y ordenó, sin darme tiempo a saludarlo.

“-Entendido, QSL, cambio-” y un abrazo peronista fue mi señal de inteligencia y conformidad. Corté y seguí leyendo el diario; seguía preocupado por mi novedosa fidelidad política al veterano intendente japonés de mi “paisito” (léase Vicente López), con el desasosiego por el eventual desembarco por PROa.

“Tiempos difíciles o me estoy poniendo viejo” pensé, mientras daba las últimas chupadas a la bombilla que se resistía a finalizar el ritual del mate.

Ahí nomás, me vestí y me fui al Bar “Gandini” para tratar de encontrar a Raúl Scalabrini Ortíz en su mesa, aprovechando que el día se estaba descomponiendo. Mirando el cielo, decidí no ir a navegar: siempre me causa placer el rigor de Raúl y la picardía de sus gestos, ocultos por el encanto de su palabra sentenciosa.

“-Miren quien llegó! Sentáte don Carlitos, y tráiganle un café corto, que éste siempre anda nervioso”– me apestilló Scalabrini no bien me bajé del coche luego de estacionar en la placita de Olivos ejecutando una maniobra digna de un remolcador del Dock Sud.

“Me llamó don Polo para ir mañana a la noche a la Plaza, tarde. ¿Te prendés?”– le dije yendo directo al grano. Siempre me da resultado con el genio de Raúl, parco con los charlatanes.

Su mirada vagó un rato por el campanario de la iglesia de Jesús en el Huerto de los Olivos, por los puestitos de artesanía en la plaza y luego, de soslayo me respondió

“Sí, pero sabé que el tema es mas profundo. De todos modos, es bueno sentir el pulso del pueblo”– dijo, y se preparó para hablar. Me acomodé en la silla, y pedí un tostado para soportar el viaje intelectual de mi amigo.

-“Me gustaría charlarlo con Leopoldo, pero me parece que mañana a la hora de cierre, se consuma la unión definitiva entre la Eva mítica peronista que hoy es Cristina y el pueblo argentino. Tendría que escribir nuevamente El hombre que está solo y espera… estuve meditando y creo que es la mujer argentina la que estuvo sola y esperando. Recordá a Juana Azurduy, a las maestras norteamericanas que trajo Sarmiento, a Lola Mora, Aurelia Vélez, Encarnación Ezcurra, Merceditas San Martin, a Damasita Boedo, algunas de las tantas que fueron más que los hombres con los que estaban … me parece que la cuestión de género me va mejor desarrollarla a mí que al monje laico tomista”- dijo con una sonrisa de disculpa por la calificación que yo secretamente comparto.

Bajó los ojos oscuros, y casi en un murmullo dijo:

-“Cristina viene desde el fondo de los años de sueños, no sólo de los nuestros en Forja o en el gobierno de Perón, sino desde aquel tiempo de la poesía y del canto que empezó con Violeta Parra, Gabriela Mistral y Mercedes Sosa, enfrente de Victoria Ocampo y Alejandra Pizarnik y transmutó en Paco Urondo y Juan Gelman. Mirá Carlitos, estamos embebidos de poesía … ” – se miró las manos, y luego terminó su café.

Después de un rato en silencio, me miró fijo y bajando la vista se dijo en voz baja:

-“El peronismo tiene una sola virtud: desnuda al poder en cada uno y lo desencarna. Cuando se llega a la conducción, es faústico: sos un demonio o un angel. Pero nunca sos el mismo de donde saliste. Por eso, siempre está en el aire el tema de la traicion, la muerte del maestro Hiram y el sacrificio pascual” dijo repentinamente y me parecio que era tiempo de irme pagando los cafes. Me quedó rondando la cuestión de género en la cabeza.

Durante todo el domingo disfruté de la gimnasia de votar en mi paisito, conversar con los compañeros que apoyaban al japonés, y orejear el resultado final con el otro Macri.

Cayó la tarde sin darme cuenta que tenía que buscar a Silvia por su casa y convencerla de ir a la Plaza, y además con mis amigos. No fue necesario mas que un

-“Nos espera Leopoldo Marechal en la Plaza y dentro de un rato lo pasamos a buscar a Raúl Scalabrini Ortiz por su casa, aquí cerca en Olivos”- y como siempre la respuesta femenina:

-“¿Estoy bien vestida así, para verme con esos dos ángeles?”- y mi respuesta supuestamente ingeniosa, al no saber cómo agradecerle su compañía:

-“Mi amor, el ángel aquí sos vos”- Mohín de placer y a buscar a uno y a encontrar al otro.

Apenas subió al auto, después del saludo caballeresco tan propio de su estilo, Raúl nos dijo:

-“Ganamos por el 54%, es la primer presidenta reelecta en América, y como dirá Leopoldo, esta noche habrá comunión de todos los santos en la Plaza, porque se celebrarán las bodas alquímicas entre el pueblo y su re – Elegida. Esa entrega es forja de héroes y heroínas”. Iba a responderle pero siguió diciendo

-¿”Me entendés Carlitos? Cristina es la legitimación de la cuestión de género en nuestro país. Es un continuo con todas las mujeres que votaron por primera vez por intercesión de Evita, que soñaron con sus hijos e hijas “doctores” y se los entregaron muertos y desaparecidos. O peor, exilados, externos e internos. Esas madres originarias fueron amas de casa, obreras o sirvientas, algunas en el mejor de los casos maestras, pero esperaron para ser escuchadas a través de sus hijas. Esas fueron las madres de Cristina, Alicia Kirchner, Nilda Garré, Débora Giorgi, Elena Highton, Estela Carlotto, Mercedes Marcó del Pont, Hebe Bonafini, Tati Almeida, Carmen Argibay, y cientos y miles de mujeres que hoy están en los puestos de mando y comando del Estado, sin importar su filiación sino su capacidad.”

Silvia lo miró y con su tono dulce de escultora y artista le respondió:

-“Raúl, el país cambia de la mano de Cristina, y también con Margarita Stolbizer, Vilma Ripoll, Beatriz Sarlo. Ahora las mujeres somos protagonistas en esta nueva república. Sabe Raúl?, Cristina es parte de esa búsqueda que tuvo respuesta en Evita y que Isabel traicionó, con el consentimiento del mismo Perón que la puso en el poder de un modo inútil y cruel. Ahora es nuestro tiempo, el de saldar las cuentas pendientes”- dijo y enmudeció, mirando hacia las luces del Obelisco.

Yo sabía que para Raúl Scalabrini Ortiz ese es un tema central, su relación cuasi transversal con Perón: el ego del general.

Dejamos el automóvil en Esmeralda y Perón, y nos fuimos caminando. No lo habíamos convenido, pero sabía que a Leopoldo lo encontraríamos en las escalinatas de la Catedral. Con paso alegre recorrimos las cuadras por Diagonal Norte hasta llegar a la Plaza.

Efectivamente, en las escalinatas se recortaba frente a un paisaje de banderas, humo, luces y pantallas, la figura inconfudible de Marechal con su pipa., mirando con atención a las columnas de jóvenes de “La Cámpora”. “Movimiento Evita”, MPP, y fascinado por la bandera roja del PCCE.

Apenas nos arrimamos, después de darle un cariñoso saludo a Silvia, me preguntó por cada una de las banderas y sus significados, transformándome en una suerte de Guía Michelin de las diversas tendencias. Luego, sonriendo me interrogó

“¿Y don Berini, se cumplieron o nó los sueños de los sesentones de los setenta?-“, justo en el momento en que la Presidenta comenzaba a hablarles a los jóvenes de la Plaza.

Escuchamos en silencio, mirando el agitar rítmico de banderas y el latido de la juventud. Resonó la convocatoria a profundizar el modelo, el llamamiento a organizarse a lo ancho y a lo largo de la patria y a mantener el eje de la inclusión como fundamento de la marcha, estando atentos a las circunstancias internacionales.

Aplaudimos y nos miramos sonriendo al son de la música y el canto de “Avanti Morocha” en los altoparlantes. Nos fuimos caminando los cuatro tranquilos de vuelta al estacionamiento. Eran más de las 0,30 am y el lunes había que trabajar.

Nos detuvimos en la esquina de Diagonal y Esmeralda, para saborear unos choripanes dudosos, acompañados por una latita de cerveza.

Mientras tanto, nos reíamos de la cara de don Leopoldo que había gambeteado al colesterol, y de Raúl que nos decía que “la comida con compañeros, no es comida sino ágape, y nada hace mal medicamente”, mientras Silvia se colgaba de su brazo y lo miraba de costado en señal de incredulidad.

Me atreví a decirles

-“Cristina llamó a todos a la unidad, pero para mí es algo más. Convocó a trabajar desde este piso que hoy tiene la Argentina en el mundo, a todos los argentinos. Ofreció al país su voluntad de llevar a buen puerto el barco, pero con todos a bordo. Necesitamos que sean generosos con nosotros y con la propuesta. Necesitamos ideas, brazos, voluntades, amor, fraternidad, solidaridad, necesitamos seguir encontrándonos, todos juntos …”

Fue Scalabrini Ortiz el que me interrumpió y con voz profunda dijo

“Carlos: necesitamos desarmar el menemismo, el duhaldismo, la burocracia sindical, eso es profundizar el sistema. Pero debemos hacerlo bien, a conciencia, con los mejores juristas y economistas y siempre con el pueblo convocado. Debemos ir a fondo con los grupos de poder, lograr mayor participación de los trabajadores en el resultado final; necesitamos Ferrocarriles, Aerolíneas, ELMA, Flota Fluvial, Puertos que sean argentinos, comercio exterior en manos del gobierno y nó del “mercado”, nos debemos la reforma financiera, viviendas, salud. Eso es el modelo, eso es la inclusión … vamos a tener que trabajar muchísimo, acá nadie se puede jubilar, hay que ayudar desde atrás a los mas jóvenes. El país es de ellos. Nosotros sembramos y la cosecha ha sido abundante: no cortemos las flores, porque esta es la primavera de la Patria”, y me abrazó y sentí que Andrés, Tito, Silvia, Rosita, mis “cumpas” estaban ahí mirándonos y se abrieron mis ojos a las lágrimas.

Le musité a Raúl al oído: -“Estamos hechos de sueños, lo hermoso es que algunos se cumplen …”-

Tomé la mano de Silvia, y los cuatro nos fuimos por la Cruz del Sur y la constelación de Orión, rumbo a nuestro paisito, a ver cómo había quedado el japonés en la pequeña península de vicente lópez.

Mañana comenzaba una nueva etapa.

VICENTE LOPEZ, 25 de octubre de 2011

3 pensamientos en “La Plaza del 23 de octubre con mis amigos y la Presidenta”

  1. Una semana de las elecciones y casi un siglo.Corridas, nervios, campañas, economistas opinando como hace 30 años, una película que ya vimos los argentinos. Tampoco soy K, somo dice la arquitecta, pero veo que los intereses en juego son los mismos.Mi familia va a la costa y con los pesos alcanza.Y además la descripción de la plaza, con poetas incluidos, es una lectura inspiradora. Me gusta el sitio y la libertad de expresión de ideas diversas. Soy lector de portales de Internet y son uno de los mejores.

  2. Soy arquitecta y no pertenezco al mundo K ni a la política pero el enfoque del autor me pareció, además de respetuoso, profundamente estético y creativo, recurriendo a la inspiración para que el lector logre reproducir los sentimientos. Como es algo infrecuente en la política-llena de fanatismo e intolerancia considero ejemplar que haya lugar para este tratamiento. POr otra parte me sorprende la participación de multitud de jóvenes en esta especie de épica que consideraba artificial y prefabricada. A lo mejor llegó el momento de abrir los ojos. Felicitaciones.

  3. Veo que todo estuvo apacible, casi sin demasiada pasión según me transmite el autor. Cuestión que no me inclino a atribuir a la escena sino a la transmisión del cronista, ya que “la Plaza” emanaba pasión, emotividad, compromiso y comunidad.
    El único problema, hubiera sido que se hubiera cruzado ud. con un Leopoldo Lugones, que de casualidad, estuviera camuflado por allí.
    No me parece mi amigo, que mañana comience una nueva etapa, porque esa frase tiende a aludir a un cambio radicar. A menos que ud considere que comienza una nueva etapa para aquellos que no han sabido leer hasta ahora la cultura política, en eso acordaría.
    Comienza una nueva primavera.
    saludos a sus kumpas!

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