FASCISMO Y POLÍTICA EN EL MUNDO REAL

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El trabajo de nuestro amigo el doctor Jorge Aguilera que lleva por título  DISFRAZ  DE  UN VIEJO  MODELO y que ha sido publicado por el Grupo, ha tocado con altura y conocimiento un tema que, aún visto desde la perspectiva del tiempo histórico, adquiere hoy mismo resonancias que es posible destacar.  Por nuestra parte no hemos tratado de agregar conceptos a una presentación completa en su intención y rica en matices, sino mostrar algunas manifestaciones concretas del  autoritario régimen fascista que tuvo en Benito Mussolini a su visible fundador y líder político en el período 1919-1945.

La notable cantidad de historiadores que se han ocupado tanto de la figura del Duce como de su creación política , se han referido a esa anticultura que fue y es el fascismo exhibiendo los aspectos más visibles de su gestión –antidemocrática, represora, violenta centralista , en suma totalitaria – a punto tal que hoy el término mismo de fascista es una mácula que  – no siempre con razón – castiga a individuos y grupos opuestos a los principios que animan la democracia y la república y dan fe de la defensa de los derechos humanos.

Vale entonces recordar sintéticamente algunos momentos del derrotero fascista entre 1919 y 1945 y sobre todo repetir hoy expresiones directas del innegable factotum del proceso cuando se refería a circunstancias y decisiones propias del ejercicio del poder.

 

BENITO  MUSSOLINI

 

Con un activo pasado en las filas de los partidos y grupos de izquierda, Benito Mussolini fue influído por el pensamiento de algunos contemporáneos ya definidos en contra del régimen liberal-constitucional y que, como en el caso del francés George Sorel, un agitador profesional con sólida formación teórica, gravitaron en la radicalización de las ideas que inicialmente dieron forma al fascismo.  Sorel, que repudiaba los métodos parlamentarios,  confiaba en que la creación de un mito convocante llevaría a las masas a la acción revolucionaria.  Asumía también que no era el contenido lo que definía el mito sino su eficacia para organizar y encauzar la energía grupal;  es más, Sorel afirmaba que “ el fin no es nada, el movimiento lo es todo”.

Coincidente con esta opinión, Mussolini creó en Milán hacia el mes de mayo de 1919 los Fasci di Combattimento, grupos de combate fascistas que desde el norte, pero también en el sur itálico, se convirtieron en el azote de las fuerzas opuestas al fascismo mediante el recurso a la violencia más extrema sobre los disidentes, particularmente obreros, campesinos , políticos , sedes partidarias y funcionarios del régimen anterior. Sobre estas brutales manifestaciones diría luego Mussolini que “ la ineludible necesidad de la violencia ya había sido confirmada” , siendo que en realidad era producto de los escritos y discursos en que él mismo incitaba continuamente a la  salvaje acción de sus grupos de choque. Huelga decir, aunque corresponde hacerlo por su relevancia política, que el triunfo de Mussolini tenía como trasfondo más evidente el total colapso del sistema parlamentario italiano, que en enero de 1922 ya diputado y en el mismo año Primer Ministro, le permitió gritar en plena sesión aquello de “Señores , es preciso cuando se quiere vencer, sabotear y destruir al enemigo en todos sus reductos, en todas sus trincheras “;  afirmación por cierto repetida luego por otros actores en otros escenarios y con los mismos fines de destrucción del enemigo político.

 

 

EL  OCASO  DE  LA  DEMOCRACIA

 

 

En ese sentido la posición de Mussolini fue clara y sostenida a lo largo del tiempo.  Hacia el mes de mayo de 1925 –año crucial en que el régimen termina con los restos cuasi democráticos y afirma su poder total conformando una verdadera autocracia – el Duce dice lo siguiente como ratificación de su esencial posición demagógica y al mismo tiempo  antidemocrática : “Además señores, hay una razón mucho más fuerte para mi – espíritu aldeano y a mucha honra – y es ésta: hay que hacer el mayor bien posible a los amigos y el mayor mal a los enemigos”.  Desgraciadamente podríamos agregar  que estos conceptos siguen siendo piedra angular en el discurso y las prácticas de algunos personajes de la política , apuntando ahora con decisión digna de mejor causa al entramado institucional que es el basamento de las libertades individuales y los procesos serios de integración social.

Producido ya en 1924 el asesinato del diputado opositor Giacomo Matteotti por parte de las escuadras fascistas, hacia 1925  con una oposición prácticamente desintegrada, los medios de comunicación fueron identificados por el régimen como una amenaza intolerable en tanto pretendían hacer uso de una libertad de opinión que no estaba dispuesto a tolerar.  En consecuencia y como una derivación natural del entramado totalitario del régimen, se dictó una nueva Ley de Prensa con la obvia intención de aplastar toda voz disidente, ley que establecía que sólo podían publicar y exponer sus ideas los periodistas debidamente registrados, en un proceso de registración que, obviamente, controlaban los funcionarios fascistas.  Como viejo periodista que era, Benito Mussolini tenía sus propias ideas sobre el particular , las que vale recordar por su parentesco con algunas oscuras intenciones del presente.  Decía el Duce a ese respecto que “el periodismo italiano es libre, porque sirve únicamente a una causa y a un Régimen; libre porque en el ámbito de las leyes del Régimen puede ejercer y así lo hace  funciones de control, de crítica y de estímulo”.  En el ámbito de las  leyes del Régimen, por supuesto…

Sólo un año después, al conjuro de un desbordado apetito de poder , el gobierno se atribuyó el derecho de prohibir la existencia misma de organizaciones opositoras, otorgó a la policía poderes suplementarios y, por una ley posterior, quitó sus bancas a diputados de la oposición. No fue suficiente y fueron por más, sancionando en diciembre de 1926 la Ley de Defensa del Estado que, entre otras disposiciones, impuso la pena de muerte para aquellos que atentaran contra la vida de los miembros del gobierno.

Creadas oportunamente la MVSN (Milicia voluntaria para la seguridad nacional) y la OVRA (Opera per la Vigilanza e la Repressione Antifascista), la colonización del Estado con la penetración excluyente de miembros del PNF (Partido Nacional Fascista) permitieron que Mussolini afirmara a propósito de la ley sindical de marzo de 1926 que “…en la concepción del fascismo todo está en el Estado, nada fuera del Estado y, sobre todo, nada contra el Estado”.  Es claro que la referida colonización del Estado por sus parciales sumada al control total de los medios de comunicación y al aplastamiento de toda disidencia, significaba la muerte definitiva del concepto mismo de democracia , de la práctica de las libertades individuales y de la vida política en el seno de la sociedad italiana. Así, ante la Asamblea Magna del Fascismo de setiembre de 1929 Mussolini ratificaba su convicción estatista recordando que “frente al individualismo demo-liberal hemos sido los primeros en sentar que el individuo existe únicamente en función del Estado y subordinado a la necesidades del Estado…La libertad de que tanto hablan las democracias, no es más que una ilusión verbal brindada intermitentemente a los ingenuos”.  Y tanta era su convicción que ya pocos años atrás, en marzo de 1924, meses antes del asesinato de Matteotti por obra de  sus “squadristi”, pudo afirmar que “ hay que estar en pro o en contra.  O fascismo o antifascismo. El que no está con nosotros, está contra nosotros”.

 

 

EL  LÍDER  Y  EL  PUEBLO

 

 

Esta característica de absoluto con que el Duce definía la acción del fascismo sobre el conjunto de la sociedad tenía como sostén la ligazón que establecía entre la gestión de gobierno y su persona – en nuestros días lo que algunos pensadores reflejan en la unión entre líder y pueblo sin “destituyentes” intermediaciones – y se definía de un modo inconfundible con sus propias palabras.  Al referirse a su gestión de gobierno, en febrero de 1923 ratificaba que “ En orden a la política interior, no hay nada que discutir:  todo lo que sucede, sucede por mi directa y estricta voluntad, y con órdenes mías taxativas, de las que asumo naturalmente la responsabilidad plena y personal. Es inútil, por tanto, atacar a los funcionarios de las diversas Administraciones:  las órdenes vienen de mi”.

Esta declaración, que podría tomarse como muestra de una profunda convicción personal – de la que, por cierto, siempre se vanaglorió – adquiere características casi religiosas en algunos momentos de su agitada vida. Así, en enero de 1926 no vacilaba en hacer pública una cierta forma de autocrítica muy particular, con ribetes místicos, al decir que “El fascismo ha vencido porque ha destruído siempre en su mismo nacimiento las tendencias, las corrientes y aún las simples diferenciaciones;  su bloque es monolítico.  El fascismo  venció y vencerá mientras conserve esta alma ferozmente unitaria y ésta su religiosa obediencia, ésta su ascética disciplina. Así, pues, Fe ; no relativa , sino absoluta”.

 

Casi es ocioso señalar que estas afirmaciones merecieron algunas respuestas de parte de quienes ejercían la oposición posible en aquellos difíciles años.  Para quienes encontraban insalvables dificultades para enfrentar el aparato totalitario del estado fascista –  incluyendo en éste a los intelectuales orgánicos a su servicio –  resultaba necesario pensar entonces en los caminos políticamente aptos para vulnerar el sistema.

Como en otras importantes cuestiones , y frente a posiciones de variado tipo, el pensamiento de Antonio Gramsci – que ya en el verano de 1924 llegó a hablar de “la necesidad de derribar no sólo el fascismo de Mussolini y de Farinacci, sino también el semifascismo de Améndola, Sturzo y Turati”,  – contribuyó a aclarar el horizonte de la oposición antifascista.

Durante el desarrollo del III Congreso del Partido Comunista italiano realizado en el mes de enero de 1926, Gramsci afirmó que el fascismo no debía ser considerado sólo como “ un órgano de combate de la burguesía” sino como un movimiento social y, en consecuencia, era necesario “examinar las estratificaciones del fascismo mismo porque dado el sistema totalitario que el fascismo tiende a instaurar, será en el seno del fascismo donde resurgirán los conflictos que no pueden manifestarse de otra forma”.

En otros términos, y como en tantos otros casos, serían las mismas fuerzas constitutivas del corazón del régimen las que, en su contradictoria y antitética evolución , producirían desde el interior la degradación de aquel que hasta entonces las representaba en unidad.

En el entretanto, las huestes del Partido Nacional Fascista continuaban creciendo numéricamente a punto tal que entre 1926 y 1927 se incorporaron a sus filas alrededor de 300.000 nuevos miembros, muchos de ellos dispuestos a hacer carrera en un Partido caracterizado por el nepotismo y la corrupción.  En este último aspecto, la legislación habilitaba al Duce a destituir funcionarios y jueces no confiables o no dispuestos a cumplir fielmente las leyes fascistas y, en última instancia, ser reacios  a aceptar un Poder Judicial sujeto a la voluntad inapelable del Ejecutivo encarnado en Benito Mussolini.  Es interesante acotar –y quizá obligue a una reflexión más profunda – que quien fuera llamado el “Kronjurist” del nacionalsocialismo, el refinado jurista Carl Schmitt, llegó a escribir y publicar un artículo que tituló significativamente  EL DERECHO  SEGÚN  LA  VOLUNTAD  DEL  FÜHRER, dicho esto sin entrar en consideraciones sobre el desarrollo del trabajo citado.

 

 

A  MODO  DE  CONCLUSIÓN

 

 

Está claro, por otra parte, que tanto el Duce como el fascismo en tanto sistema, han merecido diversas y contradictorias opiniones.  Lo que hemos citado en extrema síntesis recurriendo a textos de fuentes diversas y confiables, ha pretendido mostrar aspectos de una personalidad bosquejada en un trabajo anterior  sin llegar a exponer las miserias del patético final del régimen entre 1943 y 1945, pero sí opiniones y decisiones de gobierno que marcaron una etapa en el desarrollo de las corrientes políticas antidemocráticas en el mundo. Precisamente aquél que hizo de las palabras el preludio de la violencia más infame, el que pudo mostrarse como modelo del apotegma que dice que “ la función del lenguaje no consiste en aclarar ni en descubrir la relación entre las cosas, sino en producir efectos”, cayó ante su propio grupo dirigente a causa de su íntima y profunda fragilidad , según lo profetizara Antonio Gramsci 17 años atrás.

Este hombre y su régimen, que en palabras de su biógrafo el ex PC Renzo De Felice, fue aclamado por un pueblo integrado por “los hijos del miedo”,después de la I Guerra Mundial, el mismo que sostuvo con firmeza que “ el Estado Fascista es el Gobierno Fascista y el Jefe del Gobierno Fascista es el Jefe de la Revolución”, es el mismo que pocos días antes de su apresamiento y muerte ante un pelotón partisano en abril de 1945 ,pudo decir lo siguiente :”Yo no creé el fascismo; lo hallé en el inconsciente de los italianos.  Si no hubiera sido así , no todos me habrían seguido durante 20 años – repito, todos ellos – porque una minoría minúscula, realmente microscópica, no puede tener peso alguno”.

Finalmente, nos parece que esta afirmación del Duce en sus horas finales, merece de nosotros, argentinos, una particular y profunda reflexión.

 

 

 

Jorge  Marasco

 

27 de junio de 2013

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA  CONSULTADA

 

 

-El espíritu de la Revolución Fascista –  Benito  Mussolini-

–Editorial  Informes- Mar del Plata-Bs.As. -1973-

 

-El  Fascismo-  Sus  interpretaciones – Renzo  De  Felice

–Biblioteca del hombre contemporáneo- Ed.Paidos –Bs.As.  1976

 

–        Mussolini-  Peter  Neville.

–        Ediciones  B  -Argentina- 2010.

 

El eclipse de la fraternidad-  Antoni Domènech .

Crítica-  Barcelona-  2004.

 

Mussolini- Personalidad y poder –  Martin Clark

Edición Biblioteca Nueva-  España-  2007

 

A la búsqueda del poder – Henry S. Kariel

Ediciones Troquel- Bs. As.-  1967

 

 

Diarios y periódicos de la época y actualidad.

 

2 pensamientos en “FASCISMO Y POLÍTICA EN EL MUNDO REAL”

  1. Una generosa y enriquecedora apostilla al trabajo de Jorge Aguilera.
    Después de analizar ambos escritos sigue el interrogante: ¿cuánto deberemos esforzarnos todavía los argentinos para terminar de digerir los resentimientos que siguen rumiando nuestra memoria?
    Gracias a los Jorges por tan iluminadores textos.

  2. Tres ideas me llamaron la atención en el riguroso y meditado trabajo de Jorge Marasco en su recorrido por los principios fascistas.

    1.-El uso del lenguaje como “productor de efectos”

    2.-La canonización del absolutismo político expresado en una línea: “…o con nosotros o contra nosotros”

    3.-El hallazgo del fascismo y sus fundamentos en el inconsciente de los italianos.

    Lamento que las ideas de Mussolini hayan influido en la política de los últimos 70 años de tal manera que puedan reconocerse en diversas y hasta antagónicas formas de organización humana. Desde conservadores extremos hasta las democracias liberales; y desde los populismos hasta las dictaduras más sangrientas.
    Un trabajo que invita a pensar y a profundizar algunos conceptos: el “inconsciente colectivo” de las sociedades contemporáneas, el ambiguo y manipulador uso de las palabras, y el simple y duro autoritarismo y además, como señala el trabajo, reflexionar sobre la propia historia de los argentinos.

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