LA MENTIRA EN SU LABERINTO O EL MINOTAURO ARGENTINO

 

“Estos acontecimientos no ocurrieron jamás,

pero existen siempre.”-Salustio, De los

dioses y del mundo, IV,9

“La ultima encarnación de Edipo, el continuado

Idilio de la Bella y la Bestia, estaban esta tarde

En la esquina de la Calle 42 con la Quinta Avenida,

Esperando que cambiaran las luces del

Transito”– Joseph Campbell1

Por María Elena Rodríguez

Es un hecho innegable el espacio que el mito ha ganado en nuestros días. El hombre actual habla del mito, alude con frecuencia a mitos, usa sus nombres en nomenclaturas, pero ignora que tiene y vive sus propios mitos privados que operan secretamente en él. Joseph Campbell hace una acabada síntesis: …”Las religiones, las filosofías, las artes, las formas sociales del hombre primitivo e histórico, los primeros descubrimientos científicos y tecnológicos, las propias visiones del sueño, emanan del fundamental anillo mágico del mito… Son productos espontáneos de la psique y cada uno lleva dentro de sí mismo, intacta, la fuerza germinal de su fuente” 2

 

Podría dudarse de la bella afirmación, pero las ciencias coinciden  en que la evolución de la psiquis humana solo afecta a  la conciencia, el inconsciente apenas ha variado desde fines del Paleolítico. Las imágenes primordiales-o imágenes arquetípicas- perduran y reaparecen en símbolos, mitos y en comportamientos humanos con extraña supervivencia e insospechadas semejanzas.

 

Carl G. Jung sostenía que en un punto determinado, hasta existe una tendencia regresiva a fases más primarias y  arcaicas.

 

Es concurrida su hipótesis de que en el período previo al nazismo (“el huevo de la serpiente”) se operaba en el inconsciente  colectivo, una fuerte regresión a las imágenes primordiales de los mitos germánicos. Mircea Eliade por su parte afirmaba que las imágenes primordiales “podrán camuflarse, mutilarse pero jamás extirparse” 3

En el curso del s. XX se multiplicó el interés científico por lo simbólico y se han acercado diferentes posiciones articulando estudios interdisciplinarios.

 

El “Círculo Eranos” (1933), marcó un rumbo decisivo en el análisis multicultural científico y filosófico, explorando además, los vínculos entre Oriente y Occidente4. Hay acuerdo en considerar que el pensamiento humano contiene imágenes míticas, que el mito revela un curso oculto de los acontecimientos y que se expresa en un lenguaje de máscaras. Y además, que “el mito, como la imagen, no existen sino por el sentido que una sociedad, una cultura, le otorgan”. El antropólogo francés Gilbert Durant subraya que no hay civilización sin mitos. “El mito ayuda a construir y a construirse” y que es necesario “desentrañar las imágenes latentes y difusas en una sociedad”

 

 

 

 

 

Alimentando el mito

 

“No es la historia de un pueblo la que determina

su mitología, sino todo lo contrario:

es su mitología la que determina su historia”

Friedrich Schelling (1775-1854)

 

            La vía mitológica entonces, parece apta para observar ciertos planos de la compleja realidad argentina actual. Especialmente el de la cultura política, donde hay rasgos que traslucen un sustrato mítico actuando, sin que sea registrado en la experiencia inmediata.

 

Ya se ha dicho que la Rca. Arg. es mítica. El presente parece reafirmarlo. Una tierra “fabulosa” en riquezas naturales y talentos creativos, que transita una historia de curso declinante: un verdadero enigma. Y hay perplejidad ante la serie de episodios políticos frustrantes. Los ciclos se cumplen -casi sin variación- con un fracaso y un retorno al punto de partida.

 

Sin duda hay elementos subyacentes que tienden a mantener el mismo esquema “épico”.

 

La epopeya argentina tiene particularidades: 1- El “epos” (palabra, discurso) expresa un fuerte anclaje en la concepción de héroes-antihéroes. 2- Cada ciclo se emprende rompiendo eslabones –“borrando” lo anterior-  e instaurando un “nuevo” ciclo, que, en realidad es solo un giro recursivo y nuevamente repetición. J. Campbell esclarece este proceso: “… Los cismas en el alma y los cismas en el cuerpo social no se resuelven con programas de futuro proyectados idealmente […] Si nuestro destino es experimentar una larga supervivencia [y] no sufrimos una profunda regeneración […] la perdición nace del mismo huevo de nuestra virtud. Así resulta que la paz es una trampa, la guerra es una trampa, el cambio es una trampa, la permanencia es una trampa” 5.

 

Sí, “los mitos se resuelven en palabras y los arquetipos en ideas” (G. Durant) cabe interrogarnos sobre los símbolos y arquetipos que modelizan nuestra  cultura política. Y también, como inciden en los contenidos, las practicas y el discurso dominantes. En principio puede señalarse una histórica tensión entre “potestas” y “autoritatis”, poder y autoridad. La recurrencia argentina de reclamar lideres “fuertes”, manifiesta la inclinación hacia arquetipos de los mitos de soberanía y dominación? Qué ha ocurrido para que el debate se reduzca a combate?

 

Acudimos a E. Morin como respuesta: “Los individuos no solo están sujetos a su sociedad y su cultura,  están también poseídos por sus dioses y sus ideas. Ideas-fuerza, ideas-mito, cargadas de providencialismo […] Los encadenan y los arrastran […] cuántos han sido victimas de la ilusión ideológica creyendo obrar por la

            Emancipación y obrando de hecho, por el sojuzgamiento?”

 

Claroscuro de la palabra

 

La centralidad que ocupa hoy “el relato”, es indicativa del espesor simbólico que reviste la palabra y del peso decisorio que se le adjudica. Esto supone un estatuto de la palabra: quien la pronuncia, que valor tiene y como circula. El discurso oficial lo determina de manera excluyente.

 

Los datos de la experiencia inmediata sin embargo, suelen contrastar fuertemente los enunciados del discurso. Por su parte, los escándalos de corrupción, las irregularidades denunciadas –en estamentos estatales y en sectores empresariales- comprometen seriamente la veracidad de la palabra, la credibilidad de la información, sea la oficial o la de “los medios”.

 

La mentira, evocada con creciente insistencia, esta en el vórtice de todo cuanto acontece. Y la magnitud de las acusaciones cruzadas, alcanzan ribetes mitológicos. En una suerte de Titanomaquia (guerra de Zeus contra los Titanes) la ofensiva lanzada bajo el lema “Clarín miente” pronto tendrá un desenlace que se prepara con énfasis épico. Podría aplicarse en ésta y otras contiendas la sentencia de Thomas Jefferson: “El hombre que no teme a las verdades, nada tiene que temer a las mentiras”

 

Lo cierto es que la mentira crea una enmarañada trama de situaciones contradictorias e incomprensibles, que se traducen en un generalizado estado de confusión.

 

 

La mentira en el laberinto

 

Cuando en la realidad inmediata todo es dudoso, desde el contenido de los envases y la calidad de los productos hasta las funciones institucionales; y cuando nada es seguro, ni las cifras oficiales ni llegar a casa sano y salvo o a tiempo a las obligaciones, la vivencia individual y la colectiva –más allá de las diferencias- estará alcanzada por una situación existencial, definida como “experiencia laberíntica” (J. Campbell).

 

El laberinto es paradigma de toda situación intrincada, profundamente confusional. La mentira, en cualquiera de sus formas (engaño, falacia, fraude, impostura, hipocresía, corrupción, calumnia…)           es constructora de laberintos porque crece y se multiplica irrefrenablemente.

 

El laberinto es un lugar opaco, donde es difícil discernir los muchos caminos, todos ambiguos, con pasajes cerrados y puertas al vacío. Recorrerlo es una vivencia ominosa. Produce perplejidad, desorientación; es un andar errático entre espejismos y dudas, con la opresión del encierro y el miedo primordial al acorralamiento.

 

La imagen mítica del laberinto es, no obstante, ambivalente. Involucra dos visiones: quedarse atrapado en los confusos caminos o llegar al centro y salir, superando los obstáculos 6. El símbolo del laberinto es además polisémico, admite muchas lecturas. Levado a la literatura hay ejemplos magistrales, baste recordar a J. L. Borges y a Franz Kafka, y brevemente mencionar la literatura latinoamericana: Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier,  G. G. Márquez, Roa Bastos entre otros, con sus metáforas del déspota, ebrio de poder, atrapado en su propio laberinto.

 

La percepción de nuestra instancia laberíntica condujo a un modelo mítico ejemplar: el Laberinto de Creta. La lectura simbólica de este mito puede aportar interesantes notas. Por su puesto, excluimos toda categoría de absoluto y, más modestamente, proponemos observar algunas de sus resonancias simbólicas.

 

 

Evocación del mito

 

El mito del laberinto es muy arcaico (civilización minoica) y complejo. Provee una verdadera constelación de mitos derivados; las figuras arquetípicas: el laberinto en sí y los personajes –Minos, Asterion el Minotauro, Pasifae, Dédalos, Ariadna, Teseo, Ícaro, Fedra- concentran un gran espesor simbólico abordable desde múltiples lecturas. Allí radica la perennidad de este mito.

 

  • Centraremos el interés en la figura de Minos, el poderoso rey de Creta, responsable de la construcción del laberinto y en la de Teseo, joven rey ateniense y el héroe, que logra superar el laberinto para liberan a su pueblo de un tributo oprobioso. Minos y Teseo representan las dos vertientes simbólicas del laberinto.  Hay un “lado Minos” y un “lado Teseo”:

 

¾ Minos aparece como figura que vacía todos los rasgos heroicos

¾ Teseo es la figura del héroe por excelencia.

 

  • La trama del relato mítico7 podría reunirse en una historia encadenada por múltiples y diversos modos de engaño. “Apaté” –el engaño para los griegos- preside todas las acciones.

 

  •  Minos las inicia movido por dos rasgos, que son la clave de interpretación:

1-     La omnipotencia soberana

2-     La “Hybris”, equivale a sobrepasar los límites, es la desmesura, la arrogancia, la exagerada autoafirmación, la codicia, la sed y el abuso de poder, el desdén hacia los otros. Esta falta moral entre los griegos implicaba desafiar a los dioses y tenia su castigo. “Némesis”, la deidad encargada de cumplirlo, llegaba inexorablemente para infligir al insensato, perdida y destrucción, devolviéndolo dentro de los limites que había cruzado.

3-   Minos desde su omnipotencia cruza los límites de su poder como soberanos, en la instancia de renovar las credenciales sagradas de su mandato exigidas por los dioses periódicamente. Es el momento en que la “hybris” lo domina:

  • Se apropia de un bien sagrado que no le correspondía (el toro que le concediera Poseidón para ayudarlo)
  • Desdeña la ayuda recibida
  • Quiebra el juramento hecho a Poseidón.
  • Apela al fraude y a la simulación para conservar su poder y el derecho al trono.

 

4.-    Los otros engaños, derivados de éstos van articulando toda la trama en forma de impostura, simulacro, corrupción o estratagema. En todos los casos, los engaños se cometen respondiendo a deseos desmedidos e impulsos egocéntricos. El resultado de los engaños acumulados, se corporizan simbólicamente en el Minotauro, pobre engendro –también simbólico- con cuerpo de hombre y cabeza de toro.

 

El Minotauro es la “Némesis” que le llega a Minos y construye el laberinto para ocultarlo. Los otros excesos, como el tributo de doncellas y jóvenes atenienses dispuestos por él como alimentos del Minotauro sellaron la “Némesis” definitiva de su destino.

 

5.-     Teseo aparece, no para el enfrentamiento, sino para la empresa liberadora. Ayudado por Ariadna y su célebre hilo, atraviesa el laberinto, mata al Minotauro y cumple el ciclo heroico. Campbell retoma el mito como ejemplo cardinal del extravío humano, confundido por sus intereses, pasiones y espejismos de omnipotencia. Interpreta a Minos como “el ego desproporcionado que es una maldición para sí mismo y para los demás, aunque sus asuntos aparenten prosperidad […] Minos convirtió un asunto publico en un negocio personal, sin tener en cuenta que el sentido de su investidura implicaba su absoluta sumisión a las funciones de su dignidad”8. Y en Teseo, Campbell ve “el principio de regeneración, encontrada dentro de los mismos muros del imperio del tirano”. Es la conciencia nueva, capaz de remover fuerzas decadentes enquistadas en el seno del cuerpo social.  La conciencia nueva llega cuando las imágenes arquetípicas pueden ser descubiertas, asimiladas y domesticadas.

 

 

Mito y realidad

 

La “hybris” griega sigue hoy, como entonces, engendrando Minotauros y construyendo laberintos. El Minotauro es victima de su propia deformidad, solo el reflejo y la representación de impulsos humanos distorsionados. Es un ser desnaturalizado porque la desmesura cruzó los límites de lo natural y se sirvió de la mentira para engendrarlo.

¿Nuestra República Argentina, nuestra democracia –y otras del planeta-  no estarán deformadas y   encerradas como el Minotauro?

 

Hay salida sin embargo como lo muestra el mito, Teseo y Minos, que aparecen como figuras polarizadas, tienen mayor complejidad. Como en todos los mitos griegos, los personajes son mostrados con sus vicisitudes, contradicciones, errores y superaciones.

 

La “Areté” griega define un estado equidistante entre el bien y el mal. No existe como cualidad –es fuerza y camino a la vez- hay que buscarla y para encontrarla hay que buscar la verdad, levantar el velo de lo que se oculta.

 

María Elena Rodríguez Lettieri

1    J. Campbell. El héroe de las mil caras. Mexico: FCE, 1993

2  Ibidem p12

3 Mircea Eliade. Mefistófeles y el andrógino. Barcelona: Kairós, 2001

El Circulo Eranos se inició en Ascona-Suiza- en 1933 promivido por Rudolf Otto, C. G. Jung y Olga Froëbe.

Pertenecieron al grupo Martín Buber,  Mircea Eliade, J. Campbell, Gershom Scholem y desde 1989 Ilga

Prigogine, George Steiner entre otros miembros ilustres.

Mircea Eliade. Mefistófeles y el andrógino. Barcelona: Kairós, 2001

Jacques Attali. Chemins de sagesse. Traité du labyrinthe. París: Fayard, 1996

Omitimos la descripción detallada, numerosas Fuentes la proveen.

J. Campbell pag 22 ss.

 

Para profundizar el tema:

 

-Jean-Pierre Vernant. Los orígenes del pensamiento griego. Buenos Aires: Eudeba, 1986

-Joseph Campbell. El héroe de las mil caras. México. FCE, 1993

-Gilbert Durant. Figuras míticas y aspectos de la obra. De la mitocrítica al mitoanálisis. Barcelona: Antrophos,1993

-Frédéric Monneyron- Joël Thomas. Mito y literatura. Buenos Aires: Nueva Visión, 2004