APUNTES DE VIAJE: CHINA 2012: UN PAÍS, UN PLANETA, UNA CONSTELACIÓN

 

 

 

Veintitrés horas y 20.000 kilómetros son necesarios para unir a la Argentina conla República PopularChina.

Nuestra imaginación  occidental ha descripto a ese Imperio del Medio con alambicadas formas de expresión artística, con herméticas costumbres políticas y gastronómicas y con indescifrables grafismos y sonidos en su comunicación.

Los años que hemos transitado desde el inicio del siglo XXI, lograron introducirnos en una nueva y fascinante lectura de este gigante, que alberga a mil cuatrocientos millones de seres. Algo así como 35 veces la población dela República Argentina…

El sistema político de la Chinade 2012 tiene,  para las miradas y las críticas occidentales, características y definiciones netamente autoritarias. Las concesiones de su economía de mercado socialista hacen que se haga difícil su distinción con las normativas del capitalismo contemporáneo. Desde marzo de 2004, su Constitución asegura que la propiedad privada adquirida legalmente por los ciudadanos, es inviolable.

Desde el cierre de la errática aventura que significaron: El Gran Salto Adelante, (de fines de la década de los 50) que llevó a la hambruna de 30.000.000 de habitantes y la Revolución Cultural  (1966-1976) concluida con la muerte de su conductor, el Partido Comunista Chino intentó y consiguió recuperar su legitimidad, como líder político y abastecedor eficaz de la mayor población del mundo. La modernización de un socialismo gestionado por dirigentes que no habían participado de la toma del poder en 1949, logró archivar el igualitarismo proclamado por Mao Zedong junto con las aspiraciones de un comunismo planificado a la soviética…

Cuando un visitante occidental indaga sobre los sucesos sangrientos dela Plaza Tiananmenocurridos en junio de 1989, la respuesta parca y respetuosa hacia el extranjero es que tal incidente dramático fue solamente un punto a tener en cuenta, dentro del complejo desarrollo que está viviendo la milenaria historia china. Coinciden en que ha sido un error juvenil de perspectiva política haber tomado, en ese momento, por ese atajo. Tampoco hoy  los chinos jóvenes están preocupados por definir taxativamente si su sistema económico actual  – del que muchos disfrutan -,  es socialista o es capitalista.

Deng Xiaoping, (1904-1997) el pragmático conductor del PCCh y crítico sucesor de Mao, indicaba dentro de la más pura tradición confuciana: “No interesa si el gato es blanco o si es negro…Lo que interesa es que cace ratones”. El totalitarismo staliniano, la economía estrictamente planificada y la ausencia de estratificación social fueron dando paso a la situación de una China abierta a los mercados mundiales. Siguiendo las máximas de Confucio: el poder debe asegurar el bienestar y la seguridad de todos los súbditos, así es que si un sistema totalitario de raíz marxista no lo había logrado, habría que buscar y encontrar nuevas vías de acceso.

La amplia apertura económica al capital extranjero y los restringidos atisbos de cambios políticos, responden a la imperiosa necesidad de dar respuestas a una población hambrienta y en crecimiento, que se hallaba agotada por los desbordes del Gran Salto Adelante,la Revolución Cultural, y el excesivo culto personalista de Mao. En caso contrario, la misma legitimidad del PCCh hubiese entrado en duda y las consecuencias de tal actitud masiva podrían haber resultado catastróficas, teniendo en cuenta las escalofriantes cifras demográficas,  el alto porcentaje de población rural y la amplitud geográfica del país.

Los permanentes éxitos de los nuevos lineamientos económicos aplicados con cautela y en forma gradual, facilitan el apoyo popular en cada ciudad y provincia y son un reaseguro para la continuidad de las reformas y su afianzamiento. La edificación parsimoniosa de una economía de mercado convive, hasta hoy, con un congelamiento sine die de la construcción del comunismo y con un Partido-Estado que controla cada resorte de tan complejo sistema.

Las nuevas generaciones están al tanto de la calidad de vida en los países europeos, asiáticos y en Australia, Nueva Zelandia, EEUU y Canadá. En consecuencia aspiran a mejorar sus niveles de consumo, que se visualizan en el rápido auge de la demanda interna de: teléfonos celulares, acceso a Internet, turismo interno y hacia el exterior, estudios universitarios, vivienda propia, automóviles particulares, vacaciones… Estos jóvenes consumidores seguramente se opondrían a cualquier medida que intente desarticular lo logrado y que los haga volver al mundo de los maoístas nostálgicos.

Un interrogante que flota en el ambiente, sin respuesta concreta todavía, es: el alto nivel de reformas económicas alcanzado, ¿puede continuar avanzando sin las consecuentes reformas políticas a las que aspiran los nuevos estratos medios? Varios optimistas están por la afirmativa, indicando que cualquier cambio en los estándares de libertad y participación ciudadana hacia  algún tipo de democracia tendrá –siempre- características chinas.

Para la conducción política los términos: socialismo, democracia, república, participación popular, separación de poderes, libertad de expresión…están abiertos a la discusión ideológica y, por supuesto, deberán formar parte de concreciones que se llevarán a cabo en tiempos generacionales. También en nuestro Occidente, las relaciones democráticas han madurado durante siglos con avances y retrocesos de dimensiones oceánicas.

La necesidad de un Partido-Estado fuerte (autocrático según las cotas occidentales), se justifica para la imposición de medidas impopulares pero indispensables para el mantenimiento del desarrollo económico, la unidad nacional y la soberanía. Ello está dentro de los márgenes ancestrales de la tradición política china: el benévolo y patriarcal autoritarismo confuciano, bastante refractario a las influencias democráticas.

Están convencidos de que un sistema bicameral, multipartidario con perfiles de “democracia burguesa occidental”, es inviable en las actuales condiciones del país y que con ellos se dilapidarían en luchas políticas, en huelgas sindicales y a través de otras formas de presiones populares desestabilizadoras, todos los resultados obtenidos hasta la fecha.

La estabilidad política que brinda solidez al Estado, juntamente con la calidad de sus dirigentes y la impronta confuciana de la disciplina social, son columnas que sostienen la difícil trayectoria iniciada. La corrupción en los altos mandos del PCCh está siendo gravemente penada. La corrupción fue una de las causas del alzamiento de Tiananmen y el autoritarismo reinante ha logrado sortear, a veces violentamente, los riesgos de un sistema – que por su complejidad -, continúa siendo muy vulnerable.

Desde hace más de sesenta años, el Partido coincide con el Estado, ya que no existe la posibilidad de participación, de organización ni de vida política fuera de los estrechos y controlados límites del PCCh. (con menos de 60 millones de miembros sobre una población de 1.400 millones de habitantes). Los llamados “partidos democráticos” residuales de la época pre-revolucionaria, con 350.000 miembros en total, y tutelados por el PCCh, no son considerados partidos políticos de oposición y desempeñan funciones meramente consultivas.

La situación demográfica fue y continúa siendo un decisivo factor de tensión. Las rigurosas limitaciones a la maternidad son parte de la planificación familiar dirigida por el Estado. Para los próximos quince años, se espera que más de 200 millones de residentes rurales migren a las ciudades y que diez centros urbanos del país superen los 50 millones de habitantes cada uno. Con esta movilidad social extraordinaria, la fuerza de trabajo industrial aumentará y, por lo tanto los salarios continuarán siendo relativamente muy bajos.

La unidad y la soberanía son sostenidas a través de la uniformidad en el sistema educativo, en la imposición de la lengua “mandarín” escrita y hablada y en la propaganda política penetrante contra los grupos separatistas del Tibet y Xinjiang (Turkestán chino). Se sanciona con diverso grado de severidad toda discriminación étnica, toda hostilidad racial y todas las actividades o declaraciones que atenten contra la seguridad del Partido-Estado.

Los ámbitos relacionados estrechamente con la tecnología, la defensa, la industria y la agricultura conforman lo que se ha dado en llamar: “las cuatro modernizaciones”, que resultan indispensables a la hora de mantener el espectacular ritmo de crecimiento y a la vez, sirven de legitimadores de cada decisión del PCCh.

En lo últimos años, más de quinientos millones de chinos han salido de la pobreza, han aumentado su esperanza de vida y han logrado importantes avances en temas sensibles como la alimentación, la sanidad, la educación, el transporte y la vivienda, que eran desconocidos hasta la fecha por las mayorías de todas las épocas. Shanghai, con 26.000.000 de residentes no poseía transporte subterráneo en 1995. Hoy, su red de estos servicios públicos de excelente calidad es de 225 kilómetros y continúa avanzando con 162 estaciones. Buenos Aires inauguró el primer servicio de subterráneos de América Latina en 1913. Hoy posee 57 kilómetros con prestaciones de muy discutible calidad en sus 76 estaciones.

La abstención en las críticas al sistema político, es quizá el principal precio a pagar por los ciudadanos chinos; pero en ese campo hay crecientes concesiones para que el desarrollo económico no se vea afectado.

El dilema planteado por Erich Fromm vuelve a la palestra: libertad vs. Seguridad. Esto es, continuar con el desarrollo económico y social –imparable y extremadamente competitivo – a cambio de congelar las aperturas políticas y las posibilidades de cambios en el régimen autoritario.

La incorporación masiva de avances tecnológicos a los procesos agro-industriales y defensivos de China se realiza simultáneamente por múltiples vías: a través de la cesión de empresas extranjeras interesadas en los espectaculares resultados de la economía; por compra de tecnología de vanguardia a grupos multinacionales específicos y también en muchos casos copiando – delictivamente –  propiedades intelectuales ajenas.

De esta manera, todo es asimilado velozmente para dar respuestas a la fiebre de producción y consumo que se ha desatado. Una amplia mayoría de los actuales miembros del Comité Permanente del Politburó del PCCh, poseen títulos universitarios; durante el régimen de Mao eran escasos los dirigentes políticos con titulación y un problema a resolver  fue el envejecimiento de los cuadros de su conducción, cuyas jubilaciones fueron fijadas a los setenta años de edad, sin límite de relecciones. Decenas de miles de estudiantes chinos con formación meritocrática, que han ganado su lugar en las más prestigiosas universidades del mundo, volverán en breve a su país con conocimientos, aspiraciones y perspectivas “revolucionarias”. Ese nuevo oxígeno deberá ser metabolizado por un sistema en el que conviven varios modelos simultáneos pero engendrados en diferentes contextos históricos. La reticencia evidenciada por las jóvenes universitarias graduadas para contraer matrimonio según las ancestrales normativas, es mucho más que una anécdota etnográfica aislada.

Considero que prever el derrotero político y económico a mediano plazo, de una constelación tan compleja y milenaria como la China contemporánea recientemente visitada, es una tarea destinada al rotundo fracaso.

El control absoluto desde la cúpula del Partido y la competitividad en un mundo de mercados con continuas variaciones, llegarán a puntos de inflexión en la próxima década. La capacidad demostrada de experimentación, flexibilidad, adaptación y reforma, es un incentivo para los países emergentes y para los centrales que hoy atraviesan su  profunda crisis.

El pragmatismo de la larga tradición confuciana de las élites chinas, es un modelo elástico para la inspiración y para la formulación de probables caminos inéditos.

Desde nuestra Argentina, esta pequeña constelación de contradicciones bicentenarias, sería de sumo interés posicionar a la China como un primerísimo cliente de alimentos. Hemos sido y somos productores de aquello que el Imperio del Medio siempre ha necesitado: comida y energía para satisfacer a la quinta parte de la población mundial.

Ejerzamos racional y coherentemente -por una vez- el pragmatismo y releguemos nuestras mezquinas disputas ideológicas al rincón del “nunca jamás”, aquel país imaginario donde los niños no crecen y sólo existen la diversión y la felicidad.

La realidad – que no espera ni perdona -, pasa por los meridianos de la China contemporánea; ese “planeta” que amanece cada día 23 horas antes que nosotros.

 

Por Mario Eduardo Corbacho.

 

 

 

 

 

 

 

2 pensamientos en “APUNTES DE VIAJE: CHINA 2012: UN PAÍS, UN PLANETA, UNA CONSTELACIÓN”

  1. Si tuviera que resaltar alguna frase muy bien ubicada en esta admirable descripción socio-política de la República Popular China, me quedo con las siguientes:
    “No interesa si el gato es blanco o si es negro…Lo que interesa es que cace ratones” y “libertad vs. Seguridad”.
    La primera porque es fácil de aplicar en cualquier orden de la vida individual como colectiva. Y la segunda porque lamentablemente en Argentina la libertad se traduce en la práctica como “soy libre para reclamar lo que sea cuando sea y como sea; soy libre para hacer lo que quiera (aunque afecte al prójimo), soy libre para decir lo que quiera, y un largo etcetera.” Cuando la “libertad” de algunos no violen la “seguridad” de los otros, estaremos en la puerta de entrada (a mi propio entender) hacia una democracia madura.
    Felicito al autor por su excelente artículo.

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