Ética para la Bioética


ARTÍCULO COLABORACIÓN ESPECIAL DE FRANCISCO GOYOGANA

“La bioética se puede definir como el sistemático estudio de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y  el cuidado de la salud siendo así que dicha conducta ha de ser examinada desde la perspectiva de los valores y principios morales”. (Encyclopedia of Bioethics (W.T.Reich, New York, 1995).

Los científicos  y técnicos son los actores principales que están cambiando la vida de los tiempos actuales.  Así aparecen nuevas técnicas que inciden en los seres vivos, en su reproducción o enfermedades, transgénesis de alimentos, clonación de animales o células, aprovechamiento de embriones que, en suma, levantan opiniones. Es claro que estas nuevas situaciones plantean cuestiones éticas en primera instancia y jurídicas en segunda, porque no están reguladas o lo están deficientemente.

Para nuestro interés, una primera materia ha de dirigirse a explicitar lo que se entiende por ética, Ética o Moral, dos palabras que etimológicamente y por largo tiempo han significado lo mismo; con el paso del tiempo los conceptos de moral y de ética se fueron desagregando.  La moral, también del latín moralis, relativo a la costumbre, moris, es el conjunto de normas, usos y leyes que el hombre percibe como obligatorias para su conciencia;  su estudio es objeto de la ética, es abarcado por ella que tiene un horizonte más amplio.

Se considera que la moral genera juicios morales y no juicios éticos.  Se emiten juicios morales cuando se juzga si un individuo ha actuado conforme a su deber o no , o si una acción es moralmente correcta, siempre en consideración con los usos y costumbres de una época, o teniendo en cuenta si los motivos para actuar son o no correctos.

La ética, de ethos, costumbre, es la rama de la filosofía cuyo estudio es la moral.  Si por moral hay que entender el conjunto de normas o costumbres que rigen la conducta de una persona para que pueda considerarse buena, la ética es la reflexión racional sobre qué se entiende por conducta buena y en qué se fundamentan los denominados juicios morales. En resumen, la ética es a la moral lo que la teoría a la práctica;  la moral es un tipo de conducta, mientras que la ética es una reflexión filosófica.

Cierto es que en nuestro ámbito cultural la ética medieval es más conocida que la clásica, al punto que se la tiene como la ética sin más, idéntica o muy parecida a lo que llaman Derecho Natural. Sin embargo, en el mundo cada vez más plural que estamos viviendo, es fundamental entender que un gran conjunto de preceptos morales que forman parte de nuestra tradición cultural procede específicamente de la iglesia cristiana occidental o sea de la Iglesia romana. Es necesario saberlo para entender que las personas procedentes de otras culturas o iglesias, como también los que rechazan esta tradición aunque hayan sido educados en ella, se niegan a aceptar que esa moral particular sea simplemente la Moral Universal.

Se trata, en rigor, de una moral particular que de ninguna manera obliga a la totalidad universal de las personas y que no puede servir como base de convivencia pacífica con otras maneras de pensar. El único derecho innato y originario, el derecho a la libertad y a su ejercicio autónomo, es la piedra angular sobre la que descansan la Moral y el Derecho. Sin embargo, aunque no aceptamos perder ese derecho, no parece justo reivindicarlo para nosotros sin reconocerlo en toda la humanidad.  Esa debe ser la nueva moralidad como regla suprema de cualquier otro deber jurídico, ético o moral.

DECLARACIÓN  DE  BELMONT  DE  1978

Aunque el término “bioética” comenzó a usarse hacia el año 1970, se acepta como fecha de nacimiento de esta disciplina el año 1978.  En ese año se publicó en EE.UU. el llamado Informe Belmont en el que se enunciaban tres principios que debían regir en la práctica médica. Estos eran: el de respeto a las personas, el de beneficencia y el de equidad, redefinidos poco después en los Principios de Ética biomédica, como autonomía, beneficencia y justicia, agregándose un cuarto denominado de no maleficencia, que han sido generalmente aceptados, aunque su interpretación no ha sido unánime.

En concreto la Declaración de Belmont –punto de partida de subsiguientes trabajos- se refiere a la decisión sobre el tratamiento médico que un paciente ha de recibir o a la experimentación a la que va a someterse.  Ni el médico puede poner en práctica el tratamiento, ni el científico su experimento, sin que la persona afectada de para ello su consentimiento;  surge entonces de allí lo que desde entonces  conocemos como “consentimiento informado”, por el que el paciente recibe información, comprensible para él, que deberá testimoniar.  En la misma línea, la Declaración de Helsinki de 1964 y sus modificaciones de Tokio de 1975, Venecia en 1983 y Hong Kong en 1989, -y las subsiguientes ampliaciones- , también se ocuparon de la misión del médico en salvaguarda de la salud de la población.

Consecuentemente, la bioética es una práctica que integra en su interior las exigencias éticas requeridas cuando p.ej. el conocimiento biológico alcanza niveles subcelulares y la investigación no puede avanzar sin intervenir activamente en los organismos que son objeto de la investigación, del mismo modo que en la práctica clínica la aplicación de conocimientos previos aporta nuevos conocimientos para la praxis futura.

Por lo tanto, el carácter interdisciplinario de la práctica científica no puede actualmente limitarse al cruzamiento de conocimientos teóricos, sino que en el ejercicio mismo de la investigación pueden aparecer, y de hecho lo hacen, interrogantes éticos.  La prevención de daños exige la evaluación de las posibilidades, y el modo en que se tome una decisión al respecto tendrá carácter moral. Si la bioética contiene en su propia raíz, biología y ética, muestra su propia naturaleza interdisciplinaria teñida de responsabilidad moral.  Y esto representa un nuevo paradigma de conocimiento teórico-práctico extensible a otros campos que parecerían con mayor independencia de la moralidad.

NUEVA  POSICIÓN

Sea o no un nuevo paradigma, la posición de la ciencia y sus aplicaciones en la actualidad es evidentemente novedosa, aunque debe insistirse en que las nuevas técnicas siguen modelos naturales más allá que los cambios se multipliquen, y nunca se ha de olvidar que toda la naturaleza evoluciona continuamente y muta sin que ningún ser humano la toque.  Transformarla, por lo tanto, no significa alterar algo en si mismo inamovible. Tradicionalmente hemos concebido a la naturaleza como algo fijo, formada por esencias invariables, incluso eternas, que ahora se sabe que no son así.  Cuando se advierte que el concepto fijista de la naturaleza ha caducado, la civilización se apresta a adentrarse en una nueva concepción de los seres vivientes, abriéndose de este modo un panorama de gran relevancia al considerar a los seres humanos como procesos. Generalizando, y para una mejor comprensión,  el movimiento de la vida es un gran proceso en el que nacen y mueren individuos.

Por ello, y aunque suene a obviedad, digamos que la Ética no cae del cielo; su origen es mucho más modesto. Nace de la Política como técnica de organización social que siempre resulta imperfecta. Tiene éxitos y fracasos pero, valiéndose de la fuerza colectiva de la ley, impone reglas de conducta que benefician al género humano.

En lo específico, por su activa presencia y responsabilidad, vale citar a los Comités de Ética que ejercen su función precisamente en los medios dedicados a la atención de pacientes.

COMITÉS  DE  ÉTICA

El problema fundamental que se plantea en dichos comités consiste en evitar en sus intervenciones la intromisión de los prejuicios morales de aquellos que lo componen.  A pesar de que los Comités de Ética son órganos consultivos y no ejecutivos, se plantea el límite de la intervención o tratamiento de los considerados “dilemas éticos”.  Por consiguiente, una premisa inicial es que el Comité de Bioética no sea un Comité Moral; esto significa que sus resoluciones deben apuntar a una construcción siempre abierta y general y no funcionar como instancia de valoración moral.

Las soluciones éticas tampoco son soluciones legalistas y la condición multidisciplinaria de un Comité de Ética debe evitar caer en ese tipo de conclusiones. Es más ; el Comité debe hacer un esfuerzo por intentar comprender las distintas circunstancias de las acciones humanas dentro de su contexto cultural, religioso e ideológico, tratando de evitar un paternalismo que desprecie convicciones ajenas o ideas que pueden considerase absurdas por fuera de su contexto de expresión.

En todos los casos se debe privilegiar la calidad de vida por encima de la sobrevida, evitando el sufrimiento innecesario o las soluciones que sólo contemplan la aplicación de la técnica y no el resultado.

CONCLUSIÓN

La Bioética no adopta posiciones sustantivas con relación a ninguna cuestión. La Bioética no es privativa de ningún sector de opinión en particular. La Bioética mantiene las puertas abiertas a todas las formas de pensamiento, sin que ninguna de estas formas sea atacada por fundamentalismos ideológicos que traben las ópticas progresistas.  El status moral de la procreación y de la muerte, la investigación de embriones, la eutanasia, el aborto, la clonación, la manipulación genética, la eugenesia, etc., constituyen materia de reflexión y no ingredientes para limitar el espíritu humano con una receta determinada.

La trayectoria de la Bioética como disciplina no ha hecho más que empezar. Le queda a ella entonces resolver los nuevos problemas, presentes y futuros, surgidos de las ciencias de la vida, mediante el estudio de los conflictos de valor.

La Bioética, al asumir los conflictos de valor para la resolución de las colisiones surgidas en el campo de las ciencias de la vida, que incluso se han trasladado del terreno de las discusiones académicas al ámbito de los recintos parlamentarios, como ocurre en el tiempo presente con el tratamiento de la eutanasia que involucra una muerte digna, y los cuidados paliativos en los enfermos terminales, que no hacen más que una prolongación de la agonía en la generalidad de los casos, tiene como misión la reflexión filosófica de los dilemas modernos que acarrea el avance científico, la tecnología y el progreso social en general. Restan las resoluciones de otros problemas que se suman con el transcurrir del tiempo, sea en el campo de la biología o de la medicina, como el status moral de la procreación, la investigación y  manejo de  embriones, la manipulación genética, la clonación, la investigación en nuevos rumbos de la biología acordes con la sociedad secularizada, etc.

La Bioética consiste en una reflexión sistemática, cuestionadora y crítica sobre los problemas morales que surgen en el campo de las ciencias biológicas y la medicina.  Las cuestiones de las que se ocupa son diversas, pero en el fondo, todas ellas remiten a un puñado de interrogantes básicos que conciernen a todos los seres humanos, entre los cuales se encuentran la toma de decisiones morales, las responsabilidades y obligaciones del hombre con el prójimo y consigo mismo y, en definitiva, el papel de los individuos como miembros de una sociedad y la conducta a seguir para su bien.

Francisco M. Goyogana