DERECHOS HUMANOS EN EL SIGLO XXI

 

images (3) - copia

 

COLABORACIÓN ESPECIAL:  SONIA LUCÍA LÓPEZ B.

El hombre, la mujer y el niño (a), son la razón de ser de los Estados. Es por ello que la guarda y protección de los derechos en  calidad de seres humanos, le son atribuibles a cada uno de ellos, y entonces conforme dicha condición, los Derechos Humanos deben ser reconocidos y satisfechos en todo momento y lugar, pues cualquier forma de abuso, transgresión, vulneración o desconocimiento que si quiera, ponga en riesgo, el desarrollo integro de esos derechos y garantías fundamentales, constituye las mas de las veces una transgresión del ordenamiento legal y por lo mismo una forma de abuso de poder que por supuesto no es, ni admisible, ni tolerable y por ende debe ser sancionado.  

 

Bajo esa óptica, las sociedades en general y los organismos de control que de ellas se deriven a nivel nacional e internacional, es decir,  dentro de los territorios y fuera de ellos, se encuentran en la obligación de regirse, comportarse, relacionarse y discernir, política, social y culturalmente bajo la base del respeto mutuo y pleno de los Derechos Humanos y de todo lo que su concepción implica; todo ello favorece ampliamente al individuo como tal y por supuesto como elemento integrante del conglomerado social, traduciéndose eso, en un verdadera garantía del derecho a la libertad, dignidad e igualdad en todos los ámbitos de la vida y de la humanidad, conforme fue proclamado en 1948 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

Este documento que data del 10 de Diciembre de 1948, es un manuscrito altamente progresivo, revolucionario y representativo de la humanidad, pues se reviste en su contenido, por esgrimir el significado de los Derechos Humanos, su alcance, la imperiosa necesidad del respeto por la condición humana, describiendo además de manera clara, cuáles son esos derechos y como habrán de ser garantizados universalmente a los individuos y las sociedades, en cualquier territorio y sin restricción ninguna.

 

Con esta premisa y dada la condición de universalidad que caracteriza los Derechos Humanos, como precepto preponderante de convivencia de los individuos dentro de la sociedad; vale la pena preguntarnos si en pleno siglo XXI y después de tantos años de la proclamación de estos derechos, ¿Los individuos, conocen cuál es el significado de los Derechos Humanos y todo lo que su concepción implica para sí, para la sociedad y para los Estados?, ¿Cuales son esos derechos?, ¿Realmente como individuos y como comunidad, se tiene participación y a la vez acceso a la protección y goce de esos derechos, con plenitud?, ¿La comunidad, entiende, enseña y/o propaga a través de sus representantes estos derechos, en el diario vivir?, ¿Los Estados o las entidades internacionales como sumos garantes de la protección de los Derechos Humanos, han implementado, políticas educativas adecuadas y permanentes para garantizar el reconocimiento y divulgación de los de estos derechos entre la sociedad, a efecto que los conozcan, reconozcan y practiquen en su interior, sin restricción o vulneración alguna? y por último, ¿Hasta qué punto los fallos internacionales de protección a Derechos humanos son vinculantes y obligatorios para los Estados y que mecanismo de coerción existe para obligarlos a cumplir estas decisiones?.

 

Como es sabido, en muchos y diferentes lugares del planeta, la violencia, la ignorancia y la pobreza, derivados particular y comúnmente de la lucha por el poder político y económico en algunos Estados más que en otros, ha dejado a su paso la marginación, y consecuencialmente la degradación del ser humano, disfrazando esas falencias y  comportamientos inhumanos y contrarios al respeto por los derechos, en diferencias culturales, como desafortunadamente ocurre en los países islámicos y árabes; aunque muchas veces también  es la carencia de recursos económicos y políticos, que no permiten brindar al hombre lo que necesita para vivir dignamente y de paso, no vulnerar sus garantías fundamentales, como ocurre en la mayoría de territorios, en donde ni siquiera el derecho más elemental, sin el cual es imposible vivir y ejercer las demás facultades, como es la congrua alimentación del ser humano, existe; y por lo mismo, generalmente se traduce en un perjuicio para la población más vulnerable, que es el caldo de cultivo para la  desnutrición e inanición.

 

Ahora bien, ni lo uno ni lo otro puede constituir excusa como así lo sugieren algunos  Estados en su afán de Poder. No se puede aceptar que un ser humano tenga que ser sujeto de abusos y violaciones injustificadas directa o indirectamente, porque no hay justificación alguna por más explicaciones que los gobiernos y los Estados o los mismos organismos pretendan dar, para ejercer dichas acciones u omisiones que con fines particulares, propios o de algunos pocos, ultrajan al hombre y que le quitan su dignidad y su paz; haciendo con ello, todo lo contrario a lo que se supone representan los Derechos Humanos universales reconocidos por todos y para todos, lo cual es total y absolutamente inaceptable.    

 

Si bien es cierto, la sociedad ha conocido y aprehendido la terminología propia de los Derechos Humanos y muchos han dedicado su vidas a difundir y a reclamar del Estado y de las entidades internacionales los citados derechos que durante tantos años han sido vulnerados, omitidos y obviados, por aquellos sobre quienes recae el poder o sobre los individuos mismos respecto de otros; la realidad es que, ni las entidades internas, ni los mismos seres humanos en su mayoría como colectividad y como individuos conocen y/o reconocen, la existencia de estos derechos, bien sea porque jamás han tenido una educación sobre tales, no saben cuáles son su derechos, como reclamarlos o porque ni siquiera conocen, que como seres humanos, desde que nacen tienen unos derechos inherentes e inalienables, que deben ser satisfechos sin dilación, restricción, contraprestación  o cortapisa alguna.

 

El mundo avanza, se globaliza, pero no debe olvidar el pasado, debe dar uso de la tecnología para promover políticas sociales, económicas y culturales, que lleguen a todas las naciones sin restricción alguna para contribuir con una verdadera garantía de los Derechos Humanos que conlleve a la erradicación de la violencia interna, las guerras, la tortura, la discriminación, el hambre, la falta de educación, la carencia de un verdadero sistema de salud, propendiendo por la paz y respeto por los Derechos Humanos; desafortunadamente la situación es que, por más avances tecnológicos y globalización, el fenómeno de desigualdad y crisis social que deriva en la vulneración de los Derechos Humanos  está presente, no obstante las diferentes autoridades intenten negar o mitigarlo con paliativos inocuos,  se sigue perjudicando y arrastrando al ser humano a un circulo de deshumanización e indignidad, lo que lamentablemente se ha vuelto consuetudinario entre la misma sociedad.

 

Es inconcebible entonces, que aún en este siglo se transgredan los derechos y las garantías de los hombres y mujeres, cuando se supone que se intenta construir un mundo más justo y mejor, téngase en cuenta que no solo al generarse una globalización tecnológica, una sensación de seguridad pública y judicial o el implementar cada tanto, un ensayo de solución para quien padece hambre, está sin empleo, sin vivienda, sin educación, sufre discriminación, o no tiene acceso al sistema de salud, entre otros muchos más derechos, son políticas públicas adecuadas y suficientes de los organismos correspondientes, porque con ello no se erradica, ni se mitiga la violación y quebranto de las garantías, que menoscaban la vida; siendo preciso, constitucionalizar dichas políticas, de tal manera que de allí derive una legislación con una verdadera garantía jurisdiccional. 

 

De igual manera y hasta tanto la sociedad, los gobiernos y las diferentes entidades reguladoras, sigan invirtiendo los recursos económicos en elementos bélicos, y de defensa y no se establezca como prioridad la educación de los seres humanos y la confección de una política pública interna y externa, que regule, conmine e inste a las diferentes instituciones, a que coadyuven con la implementación de políticas, económicas, sociales y culturales de Los Derechos Humanos como eje fundamental a través del cual la sociedad debe desarrollar su vida; no será factible indicar fehacientemente, que existe respeto y goce de los Derechos del humanos de manera cabal, sin distinción y sin discriminación posible, para que se erradique la inhumanidad y se devuelva al hombre la dignidad, especialmente en aquellos a quienes nunca se les ha protegido esa condición.

 

 

Los Derechos Humanos para el cúmulo de la sociedad, constituye una simple frase y un concepto más, con el que no todos los individuos se han familiarizado y mucho menos han de saber lo que su noción implica para sí y para sus semejantes; algunos los han  escuchado o percibido pero las más de las veces, no saben si dichos derechos son de gozo exclusivo de unos pocos o de todos los seres humanos sin distinción. Estos dos eventos se presentan así en tanto y en cuanto el Estado y la sociedad misma no se ha preocupado por difundir estas consignas universales que tanto beneficiarían a la humanidad, por el contrario, salvando esa ignorancia, podrían reclamar sus garantías y su dignidad que como seres humanos les ha sido arrebatada; desafortunadamente ello no ocurre, porque tampoco han existido campañas, ni políticas públicas adecuadas y fuertes que permitan profesar y divulgar plena e integralmente tales derechos, a todos los individuos sin distingo de raza, genero, credo, religión o educación, para que hasta el menos instruido académicamente hablando, tenga la posibilidad de respetar al otro y hacer valer sus propios derechos.   

 

 

En un mundo como este, no solo se debe hablar de globalización en aspectos como la tecnología o las nuevas empresas que revolucionen los mercados, el comercio o la industria, es imperiosa la globalización en Derechos Humanos por llamarlo de alguna manera, para que los divulgue y universalice, se hagan posibles y reales, sin embargo en este momento, como están las cosas dentro del fenómeno globalizador, se pretende  no dar cabida real para el ser humano como sujeto merecedor de dignidad, derechos y garantías, porque parece ser que el hombre ha sido tomado como un objeto forjador de trabajo en términos marxistas, y que los Estados, solo ven en él, la generación de ganancias económicas y correlativamente la consecución o afianzamiento del poder para unos pocos, sin que con ello se garanticen derechos.

 

 

Existe un problema jurídico, de una singular envergadura, que a través del paso de los años ha sido materia de controversia entre los estudiosos del derecho internacional y que tiene que ver con la coerción como uno de los elementos dogmáticos estructurales de un Estado de derecho o de un sistema jurídico interno, traducido en la capacidad de imponer o sancionar de ese Estado, que no aparece claro en un sistema jurídico externo sin que viole la soberanía, ya que cualquier sanción o imposición que pretenda hacerse por una organismo con funciones jurisdiccionales de carácter internacional, puede traducirse en una violación de la Soberanía Nacional, por lo mismo, muchas veces es precaria la protección de este tipo de derechos, cuando en Estados acusados de vulneración de Derechos Humanos no existe una herramienta de carácter Constitucional que ayude a salvar el problema de la soberanía ya descrito.

 

De esta manera y si bien es cierto muchos Estados se han comprometido a respetar los tratados internacionales, y que en su orden legal, se encontrarían por encima de las constituciones internas dada su universalidad, lo que en realidad ocurre, es que cuando una corte internacional revisa un fallo de un tribunal interno o produce una condena a un Estado por determinado delito, el país condenado o recomendado, manifiesta en su mayoría, que no se encuentra obligado a cumplir lo decidido en instancias internacionales, porque está en ejercicio pleno de su soberanía interna.  

 

 Y aunque internacionalmente los Tribunales y las Cortes han propendido por conminar y hacer cumplir indefectiblemente a los países y sus gobernantes las leyes internacionales en materia de Derechos Humanos y sus decisiones, lo innegable es que los países hacen caso omiso a estos requerimientos, y no se tiene internacionalmente una manera real y efectiva que le permita a dichas cortes y a los mismos afectados, reclamar cumplimiento y protección, para reparar perjuicios cuando es del caso, o evitar y erradicar toda forma de agravio, discriminación o violación a derechos y garantías humanas.

 

Mientras los Estados y las instituciones consideren a los individuos máquinas y no seres humanos, los utilicen como simples herramientas de trabajo y no se preocupen por terminar con el hambre y la violencia por disputar territorios y alimentar sus ansias de poder a través de la guerra, que afecta de una u otra manera a todo el conglomerado orbital, los Derechos Humanos son y serán una ficción que la sociedad no podrá disfrutar y gozar de la manera debida. 

 

Es necesario diseñar políticas que propendan la educación y concientización  de los Derechos Humanos por parte de los Estados, pero también es deber y responsabilidad de los individuos para generar un cambio positivo en la humanidad, de igual manera abogar, promover y practicar el respeto por los derechos de sí y de sus semejantes durante todo el ciclo de la existencia, utilizar los diferentes espacios de desarrollo personal, familiar y social en que se desenvuelven diariamente, obviamente teniendo presente que para poder conocer que son los derechos humanos, cuales son, cómo se hacen exigibles y ante quien , es deber de los Estados educar en Derechos Humanos desde la academia, las escuelas primarias y en todos los espacios posibles y al alcance. 

 

Finalmente y en un sentido humano y tal vez altruista, que me inquieta respecto de la  sociedad actual y de quienes estarán en un futuro, considero que es pertinente que como humanos a quienes se les han de respetar garantías y quienes exigimos de la sociedad y de los diferentes órganos de control que nos regulan, que nuestros derechos sean respetados y satisfechos en manera tal que la deshumanización se erradique y que podamos convivir en paz para poder vivir y no sobrevivir, es necesario que empecemos por respetar al otro, ayudarlo cuando sea necesario, y actuar pensando educando, propagando, viviendo y ejecutando los Derechos Humanos a plenitud, y sin distinción de ningún tipo, ni de ninguna situación o condición de vida que nos haga pesar que somos mejores que otros ya que todos somos iguales y sujetos de derechos.

Así como tampoco puede olvidarse que los Derechos Humanos comienzan desde casa y se complementan con la educación de nosotros mismos, de la sociedad y de los órganos que nos controlan dentro y fuera del territorio en el que nacimos, en todos los ámbitos de la vida y durante todos los ciclos de la vida.

 

Autora: Dra. Sonia Lucía López B.

Pasante Extranjera de FAPEDEC

Deja un comentario