JÓVENES: VISIÓN FUTURO

 

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Vivimos una época caracterizada por las dinámicas de una sociedad globalizada, enmarcada por una agenda internacional de desarrollo que busca dar solución a problemáticas en constante agudización como la pobreza, inequidad social, conflicto armado, narcotráfico, desempleo, altos índices de embarazos a temprana edad,  violencia doméstica, explotación infantil, corrupción, entre otras; que de una u otra manera han afectado a la población juvenil, no solo reduciendo sus oportunidades y posibilidades de progreso, sino también limitando sus expectativas frente a las metas que se proponen.

 

La falta de conciencia de la actual generación de adultos ha permitido sembrar en los jóvenes, comportamientos estructurados de violencia, abandono, maltrato; como también factores de mayor crueldad tales como el abuso sexual, prostitución y drogadicción; problemáticas que han desencadenado en la actual espiral de violencia. Estas problemáticas, han conducido a gran parte de los jóvenes a la  ausencia de proyectos de vida claros, baja autoestima y desesperanza hacia el futuro;  bloqueando el potencial de la juventud en sus años de mayor ímpetu y fuerza para crear realidades diferentes.

 

Este diagnóstico realista de la situación de la juventud, especialmente en los países latinoamericanos, atrajo el interés de una joven y brillante licenciada en Ciencias Políticas egresada de la Universidad Nacional de Colombia, la Sta. Astrid López Cárdenas;  quien ahora se encuentra en proceso de culminación de su Maestría en Derechos Humanos, en la Universidad Nacional de La Plata, en la República Argentina. Actuando como pasante académica de la Fundación Argentina para el Desarrollo de la Educación y la Cultura FAPEDEC, se propuso aportar su imaginación basada en su experiencia personal, laboral y profesional, para abordar estos problemas recurrentes y generalizados, con soluciones prácticas, viables, factibles y que necesitan de la comprensión de los distintos sectores sociales que componen una sociedad organizada.

 

Desde esa óptica, ha trabajado incansablemente durante varios años con equipos interdisciplinarios de profesionales de la Ciencia Política, la Sociología,  la Economía, la Educación y la Psicopedagogía, entre otros, desarrollando proyectos sociales dentro de los cuales, se destaca un proceso con  jóvenes entre 13 y 16 años, pertenecientes a los diferentes estratos de la sociedad. Este proceso, se ha realizado bajo la conducción de profesionales que a través de talleres experienciales, trabajan en el fortalecimiento de una cultura de derechos humanos.

 

Se trata entonces de generar conciencia en los jóvenes sobre la importancia de asumir un rol activo en  el ejercicio y goce de sus derechos, de reconocerse como partícipes de la  construcción de una sociedad con mayor equidad social y guiada hacia el desarrollo sostenible. Este proceso intenta motivar a los jóvenes para que definan sus objetivos personales, conduciéndolos hacia la configuración de un proyecto de vida claro y ético, en el que primen las formas de interrelación pacífica.

 

 

Hoy los diferentes contextos en los que se desenvuelven los jóvenes, a través de la educación (en el hogar, la escuela u otros espacios), el entorno familiar, los medios de comunicación, las relaciones sociales, etc.; van fortaleciendo en ellos los comportamientos violentos, desesperanza y tendencia a la ilegalidad, aspectos que a diario se reflejan en altos índices de delincuencia juvenil, desempleo, suicidio, embarazos a temprana edad, entre otros.

Gran parte de estas problemáticas, concentran sus nocivos efectos en las jóvenes y mujeres, que a lo largo de la historia se han visto afectadas por las actitudes de discriminación y como consecuencia, han gozado de menos oportunidades con respecto a los varones.

Por ello, se hace indispensable el desarrollo de propuestas como la que ha promovido esta joven; en la que se proporcionan las herramientas necesarias para que los jóvenes ejerzan sus derechos y libertades activamente respetando los de los demás, desaprendiendo la violencia y rompiendo con esos paradigmas que les impiden construir un proyecto de vida  en el que se plasmen sus verdaderos sueños y metas.

 

Se pretende motivar a los jóvenes para que actúen haciendo un análisis crítico de su realidad (creación de masa crítica) y a partir de allí, trabajar en la transformación de ese panorama hacia uno deseable, con participación activa y plena conciencia de sus habilidades y capacidades.

 

El proceso se desarrolla a través de diferentes etapas temáticas, partiendo del reconocimiento y ejercicio de los derechos humanos, en donde se hace una fundamentación y definición de los mismos y se destaca su importancia. Aquí se enfatiza en los derechos de las mujeres, de la infancia y la adolescencia; y en los derechos sexuales y reproductivos.

Esta etapa incluye desde los Derechos Civiles y Políticos como el derecho a la vida, a la libertad y la seguridad, al voto, a la libertad de pensamiento, conciencia, religión, expresión y opinión, etc., hasta los Económicos, Sociales y Culturales, dentro de ellos el derecho a la salud, la vivienda, la alimentación, la educación, la familia, la participación de la cultura etc. Se promueve una mayor comprensión de estos derechos a través de la problematización, es decir, la reflexión profunda sobre su contenido  y sobre el acceso a cada uno de ellos, analizando casos reales. Se hace énfasis en los derechos de los niños y niñas, teniendo en cuenta que quienes hacen parte del proceso son menores de edad y es fundamental promover su empoderamiento.

De forma transversal, se trabaja en el fortalecimiento de la equidad de género, para la prevención de todas las formas de discriminación contra las mujeres en el trabajo, la educación, el hogar y lo público; pues la identificación de estereotipos machistas y de actitudes discriminatorias en los diferentes ámbitos de las relaciones sociales, es el primer paso para transformarlos.

 

Esta etapa se complementa con el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, para generar en los jóvenes una mayor conciencia del derecho a decidir libre y responsablemente sobre su propio cuerpo y de los cuidados que deben tener para su salud sexual y reproductiva. Esta parte del proceso cuenta con un enfoque de prevención contra la trata de personas y la explotación sexual, en el que se identifican los riesgos y las modalidades a través de las cuales se cometen estos delitos. En la medida en que nuestros jóvenes cuenten con mayor información sobre este fenómeno, también tendrán mayores herramientas para prevenirlo.

El abordaje de la configuración de un proyecto de vida, pretende motivar la reflexión sobre el potencial individual y grupal para recrear y transformar la realidad, superando dificultades y proponiendo alternativas de desarrollo individual y colectivo con modelos prácticos.

El derecho a la vida, incluye también nuestra posibilidad y libertad para construir un proyecto de vida de acuerdo a nuestras capacidades y gustos; un proyecto que refleje lo que queremos ser en un entorno respetuoso de nuestros propósitos personales y que haga parte de la construcción del desarrollo sostenible desde los diversos saberes.

Uno de los aspectos que más se destaca en esta iniciativa juvenil, es el interés en el fortalecimiento de una mayor conciencia sobre aquellos comportamientos y formas de interrelación violenta que culturalmente hemos ido arraigando dentro de las relaciones sociales, pero que pueden  ser transformados en nuevas expresiones pacíficas de respeto, en una visión constructiva y transformadora de conflictos. Parte del logro de esa vía de entendimiento, es otorgar relevancia a la importancia de la comunicación asertiva en las relaciones interpersonales.

La formación de líderes capaces de superar circunstancias adversas y de  asumir retos haciendo un pleno reconocimiento de las potencialidades propias y de quienes los rodean, es otro de los objetivos de este proceso; que pretende fortalecer la capacidad de los jóvenes para trabajar en equipo y así dar origen a nuevas iniciativas, planes y programas innovadores  de desarrollo sustentable.

Cuando se ha hablado de desarrollo sustentable y sostenible, se hace referencia implícita a la preservación medio ambiental, a través de la conservación  y protección  de los recursos naturales, pero además a  la construcción de un desarrollo que garantice la satisfacción de necesidades y el mejoramiento de la calidad de vida de todas las personas, teniendo como base los anteriores criterios.

 

Para que esto se lleve a cabo, se hace necesario reforzar los conocimientos de los jóvenes sobre finanzas y emprendimiento; lo que permitirá sin lugar a dudas, un mejor posicionamiento para la generación de riqueza individual, inversión y ahorro; que hagan posible iniciativas económicas sostenibles. Este factor constituye un elemento complementario en la configuración de proyectos de vida realizables.

 

El reconocimiento y ejercicio activo de los derechos humanos, el desaprendizaje de la violencia, la formación para el emprendimiento y la construcción de propuestas innovadoras para el desarrollo sostenible; son factores que se refuerzan a lo largo del proceso, potenciando las habilidades y capacidades de los jóvenes para transformar factores críticos de su realidad.

 

¿A qué apunta la enumeración de requerimientos, y de valores enunciados?

  • A lograr que los jóvenes obtengan un mayor empoderamiento en la construcción de una sociedad equitativa, justa y pacífica; a través de una mayor participación en el ámbito político, económico, social, cultural, etc.

 

  • Jóvenes que  han desaprendido la violencia y transforman las expresiones violentas de interrelación, en formas de interrelación pacífica, de respeto mutuo, de reconocimiento de las diferencias y transformación positiva de los conflictos.

 

  • Jóvenes  conscientes  de sus capacidades, con claridad sobre sus metas y propósitos personales y que ponen en marcha su proyecto de vida, basándolo en principios éticos y el ejercicio de los derechos humanos.

 

  • Jóvenes creativos que a través de su imaginación y proyección, construyen una cultura de derechos humanos y de desarrollo sostenible, fundamentado en la dignidad, la justicia, la equidad y la inclusión social.

 

En una sociedad egoísta, excesivamente materialista, con ausencia de valores permanentes y reconocimiento de virtudes ciudadanas; propuestas como la que he analizado, permitirán sin duda provocar cambios sustanciales en ellos mismos, en su ámbito familiar, social, y escolar; apuntando a un futuro en el que toda la sociedad reciba los beneficios  de una juventud que cree en su poder transformador.

Jorge Aguilera