IDEAS PARA PENSAR NUESTRO TIEMPO. REFLEXIONES FILOSÓFICAS.

 

 

“”Todo lo sólido se disuelve en el aire”. Karl Marx

 

Una aproximación a Zigmunt Bauman,

 

Zigmunt Bauman, filósofo y sociólogo polaco, nació en 1925 descendiente de una familia de origen judío. Enseñó en diversos países y actualmente es Profesor Emérito de la Universidad de Leeds, Inglaterra, una de las más prestigiosas del mundo. Al igual que Edgard Morín, tiene el privilegio de portar sus casi 90 años en plena creatividad como un apasionado maestro que a través de su obra y su docencia aspira a cambiar la perspectiva con la que miramos el mundo.

Ejerce la profesión de pensador, esa actividad que resiste la especialización y no atiende a los expertos a la carta, ni al elenco de analistas y consultores que agobian al planeta entero.

Zigmunt Bauman-heredero de la tradición helénica del pensar  fundada en la observación, la producción de conceptos y la búsqueda de la integridad del espíritu, influido por la filosofía alemana y particularmente por Federico Nietzsche y Martín Heidegger,  va  a la hondura, al encuentro del sentido, a la profundidad de los grandes temas de nuestro tiempo intentando observarlos, describirlos, comprenderlos y esclarecerlos.

“Quisiera antes de dejar esta vida, exponer un escenario pesimista y penoso pero también anticipar una imperiosa  esperanza”, escribe.

Como una paradoja, explica que sólo desde el retrato de esa realidad dura,  de su reconocimiento y aprehensión existencial, alcanzaríamos una mejor vida, un espacio vital más hospitalario y relaciones menos hostiles entre los seres humanos. Y sobre todo, entender cómo llegamos a esto, a este tiempo histórico de violencia, desequilibrio y desesperanza global generalizada.

¿Qué ocurrió en los últimos siglos para que la gigantesca transformación de la cultura, los avances científicos y tecnológicos, el progreso de la organización política y económica, la evolución de la medicina, la biología genética, la física de partículas y las neurociencias que extendieron la vida humana y revolucionaron completamente la existencia de nuestra especie, exhibiera a la vez una cara opaca, oscura, casi trágica, saturada de contradicciones y de sombras, y  que el adelanto logrado deviniera al fin y al cabo en un vacío moral que ha llevado a la infelicidad, la decadencia y la barbarie?

Una de las tesis centrales de Bauman es abrumadora. Afirma que el Holocausto no fue el producto de un acto de salvajismo irracional generado por un grupo de alienados, ni una anomalía del pueblo alemán-el más culto de Europa- sino al contrario.

Auschwitz- dice- como símbolo apoteótico del horror del siglo XX- es el resultado y la consecuencia inexorable de la lógica y la concepción general iniciada en la modernidad a partir del S XVI cuando la cultura europea se percibe a sí misma como autosuficiente y soberana.

Es precisamente, al comienzo del desarrollo de la ciencia moderna y la secularización de las costumbres, en el  momento que el hombre se coloca como fuente primordial de la razón y de la vida, cuando se inicia el drama. Cuando se  preanuncia el estado actual del mundo y aparece prematuramente la condición humana contemporánea.

“Saber es poder”, sentencia Francis Bacon, (1561-1626), sintetizando la fundación de ése tiempo histórico en que la potencia fáustica, el deseo excesivo, el narcisismo ilimitado y la voluntad de poder se manifiestan en toda su plenitud.

 

Crisis y Modernidad

 

La  modernidad como ciclo histórico comienza cronológicamente cuando los turcos musulmanes toman Constantinopla en 1454. Pero mirando lo esencial, se trata del momento en el cual el hombre entendido exclusivamente como pensante y racional, desatado de las ligaduras de la religión, de los límites y obediencia a la autoridad y de los mandatos de las leyes sagradas de la naturaleza, se convierte en el centro de la historia.

Es el período en que  se toma conciencia de que los descubrimientos de la ciencia, la nueva cosmología, la exploración del mundo, la rebelión contra lo establecido, las transformaciones sociales, económicas y políticas  producen efectos tales en la organización social y cultural, que la naturaleza  puede ser explotada, expoliada y sustraída de su unión fundamental con el hombre.

Es el instante en que la Física Clásica y sus máximos exponentes-Kepler, Galileo y Newton-, conciben que todo lo que existe funciona-no sólo en la tierra sino en el universo entero- según reglas universales como una máquina perfecta que no sólo puede ser medida sino anticipada, manipulada y transformada al servicio de la voluntad autónoma de la persona humana. La naturaleza está escrita en lenguaje matemático, define Galileo al conjunto completo de los fenómenos físicos.

El saber, siguiendo a Bacon, ya no sólo es  observación, amor al saber, filosofía para mejorar el espíritu, como concebían los clásicos al saber. Ahora el conocimiento  se aplica a la producción, a la acumulación de riqueza, al dominio y al asalto del poder.

Se trata, según explica Habermas, (1929), de “un conjunto de procesos acumulativos”, entre los cuales, la nueva ciencia, la formación del capital, el desarrollo de las fuerzas productivas, la construcción del estado, la vida urbana, y la educación formal fueron los más significativos.

La Europa moderna se percibe a sí misma como habiendo descubierto el imperio de la razón y alcanzado finalmente la verdad. Se trata en adelante, de imponerla al mundo, porque esa Europa naciente está convencida de su preeminencia civilizatoria sobre las entidades materiales y vivientes de toda la tierra.

 

LOS PENSADORES CRÍTICOS

 

La visión de Heidegger

Martín Heidegger (1889-1976), el más grande filósofo del S XX-estudiado exhaustivamente por Bauman, asombraba a sus alumnos con una reflexión  notable.

Mucho antes de que  Hiroshima ocurriera, explicaba el pensador alemán, la bomba atómica había explotado ya en el inicio de la modernidad, cuando la existencia humana se entendió exclusiva y únicamente como racional.

“La bomba atómica ha explotado ahora (1945), después de mucho tiempo, trescientos años antes-, exactamente en el momento -un relámpago-, en que el hombre ha entrado en insurrección con relación al ser, y ha puesto al ser desde sí mismo, transformándolo en objeto de su representación”, dice Martín Heidegger.

El hombre es ahora el dueño del ente, de las cosas compactas, de la materia y hasta de la vida misma; es el amo y señor de la naturaleza a través de la tecnología. Se ha apropiado del ambiente, de sus recursos, de sus ríos y sus mares a escala planetaria, y ha puesto el saber al servicio  de la producción de riqueza. Todo está disponible para su voluntad. El hombre europeo occidental ha devenido en propietario de todos los seres y las entidades del mundo real.

La conciencia del yo como ser pensante, según Descartes, (1596-1650), no es sino la autoconciencia del poder del yo, la exaltación del ego y de su predominio sobre la vida. El pensamiento racional prevalece sobre la vida misma. Retuvo al ser, (-la totalidad universal)-para sí mismo forjando su propio endiosamiento y conquistando la hegemonía sobre el resto de todo lo existente. Por lo cual su propia subjetividad convertida en suprema potencia, está lista para desarrollar el conocimiento, la ciencia y la tecnología de manera ilimitada, sin restricciones morales, éticas o sociales de ningún tipo.

Economía, ciencia, política, religión y filosofía coinciden en apuntar a objetivos precisos: el poder, la riqueza material, la expansión mundial y el dominio sobre el diferente. El monumental desarrollo científico que comenzó en el S XVII y XVIII con la utilización del vapor, la revolución industrial y la producción en masa, culminó con el control y manipulación de las fuerzas esenciales de la materia, la energía atómica, y la posibilidad, única en la historia-  de destruir la vida de la tierra.

Que en la filosofía moderna el hombre sea el sujeto, y que a partir de ella la palabra sujeto se refiera  sólo al hombre como ser pensante, indica que en ella late y se expresa  implícitamente la tesis de que el individuo es el fundamento que lo determina todo; que desde él se  construye la realidad del mundo. Que su voluntad es omnipotente. Que el todo, el universo entero, le pertenece.

El desarrollo de la edad moderna rompió las fronteras y colocó a la razón humana en la cumbre de la historia.

El yo personal concebido como sustancia pensante, se ha erigido como propietario y soberano del planeta.

 

 Nietzsche y la crítica de Occidente.

Federico  Nietzsche (1844-1900), es un pensador fundamental, un crítico feroz de la historia de la cultura y constituye otra de las fuentes intelectuales de Zigmunt Bauman.

Nietzsche representa la negación radical de la tradición teórica europea, el rechazo de todas las costumbres, la invitación  a un pensamiento nuevo.  Y no sólo porque cuestiona el pasado considerado como venerable e inmutable durante siglos  o contra la moral, la religión y el idealismo filosófico. Su pensamiento tiene la forma de una crítica total de la cultura occidental.

Dios ha muerto, sentenciaba Nietzsche allí por 1873 en una de sus obras más importantes, La Gaya Ciencia, señalando con una intensa y extrema metáfora, la tragedia que supone la desaparición de los valores constituidos, de las instituciones consagradas, de la moral universal, de los grandes relatos que podían redimir o serenar la condición humana. .

Nietzsche denuncia casi proféticamente que las grandes ideas filosófico-morales y religiosas que han sostenido los fundamentos del occidente europeo y su concepción del mundo, tales como, la verdad, la razón, la conciencia, el conocimiento, Dios, etc., han perdido su vigencia, dejaron de ser consideradas como fundamentos de nuestro tiempo. Ahora no hay nada más que el individuo, libre, pero sin dioses; autónomo, pero en soledad; separado radicalmente de la tierra y la naturaleza, frente y ante el mercado, sin religiones que los liguen entre sí, sin compromisos éticos que los obliguen. Solamente exigido y motivado  por su deseo de dominio y de poder.

La referencia a Dios indica en este contexto, a todo ese amplio conjunto de valores de occidente. Dios es el nombre que Nietzsche utiliza para representar las ideas generales de la metafísica, los ideales abstractos, las creencias morales y los dogmas consagrados de las religiones.

Preanuncia dramáticamente la profunda crisis de sentido de la época contemporánea, lo que se llamó en su tiempo, el comienzo del nihilismo.

 

 

La Metáfora de la Modernidad Líquida

 

A partir del concepto de modernidad líquida una de las más ricas articulaciones teóricas de Bauman,  se intenta  describir las consecuencias del cambio profundo sucedido y cuyos efectos llegan a nosotros.

¿Qué advertimos intensamente en nuestro tiempo?, se pregunta Bauman. Nos encontramos, describe, con el cambio vertiginoso y la transitoriedad. Nada queda en su sitio por mucho tiempo. “Lo permanente se disuelve, la incertidumbre, la ausencia de sentido y la penuria del futuro nos agobian sin saber por qué”.

La figura de la liquidez-entendida como la imagen acuosa y fluida del ser, pretende dar cuenta de la precariedad de los vínculos describiendo a una sociedad individualista y privatizada, reducida y empobrecida por el carácter transitorio y volátil de las relaciones humanas, fundando un modo de ser, un estilo, una marca central de la época contemporánea.

El amor, por ejemplo, se hace flotante, sin responsabilidad o contacto real con el otro. El cuerpo físico desaparece limitándose al vínculo anónimo y sin rostro de las redes sociales. Se surfea en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante –incierta– y cada vez más imprevisible.

El Estado de bienestar, el trabajo humano tal como lo conocíamos, ya no existe. La desregulación y liberalización de los mercados ha provocado la alteración completa de los Estados Nacionales y aumentado la distancia entre la organización política clásica y la realidad del poder. Un divorcio radical e imprevisible entre los representantes y representados cuya simetría habían establecido como regla de la cosa pública los principios liberales.

La modernidad líquida dice Bauman, es un tiempo sin certezas,”… donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora asumiendo los miedos y angustias existenciales sin contención o consuelo”.

En la modernidad líquida, todo es inestable: el trabajo, el amor, la política, la amistad. Los vínculos humanos son  provisionales y el único largo plazo concebible es uno mismo.

 

Conclusiones

 

En las últimas décadas del siglo XX aparecen sin embargo, otros paradigmas y diferentes puntos de vista que ponen en debate la concepción individualista del mundo, cuestionan al mercado como eje central de la organización de la sociedad, enfrentan enérgicamente la violencia del sistema sobre la naturaleza y denuncian la propagación de armamento atómico capaz de destruir la vida.

Estas ideas permiten ampliar y enriquecer la reflexión acerca de la época. Los diferentes enfoques frente a la realidad, las diversas formas que toma el pensamiento crítico respecto al saber establecido y la evidente crisis de la hegemonía ideológica y simbólica del poder convencional,  posibilitan  la apertura a nuevas perspectivas, nuevas cosmovisiones que prepararían el camino de una existencia con menos separación y más unidad, menos destrucción y más cooperación, menos materialidad y más generosidad.

Mario Vargas Llosa, muy alejado de las visiones críticas reconoce en su última obra:

“Nuestra época conforme a la inflexible presión de la cultura dominante, que privilegia el ingenio sobre la inteligencia, las imágenes sobre las ideas, el humor sobre la gravedad, la banalidad sobre lo profundo y lo frívolo sobre lo serio, ya no produce creadores. La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está a punto de desaparecer”.

 

Pensando el Futuro

 

Nuestra época es el final de una época. La modernidad europea encumbró al hombre y lo impulsó a la conquista de la naturaleza, lo llevó a diversas geografías y culturas del planeta e incluso provocó la invasión violenta, la conquista y la eliminación del otro, imponiendo sus costumbres, creencias y métodos de organización social, económica y cultural como si fueran verdades absolutas. Este fenómeno se produjo entre otros motivos, porque ese hombre se consideró a sí mismo como el único depositario de razón, como supremo hacedor del progreso, como custodio de los verdaderos y  superiores ideales de la civilización humana.

Pero la realidad muestra al actual estado del mundo en una crisis profunda: recesión en países ejemplares, grandes masas humanas desocupadas, desigualdad social escandalosa,  generaciones de jóvenes sin destino, crisis en la religiosidad occidental, descrédito de los liderazgos políticos e institucionales, cambios climáticos acelerados, dilemas éticos sobre la vida y la muerte, peligros de guerras inminentes, por señalar algunos de los  más evidentes.

La culminación del subjetivismo moderno, y la influencia mundial de la modernidad europea, produjo formidables progresos y enormes avances materiales pero  a la vez masacres, depredaciones, odios absolutos y una situación presente cargada de graves amenazas a la estabilidad global y al destino humano.

A pesar de todo el propio Bauman reclama: “El derrotismo y la desesperanza, aun cuando estén lógicamente justificados, son moralmente incorrectos.  Este es el momento, precisamente ahora mismo, del despertar colectivo”.

Se necesita transformación y cambio, mirarse a uno mismo, buscar en la interioridad profunda aquello que nos aproxime al diferente, que en algún punto será siempre semejante si se comprendiera que somos parte de un mismo todo. Que el universo nos contiene, que la muerte nos iguala, que la tierra, el aire y el agua forman parte de la vida. Que nuestro destino y valor supremo no puede reducirse a tener en vez de ser, a competir en vez de concordar, al éxito y la riqueza como resultado final a costa de la paz del alma.

Es ineludible abandonar el egoísmo, la exaltación patológica del individualismo, abrirnos al universo del que formamos parte y ayudar a la evolución hacia formas superiores de conciencia. En otras palabras emprender un viaje, un nuevo viaje porque, “…el viaje expresa un profundo deseo de cambio, una necesidad de experiencias nuevas”.

Una persona se hace humana a través de los otros. Soy porque ustedes son. Yo soy porque nosotros somos.

¿Una utopía? Probablemente, pero nuestra obligación moral es darnos cuenta, trabajar, pensar y contribuir a que el cambio que se despliega ante los ojos prepare el camino  hacia una humanidad mejor, a un mundo más amigable que permita la extensión, el perfeccionamiento y la plenitud  de la existencia.

 

José Seco Villlalba

 

Algunos trabajos consultados

Bauman, Z.: Tiempos Líquidos

Heidegger, M: La Época de la Imagen del mundo

Marx, K: Manifiesto

Marasco, J: El Enigma del Representante

Nietzsche, F: La gaya Ciencia

Pereyra, O: Los Símbolos y la Realización Espiritual

Vargas Llosa, M: La Civilización del Espectáculo

 

 

 

 

 

7 pensamientos en “IDEAS PARA PENSAR NUESTRO TIEMPO. REFLEXIONES FILOSÓFICAS.”

  1. Querido Amigo: hemos compartido perspectivas desde que Bauman era un filósofo cincuentón; hoy nos cuesta ser esperanzados si leemos la prensa diaria; la lucidez de tus análisis es una chispa para no renunciar a lo que nos queda de humanos. Abrazo fraterno.

  2. Me alegra que mi pregunta y mi sospecha -que no es una afirmación y menos aún una posición ideológica personal- haya suscitado en Jorge Marasco un comentario de lo más pertinente que comparto en sus líneas generales en cuanto a las objeciones ético-políticas sobre las consecuencias que el populismo de Laclau parece producir. Sería por demás interesante quizás aventurar una deriva alternativa que, más allá de una sincera voluntad de cambio y considerando no sólo una democracia formal sino real, producto de una historia regional concreta, contemple la específica y compleja situación económico-social pero sobre todo cultural de estas latitudes y que si fuera posible excediera la justa reflexión crítica.

  3. El excelente trabajo de Seco Villalba ha provocado algunos interesantes comentarios , entre ellos el de Daniel Rofrano, que me lleva a hacer unas breves reflexiones sobre el mismo.
    Se pregunta éste “si en estas latitudes que podríamos llamar latinoamericanas, no emergen ciertas pautas sociales , culturales y políticas que tienden a lo que estamos tentados de nombrar como inclusión de la diversidad o integración de la alteridad…” y lo vincula a lo que Ernesto Laclau llamó razón populista. Éste , que fue asesor de Hugo Chávez desde 1998 y es autor preferido por la presidente de nuestro país, ha reelaborado algunos viejos conceptos del tradicional populismo -que no es lo mismo que popular – y en busca de una nueva hegemonía desde el poder descubre o ratifica consignas que se expresan en las pautas socio-políticas que intuye Rofrano en el texto citado.
    Es cierto que Laclau , que conoce muy bien las ideas tanto de Ferdinand Lasalle como de Antonio Gramsci, apunta a una construcción institucional y de poder sustancialmente distinta de la concepción democrática y republicana de la política.
    Lo que queda latente y sin respuesta en el comentario de Rofrano es el rumbo que tomarían los cambios estructurales implícitos en la posición de Laclau. Y me parece que, pese al notable esfuerzo intelectual de aquel, la pregunta requiere una respuesta que el populismo, en mi modesta opinión, no puede dar.
    En realidad, el populismo carece de un modelo alternativo para proponer . En general,se afirma en momentos de bonanza,lo que favorece mejorar los ingresos de los sectores más desposeídos , establece una relación directa entre el lider y el pueblo, eliminando toda intermediación formal, crea un relato maniqueo de la historia, establece nuevas formas de disciplinamiento social, rechaza y viola deliberadamente los límites impuestos por la legalidad precedente y, en nuestro caso, articula una relación social patológica a través del complejo amigo-enemigo.
    Si esto es así, lo que importa es atender a los objetivos últimos de tal proceso. Si se trata de un retorno a la política de las calles (Vattimo dixit), la prepotencia y el ejercicio ilimitado de la hegemonía que permite el circunstancial triunfo electoral , la condena de la disidencia , el sojuzgamiento de instituciones y personas y la creación del mito de la eterna presencia, la región a la que se remite Rofrano parecería enfrentar un escenario ominoso aun reconociendo, por supuesto, el derecho de las mayorías al ejercicio del poder.
    En ese supuesto se podría afirmar que habrá otras opiniones, aquellas que no coincidiendo con lo establecido optarán por un diálogo integrador en el marco mayor de una democracia representativa y republicana, claro está, en las condiciones del mundo de hoy. Si fuera así – y reconociendo que la política implica confrontación y construcción de poder ,como lo han reiterado tanto Ernesto Laclau como Chantal Mouffe – me perece que el futuro podría situarse también dentro de las expectativas que sobre el final de su trabajo nos presenta Seco Villalba.

  4. A propósito del bien elaborado artículo de José Seco Villalba exponiéndonos el nihilismo globalizado reinante a través de algunas conceptualizaciones de Bauman, Nietzsche y Heidegger, me pregunto, ya focalizándome en una cuestión más si se quiere doméstica, si en estas latitudes que podríamos llamar latinoamericanas, no emergen ciertas pautas sociales, culturales y políticas que tienden a lo que estamos tentados en nombrar como “inclusión de la diversidad” o “integración de la alteridad”… Un pensamiento que quizás contrarreste o mitigue lo que la escuela de Frankfurt llamaba “razón instrumental” para ir tornando, aunque quizás sin un éxito inmediato, en aquello que Laclau llamó “razón populista” vindicando así un vocablo que sufrió un marcado sentido denostativo desde la aparición de las masas como sujetos políticos.
    Varios pensadores europeos -entre éllos el hoy visitante de Buenos Aires, Gianni Vattimo- ven esperanzados en los países emergentes una salida a la tan mentada “crisis de Occidente”.
    Felicitaciones, José, por tu artículo.

  5. A propósito de este bien elaborado artículo sobre el nihilismo globalizado reinante que nos expone José Seco Villalba a través de algunas conceptualizaciones de Bauman, Nietzsche y Heidegger y focalizándonos en una cuestión si se quiere más doméstica, me pregunto: Si en en las comunidades que podríamos llamar latinoamericanas, no pareciera emerger cierta cultura, ciertos gestos, ciertas tendencias sociales y políticas que podrían caracterizarse como de integración de la alteridad o de inclusión de lo diverso, que quizás haga factible una base, aunque seguramente débil, de un nuevo pensar que permita balancear lo que la Escuela de Franckfort llamaba “razón instrumental”. Un intento conceptualizador, no sé bien si correcto o no, de este empeño me remite a lo que Laclau llama “razón populista”.
    Felicitaciones José por el artículo.

  6. Un trabajo profundo que inspira a pensar. Nuestro mundo está enfermo y dependerá de todos comenzar a repararlo antes de que sea tarde. Felicitaciones por los temas tratados.

  7. Querido amigo. Pese al mensaje de alto contenido crítico de una historia contemporánea destructiva para la humanidad y que se refleja en el pensamienbto y en la obra de los autores citados, advierto un atisbo esperanzador en el futuro de nuestra vida y me aferro al “puede ser”, que dejas entrever en tus conclusiones. Ser optimista es lo menos que se le puede pedir al hombre de hoy, y haces bien en sembrar esa semilla, que comparto en su integridad. Te felicito por el trabajo de investigación y la excelente compsición de tu nota. Felicitaciones.

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