BURGUESÍA NACIONAL. ¿SI O NO?

 

 

Suele suceder que la relectura de algún texto leído años atrás permite, a la luz de las experiencias vividas, penetrar con una nueva visión en el entramado de las ideas que el autor ha volcado en su obra y, a la vez, hacerlo desde la perspectiva de un lector que ya no es aquél.

En nuestro caso, producto de tales lecturas, de la apreciación de la situación mundial y por supuesto nacional, hemos encontrado reiteradas referencias tanto políticas como económicas reclamando por la presencia de una burguesía nacional – como sector o clase diferenciada­­­ –

capaz de ser el motor de una forma de crecimiento económico y, al mismo tiempo, factor operativo de un cambio en la organización y desarrollo de la vida política en el país.

 

Durante muchos años el reclamo por la constitución de un conglomerado de base predominantemente industrial y contenido nacional ha sido una constante, una bandera levantada por sectores políticos de variado origen –aunque fundamentalmente de extracción izquierdista-  hasta llegar en algún caso a dar por concretada su conformación y, en consecuencia, haciendo valer el supuesto de su actuación en el plano político-económico como una realidad.

 

Para no recurrir al recuerdo, para algunos fundacional, de las propuestas industrialistas de hombres como Vicente Fidel López y Carlos Pellegrini allá por 1875, o la fundación del Club Industrial y luego la Unión Industrial Argentina en febrero de 1887, podríamos citar los trabajos de distinguidos economistas y sociólogos que, más prudentemente, fijan el punto de partida más sólido para el intento como resultado del proceso inicial de sustitución de importaciones producto de 1a.  Guerra Mundial.

 

Ya a partir de entonces , y avalado por la pluma y la acción de prestigiosas figuras como el ingeniero Alejandro Bunge y su Revista de Economía Argentina publicada entre 1918 y 1952, Enrique Mosconi y el grupo de militares industrialistas , las medidas favorables al desarrollo de la industria liviana nacional de los gobiernos que van de 1943 a 1955, sumado esto al obligado proteccionismo por la crisis mundial de los años ‘30, se produce una toma de conciencia en cuanto a la necesidad de avanzar en un proceso de desarrollo industrial que requería, necesariamente, de una burguesía capaz de encarar y llevar adelante el proyecto.

 

Cierto es que desde el principio la presencia y participación del Estado y sus recursos financieros, pero también sus cuantiosas inversiones en infraestructura, avales crediticios y aportes directos a las incipientes empresas públicas y privadas, fue un factor insustituible para el desarrollo, sobre todo cuando fue necesario encarar el salto de la industria liviana a los costosos conglomerados de la industria pesada al comienzo mismo de la década de 1950.

 

En esta sumarísima descripción no puede deja de señalarse el intento de cambio que significó la experiencia desarrollista a partir del 1º de mayo de 1958, cuando navegando en el proceloso mar de los golpes militares y el aporte de capitales y técnicos extranjeros , se buscó provocar un cambio de rumbo de la economía nacional. Con éxitos y fracasos el intento no prosperó y de allí en más hemos transcurrido décadas de inestabilidad institucional y experimentos económicos que no han posibilitado las mejores condiciones para el surgimiento de una verdadera burguesía nacional, es decir, aquella que dotada técnicamente, con visión de futuro y una ética empresaria comprometida con el interés de la nación, fuera hoy un elemento de peso capaz de competir con sus producciones en el complejo mundo de los mercados internacionales.

 

UN  NUEVO  PACTO  SOCIAL?

 

Sin embargo parecería ser que la positiva modificación para los intereses del país en la relación de los términos del intercambio, el avance tecnológico logrado en los procedimientos de la producción agroganadera, la expansión territorial de las plantaciones de soja, los extraordinarios precios internacionales pagados por la oleaginosa y los crecientes volúmenes cosechados, han creado un nicho de posibilidades ciertas para un crecimiento y desarrollo más armónico del campo y la industria y, en consecuencia, de una relación menos conflictiva entre ambos sectores.

 

Claro está que esto no es fácil de lograr sin una cierta participación del Estado nacional – mayor o menor según se estime- en la creación de las condiciones impositivas, financieras y reglamentarias que enmarquen la acción de los productores y fabricantes, sin que esto conlleve necesariamente una forma de capitalismo de Estado como algunos analistas han inferido de la participación de aquél en el caso YPF-Repsol.

Aparece entonces como deseable una acción decidida en el sentido de estimular emprendimientos industriales que, agregando valor a las producciones primarias, garanticen un horizonte de sustentabilidad al empeño agroindustrial, asumiendo el Estado por su parte la inexcusable tarea de actualizar las infraestructuras energética, vial y portuaria. En suma, reencauzar el desarrollo económico dentro de una orientación social y política capaz de generar, en el tiempo, un nuevo pacto social que incluya a una ascendente burguesía nacional en  el marco mayor de una democracia republicana.

 

En ese sentido existen experiencias y evaluaciones críticas que, aunque desarrolladas fuera de nuestras fronteras, reflexionar sobre ellas puede sernos de verdadera utilidad. Así entonces, y como un aporte al debate sobre la pertinencia y factibilidad de las burguesías nacionales en los países emergentes del  mundo de hoy, elegimos transcribir, entre muchos otros, fragmentos de textos vinculados al tema que, aunque con divergencias entre sí, corresponde que tengamos en cuenta para ayudar a definir una posición que considere los intereses generales con una visión estratégica de largo plazo.

 

ALGUNAS  OPINIONES VINCULADAS AL TEMA

 

El politólogo Guillermo O´Donnell, fallecido pocos meses atrás, en una nota periodística de enero del 2000 al referirse a las consecuencias del proceso de globalización decía esto:

“Hay una posición que quiero discutir. Ella consiste en afirmar que la globalización es un huracán incontenible y que, si le queda al Estado algún papel, sólo consiste en adaptarse pasivamente a esos vientos.  Nada es más falso que esta posición y nada niega más profundamente la idea y la posibilidad de un Estado –para-la Nación.  Detrás de esta falsa idea no hay naciones sino meramente países –lugares geográficamente delimitados que contienen aglomeraciones de individuos – en los que algunos gozan de los beneficios de la globalización y muchos viven de las migajas del consumo de los primeros” (1)

 

Esta reivindicación del papel del Estado que hace O´Donnell no sólo en el plano económico sino fundamentalmente en lo político y social, nos obliga a reflexionar sobre el estimulante papel que implícitamente le  asigna en la conformación de aquella burguesía nacional de que hablamos, habida cuenta de los intentos realizados en nuestro país a lo largo de tantos años y los fracasos teñidos de corrupción e ineficiencia que fueron su resultado.

En principio parecería inconducente y hasta ingenuo avanzar en una repetición de aquel modelo, que para algunos sectores de la vida política era un componente insoslayable de la revolución democrático burguesa, y que en estos tiempos se enfrenta precisamente con una realidad globalizada que al decir de  Ignacio Ramonet, entonces director de Le Monde Diplomatique, “modifica el capitalismo nacional y disminuye el papel de las empresas locales y de los poderes públicos”. (2)

 

No obstante, y en coincidencia con uno de nuestros más cercanos intentos al respecto, Brasil comenzó y concretó exitosamente un modelo de desarrollo que, al cabo de los años, le ha permitido convertirse en una de las principales potencias emergentes en el mundo contemporáneo, más allá de las turbulencias que padece en el momento actual.

 

En la revista  ENCRUCIJADAS de la Universidad de Buenos Aires (UBA) del mes de abril de 2004, en un trabajo sobre la política científica y tecnológica del Brasil, el investigador Enrique Oteiza, profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de esa universidad, afirmaba que “…en el caso de Brasil se pone en evidencia a la luz de esta historia que existió, a partir de mediados del siglo XX y quizás un poco antes, un consenso respecto de los lineamientos principales de una estrategia de desarrollo nacional, que incluyó la industrialización, el desarrollo de la educación superior y la expansión acelerada del sector de C y T.  Este consenso se mantuvo aun a  través de importantes crisis políticas internas y cambios significativos en el contexto económico y político mundial”.

 

Tal como lo asevera el profesor Oteiza el proceso brasileño tuvo que afrontar condicionamientos y fracasos , tanto económicos cuanto políticos, que la dirigencia de aquel país se vio obligada a superar. Debió entonces asumir un curso de acción que, sin desnaturalizar el sentido nacional de sus políticas, otorgara al proceso una eficacia y sustentabilidad que garantizara el acceso a un futuro mejor.

 

CONFRONTANDO  DESARROLLOS

 

En razón de esto, hacia 1985 y en el marco del Programa de Estudios Conjuntos sobre las Relaciones Internacionales de América Latina (RIAL), apoyado por el PNUD y la CEPAL, la participación del distinguido sociólogo brasileño Helio Jaguaribe sirvió para mostrar con claridad el camino elegido por los sectores dirigentes de su país.  Dice Jaguaribe en la edición impresa de su trabajo que “la solución adoptada consistió en internacionalizar los factores de crecimiento: abrir la economía brasileña al mercado internacional, asociarnos al gran capitalismo mundial, traer las multinacionales y con ellas capital y tecnología .  Con las inversiones de las subsidiarias de las multinacionales se retomó el proceso de desarrollo en un nivel tecnológico más sofisticado…”(3)

 

Ése fue según Jaguaribe el rumbo seguido por la clase dirigente brasileña y obviamente sus resultados pueden ser motivo de análisis desde distintos puntos de vista, así políticos como económicos y sociales. Uno de ellos , y sólo uno , llevaría a evaluar la presencia del Brasil en el escenario inter-nacional hacia las décadas de los ’50 y ’60 del siglo pasado y confrontarlo con lo que representa hoy, sólo 50 años después, visto esto en comparación con la realidad argentina del mismo período.  Veamos un dato.

Según informes producidos por el Banco Mundial, para 1997 el Brasil tenía un PBI 3 veces el argentino ; en el año 2003 llegó a ser 4,2 veces y en 2010 a 5,7 veces nuestro Producto Bruto Interno , diferencia tanto más significativa si la comparación se establece sobre parámetros aún más lejanos en el tiempo.

 

En la actualidad, la gravitación del país vecino sobre nuestro comercio exterior alcanza niveles ciertamente importantes habida cuenta de los avances y acuerdos empresarios dados a partir de la conformación del MERCOSUR.  Así, el 21% de las exportaciones argentinas totales y el 40% de las industriales tienen como destino el mercado brasileño, siendo que, además,  -sin referirnos a la balanza sectorial, deficitaria en este caso – concentra casi el 80% de nuestras exportaciones de automotores cero kilómetro.

 

Para algunos compatriotas quizá convenga recordar aquí aquella afirmación sostenida frecuentemente como una verdad absoluta y que nos habla del nacionalismo de la burguesía brasileña, en particular de sus expresiones industriales afincadas en el eje paulistano del sur del país. Sin duda una exageración, pero no es menos cierto que aún sin dar crédito a la calificación de la Argentina como país des-desarrollado, cabe reconocer que los sectores sociales que en nuestro caso deberían haber tomado el testimonio del progreso en la conformación de esa burguesía nacional que se añora, fracasaron en su intento, si es que alguna vez lo intentaron. Es más; estamos persuadidos que el ejemplo brasileño que citamos conlleva explícitamente decisiones políticas que no pueden dejar de señalarse y evaluar para nuestro propio caso , tales la aceptación y reconocimiento de la presencia expansiva de las corporaciones transnacionales y la confianza en la planificación estratégica por sobre la demagogia voluntarista y la explotación de mercados cautivos.

 

Es un camino; no necesariamente el nuestro, ni mucho menos . Pero puede ser un ejemplo a considerar en el análisis del futuro de nuestro país, habida cuenta que el modelo de matriz productiva diversificada con inclusión social no puede prescindir de poner a consideración y debate su estructura programática, ni tampoco los procedimientos adecuados para llegar a los fines propuestos.

Y en esa oportunidad, dar lugar a los que sostienen una posición que habla de otorgar un papel más relevante a los Estados nacionales en la definición, participación y regulación de los sistemas económicos y financieros de cada país, sobre todo cuando son voces que surgen del entramado mismo del gobierno nacional.

 

Cierto es también que en tal posición va de suyo la implantación de formas de capitalismo de estado, sin demasiadas consideraciones, por cierto, respecto de la necesaria diferenciación entre la propiedad parcial o total  de los medios y la gestión de los mismos.  Parece claro a la luz de los hechos de nuestra propia historia que la propiedad pública por sí misma no garantiza una gestión eficiente, lo que sin duda redunda de hecho en un plus de responsabilidad para el aparato dirigencial del estado.

 

Precisamente por eso aparecería como más necesaria aún la presencia activa de un sector dinámico de emprendedores –en otros términos ,de una burguesía nacional asumida como sector o clase diferenciada- que un importante empresario argentino ha enmarcado recientemente al postular un desarrollo sustentable diciendo que “ la responsabilidad de esta transformación en el Estado trasciende a los gobiernos o la clase política e incluye a la sociedad civil en su conjunto ,y por supuesto, a los empresarios, que serán los responsables de asumir riesgos, capacidad de inversión y creatividad frente a los desafíos de este nuevo período.  El proceso debe generar bienes públicos y construir capital social.  Los casos de asociaciones público-privadas pueden ser una buena plataforma para llevar adelante estas acciones ”.

 

 

UNA  CONCLUSION  ABIERTA

 

En conclusión, la pregunta que deberíamos hacernos es sobre la viabilidad política de poner en pie  a una burguesía nacional exitosa en el cuadro mayor de un mundo globalizado y, en consecuencia, donde ha disminuido “el papel de las empresas locales y de los poderes públicos”, en el decir del ya citado Ignacio Ramonet.

 

Así es que si aceptamos la ausencia de una burguesía nacional en los términos en que someramente hemos tratado de definirla, podría ser necesario y útil reflexionar sobre la necesidad de conformar la misma, visto el interés manifiesto de algunos actores políticos que desde tiempo atrás –y ahora desde posiciones de gobierno – la ven como factor imprescindible del desarrollo nacional autónomo , aún bajo la utópica bandera de “vivir con lo nuestro”.

 

Por nuestra parte, damos por supuesto que no se trata de articular una “burguesía” conformada sólo por los amigos del poder de turno –siempre transitorio – ni tampoco producto de una estrategia consistente en ubicar a los sostenedores de una determinada idea en los consejos directivos de la empresas de más peso específico para, desde allí, ejercer un poder económico y financiero que trascienda el tiempo político.  En este último supuesto, no deseable por cierto, no sólo se estaría cerca del poder sino que se trataría del poder mismo.

 

Es por esa y otras razones que nos parece interesante ahondar en la búsqueda de respuestas políticamente viables en cuanto a la coexistencia y capacidad de maniobra de las burguesías nacionales de los países emergentes en un mundo globalizado y en el que el factor financiero determina en gran medida el concreto acontecer económico y político.  Visto esto, por cierto,  en un momento álgido del funcionamiento de la democracia y el sistema político argentino en particular.

 

 

 

Jorge  Marasco

 

18 de junio de 2012

 

***

 

(1)  Clarin , 23 de enero de 2000

 

(2)  La Prensa , 16 de julio de 2000

 

(3)  Sociedad y Política en la actualidad brasileña- Helio Jaguaribe-

Cuadernos del RIAL- Grupo Editor Latinoamericano- 1985.

 

–        Apoyo empresarial en los orígenes del peronismo-  Cristina Lucchini-

–        Centro Editor de América Latina-  1990.

 

–    El caso argentino.  Migración de factores, comercio exterior y

Desarrollo- 1875-1914.- Vicente Vázquez Presedo.- Eudeba 1979.