EL PRESIDENTE QUE FUE.

 

 

Corrían los últimos años de la década del 80. Pese a no residir en la Capital Federal, me trasladaba 400 kms. todas las semanas, por razones profesionales y también por el atractivo que ejercía en mí, el Centro de la Política y la Cultura, que desde siempre caracterizó a la Gran Urbe.

Fue en uno de esos viajes, en que tuve un encuentro con un dilecto amigo, que me hizo llegar una curiosa invitación. Como consecuencia de un severo cuadro de ACV, sufrido por el Dr. Arturo Frondizi, quien se desempeñara entre 1958 y 1962 como Presidente de la Nación Argentina, se encontraba en pleno proceso de recuperación, presentando dificultad en sus movimientos y en el habla.

Mi amigo me trasladó una invitación personal, a participar, en el departamento del Dr.Frondizi, en calle Berutti y Av.Pueyrredón, de un desayuno privado, sólo él y yo, a efectos de colaborar en su rehabilitación, en especial, de su memoria y de su dicción.

Fui seleccionado de una lista de personas que no lo conocían personalmente, pero que, de algún modo, poseían conocimiento en lo cultural y en lo político, y las virtudes de saber escuchar pacientemente y cambiar ideas sobre los temas que él eligiera para conversar.

Reconozco que, yo no era precisamente parte de sus seguidores, sin embargo, advertía la figura de un verdadero estadista, quizás adelantado para su época, sumamente capaz, de una gran valentía que había canalizado los votos de gran parte de un Pueblo proscripto desde 1955, para llegar a la Primera Magistratura.

Por supuesto que acepté el convite y un día de semana cualquiera, me presenté a las 9 de la mañana, en compañía de mi amigo, dispuesto a vivir una experiencia única: un encuentro a sola, mano a mano, con Don Arturo Frondizi.

Llegados a su departamento, el propio anfitrión respondió al timbre y nos hizo pasar.

Vestido con un viejo chaleco de lana, una camisa y pantalón de entrecasa, me recibió, muy cortésmente y mi amigo, después de las presentaciones de rigor, se despidió, quedando en pasar a buscarme al mediodía.

El dueño de casa, me tomó de un brazo y me condujo a una pequeña sala, con una mesa y 4 sillas, con las paredes repletas de libros ubicados en estantes de madera.

Una vieja araña, iluminaba poco el ambiente, sin ventanas, cuando una asistente, nos trajo una bandeja con té, leche, azúcar y masitas, y luego de servirnos se retiró.

Y ahí estábamos. Solos, los dos. Uno frente al otro. Un verdadero coloso de la política nacional e internacional y un todavía joven abogado, del interior, con alguna experiencia en temas educativos.

Rompió el hielo, preguntando sobre mi familia, mis estudios y mis colores políticos.

Simple, directo, con alguna dificultad al hablar. Sabía que yo no era frondicista, pero también sabía cuánto lo respetaba y admiraba como hombre, como político, como Presidente, por su honestidad, transparencia y por su enorme inteligencia.

Me limitaré entonces a contar brevemente solo dos relatos de su larga conversación.

Me dijo que, al poco tiempo de iniciar su gestión, encontrándose en su despacho en Casa de Gobierno, recibió un llamado telefónico en el aparato que solo se usaba con Jefes de Estado. Su interlocutor se identificó como el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, John Fitzgerald Kennedy.Frondizi hablaba inglés, de modo que la conversación fue fluida y sin intermediarios.

Después del protocolar intercambio de saludos, el Presidente Kennedy, le transmitió casi textualmente: “Dr.Frondizi, necesito su ayuda. He leído sus publicaciones sobre Política y Desarrollo y me han interesado enormemente sus conceptos. En razón de encontrarme abocado en llevar adelante un Proyecto de Cooperación entre los Pueblos de América, que he dado en llamar Alianza para el Progreso, quisiera pedirle que esté a mi lado, que me asesore sobre las metas a cumplir, para mejorar las condiciones de todos los Pueblos de América y que el Desarrollismo sea la brújula que lleve a buen puerto esta idea, que implica un verdadero desafío para nuestras Naciones. Le ruego acepte está invitación y me acompañe en la redacción del documento liminar.”

Contó Frondizi, que la mera circunstancia del llamado, del interlocutor y la naturaleza de la oferta, así como la participación ofrecida, lo hicieron casi enmudecer, pero, al final, contestó que con orgullo de argentino, agradecía en nombre de su Pueblo la invitación, que la aceptaba y que pondría de sí lo mejor para cumplir cabalmente con su labor.

No juzgaré aquí los acontecimientos que rodearon el evento, que se realizó en la hermana República Oriental del Uruguay. Simplemente destaco el alto honor que la convocatoria le significó a nuestro país y a nuestro Presidente.

Simplemente, pasaré a otra de las anécdotas que escuché de su boca.

Al verme entusiasmado con su relato, su voz se fue haciendo más firme y mi silencio, más intenso, con un deseo inocultable de seguir escuchando parte de la historia de la República por su protagonista.

Recordó otra llamada, que también atendió, de igual modo que la anterior. Esta vez, una voz, en idioma italiano, que él también hablaba, se presentó como el Secretario de Estado del Vaticano.

La sorpresa inicial, dio paso a otra manifestación extraordinaria.

Al transmitirle los saludos del Sumo Pontífice, Su Santidad Juan XXIII, le hizo saber su deseo de solicitar su ayuda para la redacción base de un documento de la Iglesia, que, desde la óptica del desarrollismo, que sostenía el Dr. Frondizi, a quien había leído, se abordara, desde la Iglesia Católica, las formas de corregir el desequilibrio entre países ricos y países pobres, con fuertes críticas al neocolonialismo y con franca cooperación entre los Pueblos en vía de desarrollo. Que Su Santidad lo necesitaba a su lado unos días, en su residencia de Castell Gandolfo, a efectos de contar con su aporte escrito como base de lo que luego se transformaría con la impronta eclesiástica en una Encíclica.

Sin reclamos, el Presidente aceptó y se traslado a Roma y desde el aeropuerto de Fiumicino a la Residencia de verano, donde se alojó en una pequeña casa de huéspedes, lindera a la casona de Su Santidad. Allí trabajó, junto al Pontífice, con el material bibliográfico propio y de la Biblioteca Vaticana, dejando su huella que finalmente el sucesor de Juan XXIII, Su Santidad Pablo VI diera a conocer al mundo la Encíclica Populorum Progressio, documento de altísimo impacto en los tiempos de la Guerra Fría.

Recordemos que el Presidente Frondizi había sido derrocado por el golpe militar el 29 de marzo de 1962 y puesto preso en la Isla Martin García y que Su Santidad Juan XXIII falleció en 1963.

He querido transmitir esta experiencia personal, después de casi un cuarto de siglo, como homenaje a un hombre brillante, que soportó dos docenas de intentos de golpes de estado, que fue presionado para actuar contra el peronismo, que lo había llevado al poder.

Agradezco a Dios la oportunidad que me dio de haberlo conocido, escuchado, valorado y más tarde volver a verlo v arias veces hasta el día de su muerte en 1995.

Es un ejemplo de vida, de fortaleza, de estudio, de vocación de servicio, de honestidad y transparencia y de amor a la Patria.

Vaya para él, este sentido homenaje.

Jorge Oscar Aguilera.

                                                   

            

3 pensamientos en “EL PRESIDENTE QUE FUE.”

  1. Amigos lectores. No es mi costumbre contestar comentarios a mis artículos. Sin embargo, el caso merece un párrafo de mi parte. He optado por hacer conocer mi experiencia tan particular con el Dr.Arturo Frondizi, luego de tantos años de ocurrida, en razón de considerar necesario, oportuno y conveniente transmitir a la sociedad, el orgullo que sentí de un argentino que, siendo Presidente de la Nación, era hombre de consulta de, al menos dos de los hombres más importantes del Siglo XX. Que lo admiraban y que admiraban su inteligencia.Alguna vez, eso pasó en mi Patria.

  2. La sola circunstancia de reconocer en sus palabras que no era usted un seguidor del Presidente Frondizi y después de haber leído su historia, enaltece su nota y su persona. Es quizás, el mejor aporte a una democracia ficticia y enferma en la que solo se reconoce a quien piensa igual. Usted ha descrripto dos hechos en la vida de un hombre, que, con virtudes y con errores, era rconocido por su capacidad, por su vocación política y por su honestidad, por el Mundo de la Política y por los Líderes de su tiempo.

  3. Estimado Jorge, tu relato reafirma que es una constante que sensillamente las personas inteligentes son aquellas que advierten cuando están frente a otras personas inteligentes, y sensillo no es sinónimo de fácil. El grave problema de la humanidad ha sido y será el pensamiento, la gente no piensa por dos cosas fundamentales, una de ellas, el temor, el miedo a enfrentarse a las ideas y la otra la pereza, lo mas triste es que la tendecia es a no pensar directamente y por lo tanto seguir cliches y conductas de repetición masiva que se generan a través del mas perverso e inconciente mecanismo de la individualidad en el marco del egoísmo espúreo. Tanto JFK como SS convocaron al mentor de una idea básica central “el desarrollo”, porque “siempre es bueno crecer”, Abrazo, Gracias por compartir este recuerdo.

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