APORTE LEGISLATIVO HACIA UNA MUERTE DIGNA

 

Superando el fiasco del tratamiento en comisiones del año 1996 y recogiendo un viejo anhelo de importantes sectores de la sociedad, la Cámara de Senadores ha dado sanción definitiva a lo que fue un proyecto de ley sobre la muerte digna que tenía ya la aprobación de la Cámara de Diputados.  Así como en distintas oportunidades se han hecho justas críticas a las formas y contenidos de la tarea parlamentaria, es pertinente reconocer en este caso el valor de la decisión tomada por la unanimidad de senadores , habida cuenta de su estrecha vinculación con la calidad de vida a que debemos aspirar.

 

En rigor la ley, que habrá de reglamentarse a la brevedad, no hace más que reconocer normativamente el derecho inalienable de las personas a decidir – en ciertas y específicas condiciones de salud – el modo y los procedimientos que están dispuestos a sufrir en el caso de verse afectados por enfermedades con diagnóstico de incurables y terminales. Frente a situaciones en que la prolongación de la vida adquiere formas indeseables y/o insufribles para el paciente, éste ha de tener el derecho  -previamente manifestado – de no estar sujeto a formas expresas de obstinación terapéutica que sólo alcanzan a extender la agonía sin posibilidad alguna de recuperar o mejorar su estado de salud.

 

La decisión del enfermo en cuanto a rechazar toda actuación médica que prolongue su agonía , es exclusivamente personal, siendo por lo tanto un modo de recuperar el derecho individual a tener una muerte digna, en el marco mayor que indica que así como hay un cómo nacer debería haber un cómo morir .

 

Es claro que se trata de una decisión difícil, capaz de herir afectos e intereses que, por suerte, parecen estar debidamente resguardados en el texto de la ley que se aprobó.  Es en ese sentido que en la misma se tiende a resguardar la autonomía de la voluntad del paciente –lo que ya establecía la legislación actual – pero superando ahora algunas débiles oposiciones en la medida en que la decisión inicial del enfermo puede ser revocada por él mismo a la luz de una nueva visión de su estado personal, o la aparición de nuevas técnicas o medicamentos que ayuden a su recuperación.

 

Cierto es también que en lo profundo del tema asoma una inexcusable exigencia ética que no puede ni debe soslayarse.  Tanto es así que en una declaración de 1974 avalada por firmas tan notables como los premios Nobel, Linus Pauling, George Thompson y Jacques Monod, publicada en la revista “The Humanist”, se abordaba la cuestión en estos términos:

 

“Creemos que la reflexión de la conciencia ética ha llegado a un punto que hace posible que las sociedades elaboren una política humana en relación con la muerte y el morir.

Ninguna moral racional puede prohibir categóricamente la terminación de la vida si ha sido ensombrecida por alguna enfermedad horrible para la que son inútiles todos los remedios y medidas disponibles.

Desde el punto de vista ético, la muerte debería ser considerada como parte integrante de la vida.  Puesto que todo individuo tiene el derecho a vivir con dignidad…tiene también el derecho a morir con dignidad”.

 

En definitiva, no puede negarse que se trata de una cuestión que hace al ejercicio cierto de la libertad individual, no exento de condicionantes y expectativas que el tiempo ayudará a resolver, más allá de la ambigua y opinable consideración de algún experto en bioética respecto de una participación comunitaria en el control de la práctica médica.

 

Dentro de la complejidad de los afectos involucrados y con las garantías de una elección libre, responsable y no obligatoria, hombres y mujeres se verán así enfrentados vitalmente con su propio futuro.  Pero será su decisión, y sólo ella, la confirmación definitiva de su derecho a morir dignamente.

 

 

11 de mayo de 2012

2 pensamientos en “APORTE LEGISLATIVO HACIA UNA MUERTE DIGNA”

  1. Excelente tu nota que aborda esta cuestión, tan difícil como delicada, con profunda claridad de ideas, sensibilidad y valentía. Gracias por el aporte y felicitaciones.

  2. Tu nota tiene el equilibrio de los sanos pensadores, que reconforta en su lectura a quienes asistimos a una seguidilla de decisiones del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo que nos sorprenden, en algunos casos por ausencia o incorrección de fundamentos. En este caso, coincido contigo que la unanimidad de los legisladores han sabido, al fin, interpretar la voluntad y el deseo de la mayoría, con debido fundamento. Que sea para bien de la libertad del hombre en su último deseo de ya no sufrir.
    Felicitaciones.

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