APUNTES SOBRE LA REALIDAD NACIONAL (III)

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CON SUMA PRUDENCIA.

 

Como siempre lo ha sido, aventurar una visión general de la actualidad política no deja de ser un riesgo que, en definitiva, no es posible evitar. Siendo así, si observamos con una óptica histórica los últimos 70 años de la política nacional no podemos menos que reconocer que hemos oscilado entre gobiernos de fuerte impronta presidencialista y otros, menos numerosos, con manifestaciones de impotencia gubernativa que a la postre han creado las condiciones para el retorno a formas autoritarias de gobierno.

Huelga decir que, en estos últimos casos, la Constitución y las leyes son directamente negadas o se les atribuye una flexibilidad que termina demoliendo la esencia misma del sistema democrático.

Paradojalmente, el reconocimiento constitucional de los partidos políticos –herramienta clave para canalizar las múltiples expresiones de la opinión y el hacer políticos – coincidió con el debilitamiento y progresiva desaparición de los mismos, situación agravada en su desarrollo a partir de la crisis global de fines del año 2001.

La multitudinaria expresión social del “que se vayan todos” propició la aparición de liderazgos personales donde la audacia, la capacidad para aglutinar viejos y nuevos reclamos y cierta dosis de inescrupulosidad, dieron lugar a gobiernos que, siendo eficaces en sus primeras etapas, desembocaron concientemente en formas reñidas con la tradicional democracia representativa.

No en vano algunos analistas vislumbraron entonces la intención de un cambio cultural -en el amplio sentido antropológico del término – que sobre la ficción de un relato elaborado tendenciosamente para confundir apuntaba a la fragmentación social y al cuestionamiento de las formas republicanas de gobierno.

Sin olvidar los temas económicos y financieros en los que se podría abundar, parece más importante señalar algunas formas del quehacer político que han definido las acciones del gobierno y sus eventuales consecuencias futuras.

Sería necio e injusto negar que ciertas decisiones gubernativas han sido positivas y han contribuido a superar situaciones de desintegración social, aunque no es menos cierto que han legado para tiempos inmediatos una pesada carga de desequilibrio socio-económico.

Tanto es así que cualquiera sea el gobierno que surja de las elecciones del mes de octubre próximo tendrá que abordar en el primer año de su gestión conflictivas situaciones heredadas que, si bien tienen base económica, habrán de presentarse a través del justo reclamo de aquellos sectores sociales a quienes sus políticas lleguen a perjudicar.

Es más; a tales reclamos que pueden tomar las calles como escenario, debe sumarse la posible ingobernabilidad operativa provocada por grupos colocados estratégicamente y con anterioridad en las estructuras burocráticas del Estado nacional.

No hay dudas que quedan pendientes de solución agudos problemas que afectan a la sociedad argentina. Loa que se refieren a la economía y las finanzas de algún modo se superan (con más o menos sufrimiento de los sectores vulnerables); lo que no se remonta con facilidad es el quiebre cultural que deliberadamente han producido y donde si la educación sigue siendo piedra de toque para el futuro, el narcotráfico y las complicidades consecuentes exigen respuestas inmediatas, efectivas en la represión y sostenidas sin pausas en el tiempo.

Aunque la razón lo niegue es necesario seguir manteniendo una dosis de esperanza cualquiera sea la fórmula elegida por el pueblo para gobernar el país, pueblo éste afectado por los resultados de una estrategia de la confrontación que ha cavado abismos de incomprensión y rechazo entre hermanos argentinos.

Frente a ministros que se atreven a negar públicamente a las instituciones de la República, ante los que rechazan el concepto y la práctica del equilibrio y control de los poderes constitucionales, vale hacer una vez más la repetida e inalterable afirmación de fe democrática y republicana que, también con desaciertos, construyó el país.

Aún en la incerteza, que nubla el horizonte, bregar y confiar apoyados en el sentido común y la fe laica de la ciudadanía.

 

Jorge Marasco

1 pensamiento en “APUNTES SOBRE LA REALIDAD NACIONAL (III)”

  1. Efectivamente, entiendo que a partir del 16 de septiembre de 1955 mediante un golpe de Estado que motivò la primera caìda del Peronismo, y la “impotencia gubernativa” existente alla por el año 1976 que desemboca en su segunda “derrota”, se produce en la sociedad argentina, lo que a mi humilde criterio ya se vislumbraba desde mucho antes : “El antiperonismo” generando esa fractura que se acrecienta en la actualidad y se mediatiza con el “que se vallan todos”, sin lograr opotunamente la capitalizaciòn de ese descontento general en una figura excluyente que pudiera aglutinar a una hoy inexistente fuerza opositora, que destrone definitivamente una forma de gobernar bajo la presiòn, la mentira, la dàdiva, el clientelismo, el autoritarismo, la falta de respeto por las Instituciones, sumido en la corrupciòn, amparado en la impunidad y soberbio en su propia mentira.

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